Buena la hemos tenido. Viene Pogacar a participar en la Vuelta ciclista a España, tropieza con una piedra y se nos hace una avería de tres pares de narices.
Lo mismo, hace muchos años, le pasó a Eutidio, dió hasta una vuelta de campana en aquella bajada del monte San Cristobal, ya casi de noche; una gran piedra en el medio, un vuelo por encima de la manetas de la bicicleta y caída, menos mal, sin ningún obstáculo; ir con gente inconsciente, pero muy hábil, le ponía en una situación de desventaja, cuando él cumplía la primera, inconsciencia pero no lo segunda, de la que siempre fue carente, la habilidad
Volver, parece, siempre, que es a nuestra zona de seguridad.
Salimos a cualquier lugar, nos gustaría que fuera nuestra casa, que viviéramos esos días como paisanos, no que seamos turistas de aquellos sitios a los que empiezas a comprender, aunque las mil fotos no sean más que papel. Al final, lo somos, turistas; lo tenemos claro cuando llegamos a la taza de nuestro váter y ahí el cuerpo reconoce y descarga tanta sobras alimenticias como tensiones de sentirse ajeno al lugar y a las personas.
A la otra vuelta, también ves:
- Una bandera, la más grande
- Un nombre del pueblo, el más extenso jamás visto
- Una portería, la más amplia jamás pintada
De la primera, siempre has huido. Te viene a la cabeza aquel empresario defraudador que tapó todo el bloque de viviendas en la que habitaba, con la bandera más grande, por supuesto, de España,;a la vez que la seguía robando, a España
Del nombre del pueblo, en una pared y la portería, su grandeza no le da legalidad; es parte de una vivienda que siempre existió: Si analizamos con respecto a ese pretendido espacio deportivo, no tiene ni seguridad, ni medidas de protección, ni persona responsable.
¡Vamos que ahora las familias que han vuelto a su piso o casa habitual, es lo que van a buscar para su descendencia!
Por supuesto que no
Ya ves, te vas dando cuenta que por mucha pretendida grandeza, no se tiene la mínima legalidad. Gente que se conforma con la imagen y su pretendido respeto a la ley, lo bandean mientras les beneficie.
Tampoco el tamaño de las palabras pintadas podrá tapar la vergüenza que debiera sentir quienes hace sesenta años, no se hubiera atrevido a jugar sobre ella, ni a las 22h, ni tan siquiera a las 21h y es más que probable que ni a las 20h.
Que ahora, pasado esos extensos pero rápidos años, que en la vivienda, que se vuelve a habitar permitan, tanto ellos, ellas, como sus hijos-as admitan que los nietas-os ejerzan esa violencia y acoso sobre los habitantes de la casa, hasta las 24h., debería hacerles reflexionar, sobre si, entonces era miedo, por un privilegio que se les había cedido, una pared con balcón, o era respeto por ese generoso gesto. Ahora, es sentirse impunes por dejar ejercer una violencia que es sobre el otro, y por tanto les es ajena.
La Vuelta tiene un nuevo líder, Kae Tempest me envuelve con su poesía y una pregunta para aquellos-as que callan y que deberían responder no aquí, sino a quienes permiten acosar con balones
Hubieran sido capaces de faltar al respeto a los habitantes de las personas que vivieron en esta vivienda. Vergüenza debiera darle a una Alcaldía y Concejalía que representan a todo un pueblo con su pedanía, que podía haber sido un almacen.
Pueden pintar el nombre en el cielo, la portería ser tan grande como las alas de los ángeles que adoran pero esa instalación deportiva
Ni es legal
Ni tiene protecciones para quienes son ajenos a los juegos realizados
Ni está aislada de la vivienda que le da soporte
Ni persona responsable, ante la que recurrir, si se sufre un acto de violencia o golpe como han podido pasar este verano.
La vuelta es al mismo sitio, y ante los mismos irresponsables políticos y sociales
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