¡Te puede la soberbia, Valentina, te puede la soberbia!, le repite Juan.
Le mira, podría callarse. No, le envenena. Es la casa, la que siempre estuvo ahí, se hizo para ser habitada, incluso con un balcón a la plaza.
En condiciones de respeto, se dejó para que fuera lugar de juego, de forma esporádico y puntual, en horas, tapando el balcón.
Se deshabito de forma coyuntural y quienes jugaron ahí, creyeron haber obtenido un privilegio.
Jamás,
En el principio fue la casa. Y las casas se habitan.
Si, la verdad que sale. Me refiero a la soberbia. No la del rey, que la tiene y mucha pero alimentada por ricos, traidores a la famosa patria, a la que esquilman; sino la de Valentina, estos seres de principios, pero los suyos. Venidos del menos. Robando el derecho a la vivienda.
Principios, los que les beneficia y reglas para que las cumplan los demás.
Es el principio fue la casa.
Permanecen seguros, en instalaciones deportivas ilegales, porque a las 21, a las 22, a las 23, hasta las 24 horas, sin luz para desarrollar una actividad, El Ayuntamiento les permite golpear sobre una pared que no aislaron de la casa.
Ilegalidades que se prefieren ignorar para estimular la violencia.
¡Ay, ay la perversidad de los hombres bondadosos!
Ay de aquel que te llame defensor de los okupas.
Ahora lo son ellos "un frontón, una okupacion", reclaman.
Cosas veredes, los legalistas desencadenados.
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