sábado, agosto 01, 2026
Glen, driving songs
Lady Ártico o la aya
Siempre confié en la santa que es como llamaban a la "aya"; hasta tal punto que cuando falleció luché por llevar a cnabo alguno de sus mandatos. Ir al Ártico; con el tiempo pude comprender aquel afán que me transmitió.
Utilizó, la aya, alguna artimaña, me mostró la foto de Lady Ártico y debo reconocer que por aquellos días me deslumbró. Si, me propuse cumplir el sueño que ya era de ambos.
Hoy, cuando estoy a punto de atravesar el estrecho de Gibraltar me quedó anonadado de lo que estoy viendo.
Gente muriendo ahogados porque no tienen capacidad para nadar una cierta distancia y en la orilla,
¡Perdón, si, si!
¿Eres Santi, el vago?; ¡vaya yate!
¡Calla pulgoso!
Me sorprende que estés sujetando la puerta para que atraviesen la frontera y, a la vez, a la vez
¿Qué haces?, ¿les estás pateando?. Santiago y cierra España, no ves que mueren
¿Quién? Pero, ¿son humanos?
Campeón, eres su vivo retrato, pero, eso sí, en tu caso, sin humanidad.
Tienes conversaciones en la vida, que explican conversaciones de la noche antes de partir.
Existen seres humanos, traidores a su país, que, por llegar al poder, se alían con países genocidas e incluso, como sus ancestros, si tienen que apoyarse, como aquel traidor, en tropas "moras", a las que dicen haber combatido años antes, por infieles, lo hacen. Se ponen una bandera, un partido único y España, España, mientras las saquean, ellos, sus fieles cercanos y los arribistas que se pueden hacer incluso con farmacias de los defenestrados.
El Ártico no puede esperar, ya lo he decidido. Sigo adelante,
- ¡Eh tu, perla! me llama, desde una lancha, uno, con el símbolo farmacéutico. Acababa de pensar en ello y me resulta curioso. Se da cuenta, mi interlocutor
- Nada es de mi mujer, sus orígenes, ya sabes. Oye me podrías meter algún "moro" en tu yate.
Le miro, veo su caradura, con lo que le digo me muestra su cinismo.
No sería favorecer la entrada ilegal.
- No le des vuelta, me sirve para conquistar el poder.
Vas fuerte; ahí te dejó con tus deplorables formas y rodeado una niebla que tapa los ojos y parece querer aspirar.
Como estamos le digo al satélite que sé se ha activado desde esta mañana y me sigue con los ojos abiertos por barras y una sola estrella. Ya que me alejó de los lugares que quieres controlar, no me des mucho la barrila. Objetivo
Lady Ártico
El sueño de una residencia en un lugar único, maravilloso; conmigo, su chorbo y si hace falta porder conquistar algo más grande, El Antártico,
Ya me dice un ojo del satélite; no tan rápido, majo, primero tienes que llegar al Ártico y conquistar sus favores.
¿Dudas de mí?
Dame alguna certeza
Fue navegante en aguas turbulentas y salimos indemnes.
Mi estrella, José Marí, aquí toma la palabra y me recuerda: bueno, bueno, más fortuna que habilidad; o te recuerdo tu descenso del Güil, agarrado a la gattino topo y como último extremo a un cable que amenazaba hacerte autopistas en tus dedos.
Bueno, bueno; sé que nos has tenido y tienes controlado. Por cierto, ¿cómo es la Lady?
Un silencio se apodera del océano, el viento cesa, las gaviotas que aún pueden llegar hasta la nave dejan de graznar, es sepulcral, dañino.
Comprendo que existen determinadas preguntas que es mejor no realizar.
Quito el rizo a la Mayor y me preparo para sacar el spinaker, el viento, tras ese incómodo silencio, vuelve a silbar las canciones de Bob Dylan y Charlie Parker se despereza para acompañarnos con su Just friend.
Las corrientes nos alejan de la costa y ya tenemos los cielos y los instrumentos naútico para conseguir llegar al Ártico.
Recordamos lo que nos escribía Pablo Neruda, ¡qué importa que cuando lleguemos estemos allí, lady Ártico haya buscado otro lugar!
Y Kavafis siempre vuelve, piensa en todo lo que has vivido en tu recorrido, lo que te ha hecho pensar como lo razonas. Suelta el ancla de lo idealizado y navega con tus debilidades, que te han hecho ser tú y darte cuenta que los satélites venenosos te pueden vigilar, controlar e incluso asesinar, con las más variadas excusas.
Has sido y ni el más miserable narrador se va a adueñar de lo que tu viviste para irte haciendo.
¡Ay aya!, somos nuestros actos; no siempre los idealizados; somos nuestros errores y nuestras búsquedas.
Siameses y mercader
Zaida, Fernando y