sábado, agosto 01, 2026

Glen, driving songs

 Lleva tiempo jugando con ellos; algunos, ya, nos los tenemos delante; 
     ¡pero nos enseñaron tanto!, incluso que aquello era un excusa para recorrer el tiempo sin los recuerdos que se agolpan y los segundos parecen metidos en una olla a presión.
  Culpa suya, sabe; ahora nuestros errores nos los sanamos juntos; aunque a veces quiera salir esa competitividad, estúpida para que negarlo.
    Es un viaje significativo al abrasivo mundo de sentirse arropado, con el fuego que, por segundos, queman la memoria por los esfuerzos mantenidos, repetidos en nada menos que nueve decenas de años. 
    Es un privilegiado como se suceden los días y caemos despacio, entre cartas y mesas.
    
    Hubo una película "once", donde Glen Hansard se dió a conocer a quien se había alejado de las pantallas. 
    Apareció el disco y un compañero lo valoró, cuando podía ser uno más. 
    Se fueron haciendo lentas las carreras y espaciados los encuentros con el agua. A cambio la música, cobró un sentido que no había tenido en la arboleda de la Fuente la Niña donde los compañero soñaban ser Paul, John, Ringo o George.
     Bob Dylan subió al trono y durante viajes, del empedrado se levantaba alguna nueva. No podría creerlo.
     El inglés se hizo carne y no encontró mejor ruta que Dublín, aquella que había aparecido de forma esporádica, años antes, cuando después de un torneo en Londres con su mítico equipo, se fue a ver un campeonato de Europa de kayak polo, en sus proximidades, Kilcock, condado de Kildaré.
     Tres cuatro navidades, un idioma por mejorar, un lugar al que volver, Sweny Chemist y un anfitrión, PJ, de la Irlanda que se lleva incrustada en la entraña más profunda donde se posó la lengua. 
      La fraternidad de aquel grupo, el de lectores de aquel old bookshoop no se resquebrajó pese a las brutalidades fonológicas que escucharon. 
      Asistieron a una mejora y a que un verano, se adujera que había pasado todas las hojas del libro Ulysses de James Joyce. No se entendió ni papa, pero es como Sinnead O'Connor te hubiera mecido en el escepticismo sobre la jerarquía de la Iglesia Católica, sus encubrimientos y sus tomas de parte con los poderosos, "You made me the thief of your Heart".
   En algún capítulo debían estar las libaciones de Shane McGowan, así como la poesía de sus canciones, nunca sobre vencedores. 
     En otro 16 de Junio, durante el recorrido del coche fúnebre oiría a Paddy Reilly, con voz potente entornar the Field of Athenry y ves atravesar con sus quilla de espada, el barco que llevará a tu amado, fuera de sus sonrisas diarias.
     
     Y hoy, buscas una página del libro para que te ensimisme ante la partida de Glen Hansard. Es salir de un pub y Drive all night, with Bruce, para que Jake Clemons clame con su saxo tenor por él, por los que se nos van y sabemos que no podemos anclar, sólo llevarles como viento para seguir surcando los océanos.
    James Moore hizo la caricatura de ahí abajo 
     PJ siempre tiene una canción, un té, y una sonrisa en la que anclarnos al Dublín errático en el que nos descubrimos, mirándonos, beodos, en las aguas del Liffey.

        

Lady Ártico o la aya

 Siempre confié en la santa que es como llamaban a la "aya"; hasta tal punto que cuando falleció luché por llevar a cnabo alguno de sus mandatos. Ir al Ártico; con el tiempo pude comprender aquel afán que me transmitió. 

  Utilizó, la aya, alguna artimaña, me mostró la foto de Lady Ártico y debo reconocer que por aquellos días me deslumbró. Si, me propuse cumplir el sueño que ya era de ambos.

   Hoy, cuando estoy a punto de atravesar el estrecho de Gibraltar me quedó anonadado de lo que estoy viendo. 

    Gente muriendo ahogados porque no tienen capacidad para nadar una cierta distancia y en la orilla,

    ¡Perdón, si, si! 

       ¿Eres Santi, el vago?; ¡vaya yate!

      ¡Calla pulgoso!

      Me sorprende que estés sujetando la puerta para que atraviesen la frontera y, a la vez, a la vez

       ¿Qué haces?, ¿les estás pateando?.  Santiago y cierra España, no ves que mueren

       ¿Quién? Pero, ¿son humanos?

       Campeón, eres su vivo retrato, pero, eso sí, en tu caso, sin humanidad.

    Tienes conversaciones en la vida, que explican conversaciones de la noche antes de partir. 

    Existen seres humanos, traidores a su país, que, por llegar al poder, se alían con países genocidas e incluso, como sus ancestros, si tienen que apoyarse, como aquel traidor, en tropas "moras", a las que dicen haber combatido años antes, por infieles, lo hacen. Se ponen una bandera, un partido único y España, España, mientras las saquean, ellos, sus fieles cercanos y los arribistas que se pueden hacer incluso con farmacias de los defenestrados.

     El Ártico no puede esperar, ya lo he decidido. Sigo adelante, 

     - ¡Eh tu, perla! me llama, desde una lancha, uno, con el símbolo farmacéutico. Acababa de pensar en ello y me resulta curioso. Se da cuenta, mi interlocutor

       - Nada es de mi mujer, sus orígenes, ya sabes. Oye me podrías meter algún "moro" en tu yate.

      Le miro, veo su caradura, con lo que le digo me muestra su cinismo.

        No sería favorecer la entrada ilegal.

       - No le des vuelta, me sirve para conquistar el poder.

       Vas fuerte; ahí te dejó con tus deplorables formas y rodeado una niebla que tapa los ojos y parece querer aspirar.

      Como estamos le digo al satélite que sé se ha activado desde esta mañana y me sigue con los ojos abiertos por barras y una sola estrella. Ya que me alejó de los lugares que quieres controlar, no me des mucho la barrila. Objetivo

      Lady Ártico

      El sueño de una residencia en un lugar único, maravilloso; conmigo, su chorbo y si hace falta porder conquistar algo más grande, El Antártico, 

     Ya me dice un ojo del satélite; no tan rápido, majo, primero tienes que llegar al Ártico y conquistar sus favores.

     ¿Dudas de mí?

      Dame alguna certeza

      Fue navegante en aguas turbulentas y salimos indemnes.

      Mi estrella, José Marí, aquí toma la palabra y me recuerda: bueno, bueno, más fortuna que habilidad; o te recuerdo tu descenso del Güil, agarrado a la gattino topo y como último extremo a un cable que amenazaba hacerte autopistas en tus dedos.

      Bueno, bueno; sé que nos has tenido y tienes controlado. Por cierto, ¿cómo es la Lady?

      Un silencio se apodera del océano, el viento cesa, las gaviotas que aún pueden llegar hasta la nave dejan de graznar, es sepulcral, dañino.

      Comprendo que existen determinadas preguntas que es mejor no realizar. 

      Quito el rizo a la Mayor y me preparo para sacar el spinaker, el viento, tras ese incómodo silencio, vuelve a silbar las canciones de Bob Dylan y Charlie Parker se despereza para acompañarnos con su Just friend. 

      Las corrientes nos alejan de la costa y ya tenemos los cielos y los instrumentos naútico para conseguir llegar al Ártico.  

       Recordamos lo que nos escribía Pablo Neruda, ¡qué importa que cuando lleguemos estemos allí, lady Ártico haya buscado otro lugar!

       Y Kavafis siempre vuelve, piensa en todo lo que has vivido en tu recorrido, lo que te ha hecho pensar como lo razonas. Suelta el ancla de lo idealizado y navega con tus debilidades, que te han hecho ser tú y darte cuenta que los satélites venenosos te pueden vigilar, controlar e incluso asesinar, con las más variadas excusas. 

      Has sido y ni el más miserable narrador se va a adueñar de lo que tu viviste para irte haciendo.

      ¡Ay aya!, somos nuestros actos; no siempre los idealizados; somos nuestros errores y nuestras búsquedas.

Siameses y mercader

Siameses y mercader
Zaida, Fernando y