Se cuenta en "Carpas para la Wehrmacht, de Ota Pavel que alguien había puesto un espejito retrovisor en una ventana del segundo piso, para que los ladrones se vieran cuando iban a entrar por la ventana.
Cuesta horrores recuperar la lectura cuando te has dejado seducir por los gatitos o adorables o locos; las obras de buen corazón o los arrebatos de los perros.
Un día sin darte cuenta el móvil te cerca y se pone a escupir esos vídeos y más y tú, ahí, ¡cómo un gilipollas, madre! que diría la canción.
Ahora que ya he dejado de ser sabio y no me dan igual las cosas, sabiendo lo poco que soy entre el maremägnum de imágenes, sonidos, telas y grandísimos acontecimientos diluidos en los siguientes.
En este preciso momento me habla el espejito de sus tristezas, quehaceres y desprecios.
No ha sido fácil, como buen cristal absorbe toda la luz pero no lo va delatando al primero que llega.
Por llamarme Juan, Juanito para Rosa, andaba un poco mareado por las celebraciones que acontecen ese día y al saltar un fuego, me quebré la pata.
Mientras me atendían me quedé fijo, observando el cristal, tan demudado estaba con el dolor que pensé que quien escuchaba al otro lado, era aquel Perico y le empecé a contar todas mis derrotas y aquella victoria, única, pero que con mis diferentes narraciones había multiplicado por cientos.
A mis gestos de dolor, en el otro lado parecía retorcerse y ¡me liberé!, porque negarlo, ¡me liberé!; al espejo, le narré viajes, enamoramientos, lo supe ya lejos Karo, cuando al probar el primero de los bollos que me hiciste de despedida supe que poseerse con alguien amado, sólo puede tener el punto de placer que sentía en mi boca con la caricias que le habías dedicado a cada uno.
No hay nada más lindo que ese encuentro deseado.
El retrovisor, que al final, es lo que era, un espejito retrovisor, sin poder encerrarme yo en aquel momento, a cambio empezó a soltar por sus destellos, lo que aquella boquita había guardado hasta entonces.
Con un duro reproche seguido de un alegato; se volvió hacía el público, dándome la espalda.
Te diré, bramó, señor Togado que si le han puesto el trono de la soberbia y como decía ayer Nieves, de él no le han movido porque se han ido sucediendo las prebendas, donaciones e, incluso, sumisiones que has ido recibiendo, quizás como aquel rey que no se cambió la camisa en años, de tal manera que a su muerte, piel y tela eran una e indivisible, sea tanta la mugre que te rodea, que lo que reclamas de los otros, un respeto, no lo has tenido tu nunca para quienes son, sólo, ciudadanos, pero con tanto honor, reconocimiento o estima, como el que tu reivindicas para tí
El retrovisor, ya lanzado, estudiar te pudo hacer sabio para el manejo de las leyes, pero esa misma sabiduría, cuando se somete a las mezquindades propias te deja expuesto a lo que podría ser la satisfacción de las necesidades, como aquel gañan de "el lazarillo de Tormes".
No te debieras considerar, ni tan siquiera humano, cuando con tus decisiones, has provocado un daño, incluso al más pequeño de los seres que haya podido mirarse en mi cuerpo.
Se revolvía, podía ser un Marchena, o cualquier otro, creyendo que se le negaba una autoridad, que creía haberse ganado a través del estudio de las leyes.
No quería darse cuenta, porque ¡cómo no saberlo! que en ese pedestal le ponían quienes de él obtenían privilegios, o les quitaba de enfrente sus enemigos, o maquinaba para una carrera, pudiera ser tan hereditaria como la de un rey, que no por eso, tiene que ser legítimo, alguno de los dos casos.
Podría hacer mil y una pillería, pero aquel espejo retrovisor, guardaba con celo todo lo que había sido capaz de ver y con un tiempo de reposo, poner en su sitio.
Hay días en que nos quieren ver postrados y dejamos que el espejo se dé la vuelta y con la devolución de los haces que reciben, proyectan en nosotros, el aura de ser humanos, que se niegan a ser sumisos de las arbitrariedades de quienes debieran comprender, que no estamos en modo "chuparnos los dedos" a los que reinados y dictaduras nos avocaron con malicia y sobre todo, latrocinio por parte de quienes se enriquecieron.
Ahí días, en que los simples peatones, ven ¡allá arriba! ¡ a la derecha!, los reflejos de los espejos retrovisores y cogen piedras y tratan de destruirlos, es un
¡la ignorancia y la equidistancia nos permiten mantenernos vivos!
Hasta que llegan y entonces, como algún argentino en la actual situación proclama
¡Viva las cadenas!,
¡Ay, ay, ay, Miriam Nogueras ojalá cuando vayas a entrar a algún lugar lujoso, sepas mirar el espejito que te hayan puesto y en vez de decir: Es que llega la ultraderecha española, si no apoyamos al pp
Veas que ya están y que vosotras, sólo, seréis unas más
Y como a los traidores generales que abrieron las puertas al secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores, aprenderás que en unos años, habrá otros "a por ellos" y si la recompensa que hayas recibido sea menor a tu ignominia y si, que te lo hagan sentir, sin la impunidad de "es que todos son iguales".