Existen espacios en los que nadie tiene derecho a entrar. Los dolores durante años que una sociedad privatizada, poco a poco, va dejando de atender; desgasta hasta el ánimo más inconformista.
La ausencia física de un amor deja a la mente dando manotazos para comprobar que la realidad de millones de segundos vividos, te enfrenta a esa imagen desaparecida.
Existen acantilados desde donde mirar el horizonte inalcanzable y abajo, aguas por las que navegar para que los vientos de lo vivido te empujen para descubrirte como ser humano, herido, dolorido pero tú, con días de olas que ansían comerse las estrellas que te guian y entrar en esa oscura boca de dientes que trituran tus actos.
A todo lo anterior, tan personal, tan cosido a la cabeza que sufre y al cuerpo que no se despereza de cada ser, no existen divagaciones que ayuden.
A aquella madre que dejaste de ver, porque no sabías aportar sosiego a su mente ausente por tantos microtraumatismos por la ausencia del hijo. A las de ahora, desde este espacio tan, quizás, sin raices, lanzarlas besos y actos con las que envolver el respeto que se las tiene y hacerlas saber que nos importan,
- Seremos porque un momento en nuestra vida en el que compartimos mesas, sueños y alegrías,
- Buscamos, desde nuestra percepción que queremos hacer honesta, una sociedad donde el odio no sea expulsado y extendido desde los algoritmos de quienes poseen las diferentes plataformas digitales.
- Luchamos porque nos importan esas gente en zozobra y deseamos que el mundo al que pertenecen sea mejor y más humano, aún en el desgarro de los dolores y la ausencia. El verles, sentirles nos conforta.
- Tiempos donde las metáforas de dragones y otros seres o mitológicos o cazadores se hacen reales con bocas que proclaman una ciega Libertad, mientras sus dientes desgarran las posibilidades de sus víctimas, que tantas veces, son sus seguidores.
También se ha ido un adulto Carlos Hernández, señaló en un mapa de España, 303 campos de concentración, donde un poder dictatorial y corrupto, nunca olvidar, pese a los lavados, encerró y horrorizó a tantos de sus ciudadanos, que servían para acallar y crear realidades paralelas en las que desarrollar bellas interrelaciones.
En algunos de estos mundos vívimos y en el respeto por sus dolores, les proclamamos la necesidad de hacerles saber que verles navegando son la fuerza para nuestras brazadas en medio de olas gigantes