Wayne Shorter acompaña por un día entre equivocos
Sale ella por una puerta para iluminar búsquedas.
Siempre parece faltar tiempo para dibujar un palacio de sonidos, enfrente a su belleza.
Lo habitarán la naturalidad en la que se envolvió hace tantos esporádicos años, que parece, siempre, necesitarías recorrer su piel para transmitirla una admiración, siempre demasiado intangible.
Descubres terceras con sus mayores y menores y vaya la alteración en el Si, te sorprende, ni la imaginabas por mucho que te empequeñezca su presencia y si un día la sueltas palabras como gotas de colroes, caminaría desiertos sabiendo que eres un oasis, sin espejismo, sólo un encuentro donde intercambiar los dátiles de lo vivido, poniéndolos en la boca de la otra.
Nada será ya igual, aunque el cuarto grado nos avoque a un Mi bemol que tendrá la necesidad de desnudarse de nuestro yo, recrecido por la soberbia de lo solitario.
Volveremos a la tónica de no ser; del encuentro tan fortuito como deseado, aunque sea para no volver a repetirse porque todo queda en un suspenso sin examen que pasar.
Daremos los Sol, mi y un repetido do de campana, por si aún hubiera un dia sin las cadenas del tiempo.
Puede llegar el Sol, para instalarse y no encontrar, jamás, una resolución. Quedara como siempre, verla, verte y dejar en la otra, la resolución, nunca alcanzada
Incluso enviar este osado y equilibrista texto, no tiene resolución, solo un mirador a un cañón con caída a aguas turbulentas.
Aquí ya no queremos mas alteraciones que la altura por donde planear y la aceptación de un mas largo silencio
Un Re anda por el famoso 2 5 1 pero con un Fa alterado, resuelvo y te envío esta ensoñación para una quinta en vilo, a la que no renuncio. pondré la voz para salir de entre bambalinas y recrear pasiones, trenzadas con las llaves de un saxofón para un traje de encuentros.