viernes, septiembre 25, 2026

Delcy, la silenciosa

 Dar palos al aire nunca fue lo suyo, más era de darlos al agua, para cabreo de siestistas empapados y otros orfebres que perdían joyas submarinas.

   Nadie tuvo que decir a Delcy que hacer.

  Te ponen ante la disyuntiva de un F sostenido menor y porque te agarras a la barra, si no el bajón abarca hasta los tuétanos que debe ser algo muy rico, porque se lo comían de los cerebros,  sin que por eso les entrara la razón 

  A Yusi, venir todos los miércoles a penetrar por las rendijas de un F menor con bemoles hasta el D fue fruto de una falsa ilusión de vivir una vida que no te correspondía. 

 Se lo habia dicho Delcy, mejor vivir como una sombra que permanecer en ella. B que parecía de mucho afirmar,  lo corroboro con ese B de, nada menos,  cinco bemoles. Si ella si fue dando palos al aire, pero era a ciegas y en el desierto y allí,  menos pequeños bufidos tras los mandobles,  nada conseguía su objetivo que era trazar una cierta verosimilitud a su mirada y pasos indignos.

   Estos pertenecen a quienes pierden familiares que formaron compañeras de viajes en naves de una firmeza que atravesaron todos los peligrosos estrechos de Magallanes que les puso el océano de la vida.

   En el estruendoso silencio ante una Salve, el incrédulo,  solo intentaba comprender el F de seis sostenidos para tocarlos para las entrañas de las vidas que continúan.

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