Ir, súper lento, comprendiendo quien es Kae Tempest está sucediendo al escuchar su poesía y música, en ello, está también la toma de conciencia de un ser humano.
Ver a Ilia poner en el césped la bandera palestina es una imagen poderosa.
Es proclamar que el equipo representativo de una popular barriada, de la deshumanizada Madrid, diga al mundo que existe el respeto por las personas aquí, en el Vallecas que acoge a innumerables nacionalidades que, por ahora, quieren venir a la España de los rentistas, que se traguen sus salarios, sólo por el hecho de colocarles cuatro paredes.
Palestina existe desde hace siglos y sólo la cobardía de unas naciones que fueron cediendo ante quienes se les enfrentaba, fueran nazis o fascistas dio paso a la creación de un estado que nunca había existido.
El sentido de la culpa es malo; lo imponen las religiones para que caigamos en sus redes de buen corazón que siempre atrapan y mercadean con el resultado de nuestra entrega; se la imponen a la ciudadanía que tienen conciencia del horror producido por su inacción de entonces y tratan de subsanarlo dejando que haya fuerzas del orden que apaleen, entonces a los que se rebelaron en los primeros pasos del nazismo, como nos ha contado esta semana Nieves Concostrina y ahora, les vuelven a abrir las puertas de los furgones para que salgan en estampida los más bestias entre los que creen que defender el orden es aceptar los marcos, que son siempre los de arriba.
, Ver a las naciones como contemporizan con ese estado de actos criminales y genocidas es doloroso. Así que ver a los Bukaneros, a los que tratan de estigmatizar, igualándolos con hordas que aterrorizan la sociedad para que aparezcan los poderosos como garantes del orden, es cuanto menos gratificante.
Defender a un pueblo oprimido nunca va a ser malo; que una vez, golpeados con miles de muertes, nos muestren sus actos de defensa ante la opresión, no debería ser un motivo de estigmatización sino de comprensión de hasta donde han tenido que llegar para generan esos actos, también violentos.
La autoridad está cuando un ser, investido de un aura de dios, no necesita ser adorado por sus súbditos, sino que desaparece para que sean quienes tienen que hacer funcionar una maquinaria los que se sientan con el respaldo suficiente para ser los generadores de una nueva sociedad; sino la sombra alargada de los dioses que tanto necesitan aparecer, para ser, sólo eso, dioses con pies de barro.