jueves, agosto 27, 2026

No siempre se llega a tiempo

  Penélope ya había tomado decisiones que la alejarían de aquel lugar. 

   Su marido había partido hace algún y aunque, al principio se las apañó para comunicarse con ella. Fue ya hace tres años cuando se cortó la comunicación.

   Penélope había leído y se había llenado de arrojo y valentía para soportar las mil y una vicisitudes en que el día a día la ponía a prueba. 

    No, no era ni un telar, ni una cocina en la que estuviera siete horas; era algo tan simple, como lleva los datos de aquella comunidad y plantar árboles en las cercanías. 

    Además de todo, era capaz tiempo para alimentar a los más de 100 gatos callejeros que andaban por dos vecindarios cercanos.

    Pepelui siempre tenía la excusa perfecta para no involucrarse en esas tareas donde lo importante era la vida de los gatos abandonados, por familiares que no pudieron soportar o una enfermedad que les hubiera arruinado, o sus defecaciones caóticas o sus repentinas ausencias por más de una semana.

   Ella había superado esa pantalla, por así decir, y se las apañaba para que, una vez que estaban, pudieran vivir con dignidad. 

   Era capaz de olvidarse de sus propios problemas y crecía en humanidad, que sorprendía o al más pintado o al más calvo. Así que esa colonia de felinos subsistía y era vida, por mucho que pueda molestar al más pintado, con sus perros listos, ya, para cualquier cacería.

    Se había quedado pensando, el día anterior, por el repentino interés por quedar. Ahora lo comprendía, creía que podía ser un buen compañero de esos actos de buena voluntad.

     No prometía nada, siempre había expuesto las excusas suficientes para que se hiciera inviable esos actos de conciencia social. 

     Estaba pasando con los animales y se había llegado a un punto de no retorno donde las grandes mafias "legalizadas" no podían esconder por más tiempo su impericia para sacar adelante una sociedad. Siempre dependiendo de engañar para dar el dinero a los poderosos que les pagarían con cualquier tipo de grano que les hiciera sobrevivir un rato. Eran todos tan cutres que iban cayendo a lo Cerimedo, o a lo caganet Javier o a lo narco, que era de los que acusaba a los demás, los Negro, Negra, no, a sí, Negre.

      Disfrutaban del odio que encendían, el señor de la guerra, era su especialidad, ¡Qué tendrá que esconder el Aznar del 11M y la Botella, de macrofestival para que hayan acudido a la performance de Ceuta!

      Si a Ana, la veíamos en esas luchas y nos empujaba; tener el privilegio de dirigir a 100 "prosistema" que bloqueaban la ayuda de la Cruz Roja, tiene que ser lo más barriobajero a lo que se puede llegar. 

    Si nos acordamos de José Ángel que hacía sentadas para ayudar a los más desfavorecidos y los comparamos con estos "enajenados" porque no tienen toda la información, pero tampoco la quieren, sólo necesitan que les enciendan la mecha del odio; nos agradaría desaparecer, pero eso es lo que necesitan que aburran desde esos seres sin criterio, a esos apáticos policías, que no han comprendido que la fuerza que utilizan desde el odio, es un caldo de cultivo en el que se verán involucrados, para llevar una vida, que por muchos privilegios que les concedan, será precaria y miserable. 

    Deben tener foros donde se autoalimentan y protegen por parte, muchas veces, de quien luego les deja en el matadero, cuando ya no les sirven.

    Si en vez de ver banderas, que no tienen personas, vieran ciudadanos tan diferentes, tan disitintos que lo que se necesita es la convivencia y la humanidad. Comprendería que no puede quitar a un chaval una bandera y dejar a toda una grada con cánticos fascistas; a no ser que dentro de un tiempo, quieran ser las fuerzas de asalto, empastilladas, para cometer actos de violencia extrema y no sentir nada, porque aunque querían bestializar al otro, al final son ellos los que han dejado de ser humanos.

       Ella, espero que haya llegado a tiempo, el reto lo ha puesto en las manos de su interlocutor y espera agradecer y merecer esa confianza.

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