Hoy, un árbol ha dado sombra y paciencia a la búsqueda de los sonidos.
Era en Montjuic, el refugio para las búsquedas de intervalos, acordes, menores, mayores, disminuidos.
Salían brotando de los pinos armaduras y te preguntaban a que no sabes que tonalidad doy, tampoco si soy mayor o menor.
Abrazaba el saxofón y me empeñaba en seguir tropezando y él, me miraba irónico.
Ibas mal en la carrera y ahora, golpeas instrumentos y no era condescendiente, como su compinche, Manolo.
No me importa, sé que siempre me abrazan.
El árbol me daba refugio y yo le devolvía encuentros.
No le he dicho que en mi cuidad, Guadalajara a los árboles, les quieren cortar, para humanizar, añaden.
Se ha enterado, a los de la Zorra, nos identifican a lo lejos.
He querido cambiar de tono y he puesto, la voz de corazón de Glen cantando a su hijo, Christy, o tal vez a nuestra intrepida Irati.
No lo han permitido. 121 árboles talados en tu ciudad. Te he ofrecido uno y
¿Tan mal te ha ido?, ni las moscas te han vencido.
Has escuchado Chamaleon, tocaste Moon River y te acordaste de quien te llevaron a ser intrépido, aquellas Silvia, Aslhey, Alfonso, Claudia, te lanzaron a las aguas de la musica y hasta ahora, a veces, por la Durance, otras por el Tajo, por días por el Güil, indomable o el Ourika.
Siempre árboles, sin necesitar esos aires acondicionados que desde miles de casas y comercios, como los bots, proclamaban, pio, pio que yo no he sido, con lo del cambio político o climático.
Al Llobregat le han hecho un paseo, pero no lo han colonizado con parques en zonas inundables.
¿Será por eso que en deporte de base, popular, es otro mundo?
Proyectos de pretensiones brillantes, grandiosos para consumir, para tapiar, para arrancar árboles cargados de abrazos. Son, por lo general, callados, aunque con viento, se junta Coltrane, Davis y Parker y te imaginas coger los ritmos, pero al vuelo, con el riesgo de estrellarte, entonces te grita: " no lo pierdas, no lo pierdas", es Azahara, agárrate con fuerza, cuéntalo y ¡dios! Es increíble la sensación.
Los árboles, por eso, y tantas cosas, son maestros, además de madre.
Ahí arriba, quienes me han protegido, me han encargado de animar a los árboles amenazasos de mi ciudad.
Cuando hay dinero, tenemos la lucha casi pérdida, pero no abandonamos, aunque los mercenarios te den razones tan concienzudas como tramposas; pero como dice la canción, nuestras razones, son razones del alma, razones que nunca podremos olvidar, porque sus hojas nos acarician y besan, cantaba, más o menos, a capella como el árbol, aquella Bebe, y tenemos en nuestras oraciones paganas conciencia de sus cuidados.
Árbol, constructor de ciudades humanas.