¡pero nos enseñaron tanto!, incluso que aquello era un excusa para recorrer el tiempo sin los recuerdos que se agolpan y los segundos parecen metidos en una olla a presión.
Culpa suya, sabe; ahora nuestros errores nos los sanamos juntos; aunque a veces quiera salir esa competitividad, estúpida para que negarlo.
Es un viaje significativo al abrasivo mundo de sentirse arropado, con el fuego que, por segundos, queman la memoria por los esfuerzos mantenidos, repetidos en nada menos que nueve decenas de años.
Es un privilegiado como se suceden los días y caemos despacio, entre cartas y mesas.
Hubo una película "once", donde Glen Hansard se dió a conocer a quien se había alejado de las pantallas.
Apareció el disco y un compañero lo valoró, cuando podía ser uno más.
Se fueron haciendo lentas las carreras y espaciados los encuentros con el agua. A cambio la música, cobró un sentido que no había tenido en la arboleda de la Fuente la Niña donde los compañero soñaban ser Paul, John, Ringo o George.
Bob Dylan subió al trono y durante viajes, del empedrado se levantaba alguna nueva. No podría creerlo.
El inglés se hizo carne y no encontró mejor ruta que Dublín, aquella que había aparecido de forma esporádica, años antes, cuando después de un torneo en Londres con su mítico equipo, se fue a ver un campeonato de Europa de kayak polo, en sus proximidades, Kilcock, condado de Kildaré.
Tres cuatro navidades, un idioma por mejorar, un lugar al que volver, Sweny Chemist y un anfitrión, PJ, de la Irlanda que se lleva incrustada en la entraña más profunda donde se posó la lengua.
La fraternidad de aquel grupo, el de lectores de aquel old bookshoop no se resquebrajó pese a las brutalidades fonológicas que escucharon.
Asistieron a una mejora y a que un verano, se adujera que había pasado todas las hojas del libro Ulysses de James Joyce. No se entendió ni papa, pero es como Sinnead O'Connor te hubiera mecido en el escepticismo sobre la jerarquía de la Iglesia Católica, sus encubrimientos y sus tomas de parte con los poderosos, "You made me the thief of your Heart".
En algún capítulo debían estar las libaciones de Shane McGowan, así como la poesía de sus canciones, nunca sobre vencedores.
En otro 16 de Junio, durante el recorrido del coche fúnebre oiría a Paddy Reilly, con voz potente entornar the Field of Athenry y ves atravesar con sus quilla de espada, el barco que llevará a tu amado, fuera de sus sonrisas diarias.
Y hoy, buscas una página del libro para que te ensimisme ante la partida de Glen Hansard. Es salir de un pub y Drive all night, with Bruce, para que Jake Clemons clame con su saxo tenor por él, por los que se nos van y sabemos que no podemos anclar, sólo llevarles como viento para seguir surcando los océanos.
James Moore hizo la caricatura de ahí abajo
PJ siempre tiene una canción, un té, y una sonrisa en la que anclarnos al Dublín errático en el que nos descubrimos, mirándonos, beodos, en las aguas del Liffey.
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