Una mamá con un niño adolescente baja a la calle, enfrente una tertulia apagada, contempla el diálogo, quizás de un Sony temeroso, desubicado, con el sable de culpar al otro, también, diferente, también desfavorecido, como forma de encontrar empatía; le escuchan la pareja de madre e hijo.
Lluvia para irrigar la humanidad en el migrante, que se perdió al trasplantar sus raíces, tierras anegadas de la acidez del odio destrozadas las paredes de la contención por brutos amaestrados en monedas que igualan a bestias con asesinos
De la tertulia, el horno se llena de reflexiones para no culpar las miserias que contempla en, tal vez, Sony pero las reflexiones tienen guantes profilacticos, mada que ver con ¿Alexia? y el pequeño ¿Cubarsi?.
Le abren el campo y Sony acaricia los trigos de su tierra. Le ofrece las marcas de sus huellas digitales donde se imprimieron los besos de su amada, la confianza del debilitado niño y los consejos de su madre.
El hombre se derrite y necesita abrazarse a esa pareja que le devuelve el olor de aquellas raices desgarradas en un cerebro que necesito salir para seguir cuando su unica vida en el alambre de un compas de 12 tiempos