miércoles, marzo 27, 2024

Hasta que te hablan de ello

 Cuando cierras las ventanas a un barco de vela dónde aprendiste, a un catamarán en el que te restaste o a un a ostentación ajena; encuentras las habitaciones más tenebrosas donde Ángela enterraba su horizontes de dignidad para alimentar a Frank y su hermano. Asustan las camas sin ropa para un invierno que empapaba la miseria en Shefield o Wigan. 

 Descripciones apabullantes de McCourt y Orwell donde te ahogarías si no supieras que tú banco está en tierra o tu cerveza fria.

  Un George sin fronteras traza los limites de la supervivencia alrededor de las minas de carbón. Frank sujeta el hilo de vida a un segundo siguiente donde quizás alguien te haga venderte por un trozo de pan con miga con adimento. Nada más en el abismo, todas  las cenizas de una esperanza quemadas a fuego lento en una existencia repetida.

  Te vigila lo cotidiano para que tomando conciencia de aquellos límites, te conformes con lo que te es dado. 

  Asistes, ya no espantado sino con un cierto odio, a la enésima confirmación de un ser despreciable; enriquecido como señor de la guerra y diablo ríendo de todas las víctimas provocadas que de alguna manera le pertenecen para su confort.

  Estas naves varadas,aquellos barcos de esclavos con velas de productos obtenidos por sueldos de saldos para la avaricia de  los burgueses que te odian, si asomas un día por sus coctelerías de mezclas de explotación y vejaciones. 

   Ser dueños de la pobreza teñida por el rojo de la sangre derramada para el sometimiento en sus posesiones en la que les hicieron arañar hasta el mínimo gramo que adora a su dios. Crear las condiciones en la ensalzada patria para que los parias de parejos adjetivos asuman la indigencia para que sus escudos heráldicos añadan nuevas excelencias. 

 Mundos de arriba y abajo, eso lo encuentras entre las multitudes que visitan los escaparates de nuestras exclusivas ciudades que ya se encargaron de absorber aquellas sangres africanas que, ingratos, no pusieron en sus cálices de oro con los que se recrecieron los réditos de sus participaciones en negocios esclavos.

  Elevados para su adoración, se cuidan de mezclar en el cieno,  el cóctel del amargo olvidó por lo que sufrieron con las impuestas barreras para marcar sus angustiosas existencias.

  A las bestias de mil cabezas, las sueltan ahora porque cada una destroza la esperanza de una humanidad en encuentros 

No hay comentarios:

Siameses y mercader

Siameses y mercader
Zaida, Fernando y