D Elisa no puedo añadir mucho más, la conocí hace doce años y estuvimos juntos en aquella aventura por mitad de un bosque de de escalas.
En los primeros tiempos, no quise hacerla caso y pensé que sólo sería una enseñanza más sin dar mayor importancia a ese círculo de quintas que apareció en aquel claro del bosque. Pensé que habría mucho más, pero ella insistió en la oportunidad que me estaba perdiendo. Aún así y porque quizás, no muy lejos, observé una pareja de ciervos que andaban fornicando tras una berrera estruendosa., seguí sin entrar en más disquisiciones;. A veces, por las sendas, aparecen imágenes potentes que te desvían de tu objetivo. Cuando, Elisa me cogió la cabeza, me dío un beso en el que introdujo su lengua y me agitó por el paladar, la campanilla y el cerebro, me puse a pensar que el B mayor bemol, si podría corresponder con el G menor
Sin darme cuenta al D sostenido Mayor, le ponía el B menor y todo iba cuadrando; pero se producían tropiezos y dudas , hasta que A bemol Mayor se deslizo hacía F menor, allí, Elisa apartó con dulzura mi cabeza de una colmena que me revoloteaba con su miel, exploró un otro claro, pero este mullido, con un haz de luz que duraría la explosión de los tres bemoles de E bemol Mayor, con su C menor y cuando eso llegará, nos quedaríamos, primero enloquecidos de placer y luego nos miraríamos a la cara y con los dedos comenzaríamos una nueva travesía en 5 sostenidos que se posaban en B Mayor con su menor en G sostenido, porque ya habríamos perdido todos los temores y terrores que nos habían alejado para ser nosotras mismo y nos habíamos afianzado en aquel barco único en el que cinco bemoles se posaban sobre D bemol Mayor y su correspondiente B menor y aquí sucedía algo bello. Elisa se daba cuenta que estaba a punto de quebrarme otra vez y lanzar un banzai, del que yo creía salir sin tímpanos, aunque en realidad era una soberbia confirmación de la confianza que me tenía y fue donde empecé a conocer lo que luego practique´con avidez y soltura, el sexo tántrico. Allí estaba yo con seis bemoles, hasta C, fíjate tú, me dijo en plan "Martes y trece" y el G bemol Mayor, se posaba en un E señorial y sin, encontraba el sentido de haber memorizado todo aquello, porque ahora en los acordes de su pelo, tejía una trenza donde el segundo bemol me daba un B bemol Mayor que sí que era un G menor y risueño que entraba en una cosquilla y se afianzaba en una caricia sobre mi trasero, con la que aproximaba aún más a su cáliz, de donde su presión me retorcía hacía los dos sostenidos que estaban en un D y este lanzaba un furibundo B que para que negar, era otro momento para recomenzar aquel tres bemoles de un E bemol Mayor y C menor.
Hubo un instante, cuando todo aquello acabo en el que sentí que no había tiempo y eso me dio miedo porque el ritmo, había pensado que sería sin saberlo un caballo desbocado y sin embargo, nos había metido en su danza
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