A mi, cuando mi señora Azucena le da por remandarme al mercado a por lo que he olvidado por estar flipado con el móvil, me entra un vértigo que es el que debe sentir un ballena cuando se traga alguna parte de las toneladas de desperdicios, mierdas incluidas, que suelta un crucero al océano.
Desde luego no la he visto dando arcadas, pero si soltando unas vomitonas que dan miedo. En una de ellas, salió Penélope que no se que habría hecho para acabar en aquella concavidad.
Ella no salió como la homónima bailando a golpes de cadera. Llevaba un desbrozadora y cuatro clavos. Lo de la desbrozadora lo puedo comprender porque en los fondos marinos te plantas y encuentras otras plantas, que mejor reducirlas.
Parece que te quisieran comer.
Lo de los clavos, no es sencillo de situarse; a no ser que pase que imprimas las fotos que te has hecho con Pedri y con Lamine y otro clavo, lo pondría como homenaje a que "mi club más importante de la historia" cuando ha tenido que aportar jugadores a la selección, la suma ha sido "o cero o por cifra próxima". El hueco eso si, en honor a mis zozobras pasadas fidelidades, sería grande.
Un cuarto clavo es el que no me termina de cuadrar.
No veo el significado de clavarlo para fijar una toma de luz. Ahí abajo, te alejas un metro y ya no sabes si estás en la estación de Legazpi o en Bilbao.
Juan que tenía que llegar ayer, de su inmersión lingüística en Norwich ni se habría fijado en aquella pequeña lucecita, como para haberle enviado a Manchester que allí los vientos llegan más fríos y te descongelan las bolsas que utilizas para la lesión; algunos vientos tienen esos que ablandan.
Otra cosa que salió del grandioso estómago fue la silla; nunca me terminó de aclarar si era la de Tomatito o la de Camarón, pero ahí estaba, se había quedado delante de la "face" de la ballena Quirana y si hubiera seguido, el segundo, estoy seguro que ella se habría arrancado por unas soleares.
A cambio, tiempo después, allí en Granada en el Sacromonte pidió un agua de Lanjarón, que es como la de Solares, pero claro, a bien quien le hace la rima, entonces al Camarón.
Pa' estas cosas muy suyo, no lo podemos negar
Todo por el arte, le dijeron a Azucena, bueno la llamaron chiquilla, pero cuando lo he intentado yo, me ha mandado a tomar por culo. Una exageración, igualito salir de la barriga por la boca o por el culo. En esto ultimo te quedas pringao o no te lo quitas ni con la profundidad de la seguiriya.
Otra cosa es el martinete, este empieza despacio, pero ¡leches! marea.
¡Que bien los cantaba Enrique Morente!. Una delicia, una de las últimas veces que aparecimos por Granada, metidos en el agua, con algunas de las famosas caídas que registrábamos en nuestras bajadas por los diferentes ríos, no la bebimos "a palo seco" que es lo que al martinete sin guitarra, nosotros sin pala.
Menos mal que había una rama por allí. La tomamos con las manos e intentamos algunos de los movimientos de los que ejecutan las bailadoras.
"La niña del agua" magnífica; mientras todo lo baile en tierra firme, te deleita. Eso si, empieza a tocar el agua, montado en un kayak y las maldiciones se suceden unas detrás de otras, pero en cascada. Sin interrupción, agarrado a un rebufo que no te suelta, ni contándole la última de Ortega que eso paso cuando se invento un Marco Antonio Aguirre que me alejo hasta del ser.
Todo se ha aclarado; lo de los clavos, las sillas, Penélope; ha sido salir el aguardiente de Morillejo y todo ha ido cogiendo su orden.
La niña, igual, no lo prueba pero levanta las piernas, agita la cabeza, suelta un ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh, con una rotundidad que te piensas, hostias los grados que tiene que tener eso.
Hablando de grados, tenemos muchos en el ambiente y en la caradura más. Algunos llevan echando la culpa hasta de la llegada de los fenicios a la izquierda mala. Ahora, que salvo algunos enterados que lo tienen siempre claro que es culpa de los ecologistas, los demás se hacen los suecos, que, por cierto, se han ido; y dicen no vayamos a pedir peras al olmo que vienen y "chico ni idea", com estarán este año.
Ha sido oír a Azucena, ¡órdago! cuando he vuelto y he entrado y enfadarme.
¡Cómo no lo vas a hacer!.
Cuando se va a montar la timba, siempre busca alguna excusa para echarme.
Y se le da bien el mus.
Que me pillen todas las señas es alguno de los reproches que me hace. En lo del póker siempre lo he llevado bien, pero el ajetreo de mueca si este me mira; pero "E y va" si el otro también me estaba mirando me estresa una barbaridad.
A mi lo que me encanta, es cuando ya se han ido y me guiña un ojo y ladea la cabeza.
me tiene loquito