A Ana nunca se le pudo ocurrir que un jefe pudiera ser de una izquierda que ha sido difamada por su marido.
Ana es sencilla; pero sólo de argumentos.
Ana es crédula pero solo de las cosas sin verificar.
Ella, Ana, tiene una jueza en su espíritu de tortura. "Ojo clínico" lo llaman. Otras, como Mónica Oltra podría decir que es una sin vergüenza que es algo menos que sinvergüenza, pero para ambos casos cumple los requisitos.
Tiene suerte, Ana, que está en el lado fuerte de la vida, que no es el bello.
En el primero un magnate y su escudero protegen a quien, sólo, hace newtral al enemigo. Jamás a Inda.
Claro, Ana, claro a este le recibe el rey y este nos da la selección española para el mundial y
¿Existe algo más manipulable que el fútbol?
Ana y el lado canalla de la vida. Un duelo emocionante lo burdo contra las palabras de alguien que sabes que no te aprecia pero no te miente.
El inquisidor Antonio, ay si, mi chico, proclama el aura de esa inmaculada Ana, pide la prueba de la tea ardiente.
¡Qué buena época aquella!
Ponían la tea las Elizabeth, Manu, otro Antonio que quedaban con hollín y una caricia.
Entonces el monje Ferry asentía y sentenciada
Aquí yace " chamuscada" Mónica u ahora Pablo
Con su tonsura se volvía hacia la cámara y con un dedo, sacado del vertedero, les señalaba
"¡¡¡culpables!!!
Cegado de codicia y de ser fiel, el cristal de la cámara que siempre le había embellecedor se había rebelado y acababa de proclamar
¡¡¡culpables!!! A su fiel trabajadora y a él mismo envilecidos en una sociedad que les deja proclamarse
"Más periodismo" a sus engañifas
Ya quisieras Ana, tener un gramo del honestidad y compromiso de Laura Arroyo.