Ha sido larga la segunda noche del Maratón de los cuentos; él ha elaborado su cuento sobre el amor a la ciudad a la que pertenece.
Pudo irse unos años, allende los mares o un poco más cerca, pero tejió su capa mágica sobre las calles en las que su padre y madre le hicieron recorrer el cariño recorrido
Ahora no se conforma con que en ella se cometa cualquier vandalismo, a través de las palabras vacuas, sobre todo de los que tienen poder.
Los otros actos de barbarie, en su peña, también los evita; si lo aceptan bien, si no, tienen muchos más lugares para desbarrar.
En la Zorra, no
Los alcorques de las apariencias, sin vida, eso los rechaza; engendran la muerte.
En ellos, tiene que haber cunas para la vida y para ello se prepara, para contarnos su cuento, en minutos.
Las palabras y los hechos como flores para homenajear a una villa, en la que no quiere pasar de forma indiferente.
Se lo enseñaron sus mayores y a él y ella, sigue homenajeando.
No le hablo de Dragonpi, porque como dice Luis, le puedo despistar.
Pero nuestro dragón era el de Jesús que impulso un proyecto para cuidar nuestro río Henares, desde Horna, hasta Coslada, más o menos.
Hubo un caballero que iba a ciegas y a este, Jesús, sabía ver las cosas importantes de la vida, las que suceden; como nuestro narrador.
Otros, saben que se tienen que embarcar pero no tiene puerto al que llegar y entre medias termina visitando islas, huyendo de sirenas y encontrar itacas que no paran de reproducirse, siempre con la sensación que nunca llega.
Ahora que ellos están "en capilla" para contar sus cuentos, en otro lugar, vuelve Jesús, que nunca se fue porque quedo impreso en sus enseñanzas y su forma de entenderla y se escurren las palabras, mojadas por los sudores de encontrar personas que siguen viajando.
Las flores que nos pondrán los narradores, son sus actos de ciudadanía y de respeto al entorno que nunca les será indiferente.
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