Es difícil añadir acerca del personaje del post anterior. Como humano, ojalá tuviera algo que le quiera; como personaje poderoso, intentar dar grima pasa a convertirse en dar vergüenza ajena.
Es fútbol, pero si, es la vida, como lo era, también, un club pequeño de un deporte apenas conocido. Maquetas de los comportamientos humanos.
A Laura Arroyo la oímos en sus cierres de El Tablero.
Si, si pertenece a Canal Red; si, si es el canal que ha creado Pablo Iglesia. Si, si el del chale.
Si, si con esto te justificas el no escuchar las reflexiones profundas y atinadas de Laura Arroyo, eso ya es tu problema. Y si, nos pasas a nosotros tu ceguera.
Los primeros momentos, podríamos decir que le podrían reprochar porque lo meteríamos dentro de
"es fácil criticar".
Ella va siempre a más, da esperanzas y anima a formar parte del grupo de quienes se rebelan contra el predeterminismo de aceptar lo que los florentinos nos marcan; y sus marionetas, presidentas de comunidades, ejecutan y sueltan entre espumarajos, que vaya usted a saber se los tragan en las elecciones como obsesos, aunque noten que no son buenos para su salud que cada vez, tarda más y se la tienen que empezar a pagar, porque "¡oh, liberaron de impuestos!, ¡oh vaya usted a saber porque sobre todo y en demasía a los más ricos!.
Si fuera eso sólo, pues vaya, pero ¡gracias a los dioses de los parlanchines underground!, y a que tenemos dinero, podemos pagar la escuela infantil de los niños
¡que se ha puesto!
Eso si, son nuestros espumarajos los tragados, ¡geniales!, no los de los rojeras, que a saber que composición tienen los de La Base esa, que mira como se ha quedado Echenique.
Así que busquen a Laura hablar, de lo orgulloso que se tienen que sentir los mexicanos y sus representantes que han ido dejando en ridículo toda la verborrea que ha ido expulsando, como aquel que dice ¡soy pepito del río y también alcohólico y voy a emprender un viaje a Marte, con parada en las estaciones del radio a las que voy dando dinero y donde sus sinvergüenzas, me defenderán a capa y puñalada trapera, con una cheira porque sus ampulosos diálogos tienen los cimientos de las coimas recibidas.
Siempre nos quedará la miniserie, comparada con la estulticia real, de El Padrino que nos dice, no os ofendáis, es "business" y si, como remata Manu Levin, esos fieras, en realidad son fascistas como nos avisaron hace muchos años, cuando artistas catalanes se ataron a verjas cercanas a donde bramaba infiernos y los primeros que llegaron no fueron los policías, sino los fascistas para apalizar.
Quedó en la memoria lo abyecto de ese pretencioso napoleón.
Laura nos dice que cuando se les enfrenta, quedan en ridículo los trumps, isabeles y florentinos, ¡pero, antes, pueden hacer tanto daño!
Escuchar a Kae Tempest para desconectar, es querer dormir en la nieve y terminar en un glaciar; nos deslizamos, pese a clavar crampones y piolet; nos salvaremos pero, como Gata Cattana y la vida nunca nos será indiferente.