Aquí ando, inamovible por muchos pasos que reciba e incluso por mucha violencia que se ejerza lejos y que sí, desde mi atalaya intuyo, puede llegar.
Existen visitantes ilustres; algunos por capacidades físicas, otras, por económicas. Algunos soberbios, se hacen foto junto a mí, como si su grandeza fuera tan alta como la mía.
Hoy se ha quedado a dormir una niña pequeña, se llama Sinead y me ha recordado las innumerables veces que escuché a la O' Connors; algunos no pueden prescindir de la música, incluso cuando en esas alturas se tejen los más bellos sonidos, junto con los propios hilos de cada uno.
Si te apetece venir, no te preocupes no me moveré y cada paso que des para acércate será como el de aquella niña que prescindió de los ropajes que te puede dar una industria musical, cuando en su caso tenía una voz tan maravillosa, como seguro tu tienes mundos dentro de tí.
Prefirió ser ella misma, sonreír con un histriónico Van Morrison que buscaba una sonrisa, en medio de una dureza que se había autoimpuesto.
Cuando estamos dentro de nuestros propios muros, estos, por momentos, crecen y amenazan con quitarnos la luz.
Necesitamos la luz de ella, la de quienes creen que los senderos por donde transitan, tienen ramas como brazos, que les quieren parar a cada instante.
Si antes hubo estas sendas, renacieron las raíces que tienen manos que te acarician o atan a ese instante que te parece final; ramas que buscan quebrar las rodillas, por los retortijones cuando las sientes sobre tus muslos como cobras que terminaron su danza y ya quieren engullirte-
Aquí, ya pasaron, una y otra vez, aquel Camarón y sus compinches como enamorados de su estancia conmigo.
Flirtearon, pero debo confesar como montaña que nunca llegamos a más, aunque por las veces que iban a una otra montaña, algo querían. Nos los susurrábamos por los vientos que nos atraviesan.
¿Sabes que admiró?
De cuando, compartimos un tiempo con ellos, recuerdo su respeto y la autenticidad de su esfuerzo.
Casi "a capella" me llega la voz como un himno de "Last day of our acquaitance".
Con ella firmo esta pequeña misiva. Sin ella, parece ser el final de una relación. En tí es el incipiente recorrido para un autonocimiento que nunca será fácil y tendrá la dureza de lo inmediato y desazón de lo inmediato que como alguno de los pasos que tengo en el recorrido, te harán dudar de tí.
No te preocupes, confía en quienes te acompañan; no hay senda que no hayan atravesado y habrán aprendido de sus errores.
Te espero
Fdo.: Aneto
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