Nos contienen en la pantalla de nuestros medios electrónicos.
En medio de la noche, al levantarse, sin, ya, necesidad de poner la televisión, nos están informando y creando un marco de aceptación; la lucha es imposible, estamos recluidos en nuestras propias cercas tecnológicas.
Que unos nos levantemos con La Base América latina, y oigamos en Inna, Marco, Estefanía que lo que están haciendo el Bolivia con el Fiscal General que está investigando que su presidente, Cerimedo y el gobierno de Estados Unidos, tiene vínculos con el narcotráfico lo consideramos, aparte de una suerte, una recompensa por nuestro sacrificio.
Que sepamos que, a nuestro alrededor, la mayoría oirá que es el Fiscal quien tiene los vínculos con el narcotráfico y acepten las mentiras, continuas, repetidas de un acosador demostrado, es lo que nos ha dado esta democracia tomada y dirigida por los Marc, Elon, Thiel que se han creído esos señores feudales, pero en el siglo XXI que tendrán sus fortalezas y alrededor sus esclavos trabajando.
Que vayamos descubriendo que los guerreros, luego militares o policías fueron erigidos, sobre todo, para quienes de verdad detentan el poder y son parte ciega en la opresión a un pueblo, es algo que nos empieza a arrodillar y produce tristeza porque algunos, corrieron hombro con hombro.
Cuando Mariano Benítez de Lugo y cada una de las personas que acampan o en Sol, o en Sevilla o en Málaga logra salir de esos relatos, sus ejemplos son potentísimos porque ahí, quienes van con sus cámaras y conductores de programas, a manipular, se empiezan a diluir con el contraste con la verdad que les golpea con la contundencia de las palabras, y la claridad en las exposiciones de quienes tienen claro que se debe romper el orden que coloca a televisiones, radios y otros aparatos de propaganda como los relatores de la realidad.
Desde aquí, a veces con cierta pena, porque se conoce a personas que debieran estar por encima del hábito, se ha reclamado que la justicia, debe estar por encima de la ideología de quienes la imparten.
Como decía ayer Mariano; eso en muchas ocasiones, no ha sido así, él, desde sus 85 años, se atrevía a nombrar a los Marchena y otros jueces que participan en la demolición del estado de derecho. Señaló, también, al Supremo que se contradijo ante dos situaciones similares, buscando triquiñuelas, para lavarse las manos, pero emponzoñar sus conciencias y convertir su negación de su anterior sentencia en un lodazal, del que se hace difícil salir para la sociedad, que es la unión de la individualidad de muchos ciudadanos sometidos a esas volubles decisiones.
Proclaman quienes tienen, en su mayoría, el negocio de la enseñanza privada subvencionada que han visto episodios de violencia. Para mantener las ganancias, cuando les silban, "ladran" alguna medio verdad, para tapar sus vergüenzas de negociar con la enseñanza, algo mucho más violento que el hecho de apartar a provocadores de los lugares donde se puede hacer daño a la gente.
Sindicatos de funcionarios, por mucho que dispongan de armas, no tienen derecho al control de la sociedad ni de la mentira y como en el caso de Bolivia, se deberían dar cuenta que su servilismo ante los poderosos, les quita credibilidad, por mucho que les den las riendas de la violencia, que siempre vuelven, aunque, no suele, a todo el colectivo
Necesitamos a cada uno de los acampados en lo físico, o como Mariano, en sus actos para salir a demostrar que somos los ciudadanos los que queremos tener el control de nuestra sociedad y no nuestras pantallas las que nos lleven a someternos a sus controladores.
Se desborda el agua, cuando en los vasos se han introducido tantas injusticias.