En Noveccento de Bernardo Bertolucci existe una escena que ayer Alejandra daba voz como el personaje en una actual nueva Olmo Dalco.
Delante del dueño de la finca, ahora nuestro Estado, Alejandra Martínez describe quien es el pobre diablo que la ha amenazado de muerte. Siempre los va a ver, en diferentes niveles, encima de ese desarraigado están los Víctor Quiles, los Negre que viven bien, violentando con sus medias verdades, falsas piedades y acoso sobre personas que si que ponen la luz en otras capas superiores.
Sara, Laura, Alejandra son atacadas porque desnudan la fachada de libertad del Partido Popular y Vox. Nuestra Alejandra "Olmo" describe como el dinero invertido por estos partidos en esos acosadores mediáticos, nunca olvidemos a Jiménez Losantos, embarrador de un 11M que le debería haber enviado a la vergüenza y a la nada:
A la primera, nunca la tuvo, a la segunda, es el globo que inflan las Esperanzas Aguirres; los que, siéndolo, llamaron a otros miserables si inventaban la autoría del atentado, que nunca fue de ETA.
A esa alta capa que alimenta a los inferiores, les protegen grandes empresas.
Esas son las palabras que dice Alejandra, "Dalco", en su speech de ayer. "Ustedes los grandes capitalistas han alimentando a los fascistas" que ejercer la violencia directa.
Siempre andamos buscando culpables. Siempre nos ponen el foco en los Dani, violentos, macarras, amenazadores. Nos fijamos en ellos, nos violentan ellos.
Nuestra querida Alejandra Martínez, como Irene, como Laura, como Sara, señalan que no miremos los escaparates, muy icónicos que señalemos a quienes los ponen.
Si existe ese grupo que amenaza a Irene; quienes son sus miembros, quienes son sus conexiones, quienes alimentan, son las búsquedas que nos debieran interesar.
A los inferiores, señalarlos, protegernos, darles sus propias preguntas sobre quienes les pagan.
Dan miedo e inquietan porque es violencia directa. Conocer a los beneficiarios de sus violencias, es una necesidad. Empresas que no pagan todos los impuestos que debieran
Otras que se alimentan de guerras y de carencias, como si eso fuera libertad y no la de ellos, los privilegiados, como le recordaba a aquel profesor que proclama Libertad; hubo que decirle que no la suya.
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