sábado, julio 31, 2021

Porque fueron

 Días de cine. Días de viajar a encuentros. Instantes para una vida y reconocer la necesidad  de no conformarse con los que nos ofrecen los tiempos. "Los hombres libres de Jones"; no existen la película de los hombres libres de Annual, o de Caldas, o de Aínsa, no se ha podido hacer y sin embargo, es lo mismo. En el ejército de los confederados, los ricos no enviaban a sus hijos a la guerra si tenían más de 20 esclavos. Era fácil, ¿verdad "combo blanco". En la guerra de principios del siglo XX, en Marruecos, los poderosos evitaban que sus hijos fueran a la guerra, aportando dinero. El que más necesitaba mano de obra, la aportaba para muerte. Mientras en las casas señoriales se izaban y arriaban banderas con todas las pompas y grandilocuencias, y con la indignidad de la cobardía gritando a voz en grito himnos como un sortilegio.

  No contestaba el otro día al razonamiento, era los tiempos. Nuestro protagonista veía, amaba las personas que le rodeaban y salió de su zona de confort. Como el presidente iraní en 1953, que fue coherente y consecuente con su pueblo y por parte de ellos, traicionado y entregado su país al poder de las potencias extranjeras, con sus empresas beneficiadas detrás. Gran película "Coup 53" las potencias como Estados Unidos, sobre todo, descubrieron que podian cambiar gobiernos y la historia; esta misma le ha mostrado sus consecuencias desastrosas. Los últimos tiempos pareciera que si no fuera, también podrían ser miserables incluso con los suyos. Todo por la codicia; muchas veces, también por el silencio de los corderos.

 En los pantanos, los tantos y diferentes hombres de Jones. En aquella España de aquellos tiempos, los compañeros y compañeras de aquella CNT, de aquel diferente UGT, sembraron simientes de actos y compromiso que nacieron desde los eriales de siglos de dominación del dinero, de la iglesia, de los que se ofrecían a ser verdugos.

 Hoy, existen los últimos, al servicio de fondos de inversión (muchas veces buitres, en su acepción de carroñeros), también los enriquecidos con pantallas de 24 horas, para ser admirados, y el dictador de ser más y servir para ser libre y el empobrecido al que le dicen que su enemigo es el que está rozádonle; y lo cree y lo golpea

Sernos

 

  La libertad de poder hacer daño a los demás. Algunos la exigen, por encima de todo. Tomás de la Cuadra Salcedo, ministro durante uno de los gobiernos de Felipe González, no existe tal derecho. Como siempre, en "avivir de verano", con Lourdes Lancho abren un debate interesante, que me hace cuestionarme, incluso la exactitud de la anterior información. 

   Sobre un verso o un texto me puedo cuestionar la conveniencia, profundidad u oportunidad de cada una de las palabras, sean adjetivos, nombres, verbos, sujeto o predicados. Si el "poeta Halley" accediera a mis dudas, podría encaramarse sobre las cenizas de estas y alcanzar a ver algunos de los edificios caídos.

  Podría, por ejemplo, ver las certezas y la soberbia del grandísimo Novak deshacerse como azucarillos cuando enfrente tiene a alguien que sólo le va enviar una pelota dentro del campo. La increíble capacidad de salto, giro, equilibrio de Simon la podemos ver, también, tambalearse, con los cimientos, sufriendo un claro deterioro, que no puede ser tratados por bomberos de lo físico. Existen otros, claro, sin las protecciones, también, físicas de los anteriores, pero si con unos andamiajes para que la posible "carcoma" que corroe a la persona que le consulta, no salte a ella. 

    Decía un tweet, que la gimnasta no puede tirar un trampolín contra la grada. Ironía, para banalizar lo que existe detrás de un ataque despiadado contra un objeto, que es parte de uno mismo.

Es difícil reconocer nuestras debilidades. Quienes estos días ponían en contraste la fortaleza de él, frente a la petición de ayuda de ella, tienen, o no, que haber sufrido un quebranto por mucho que en el anonimato se hagan inmunes a sus propios disfrazados, yos.

   La búsqueda de la lógica no sirve en muchos de estos casos. Aporreando, como yo, teclas pueden estar profesionales que cumplen la función de dar siempre la razón a su pagador que le puede interesar, no pagar impuestos. Una de las más salvajes de estos días, es la demostración de un periódico, con un prestigio enorme labrado a través de los años, adquirido por un magnate de la compra que ha pasado a justificar, en su consejo de administración, en la pluma de un chaqueteado, no vayamos a enfadar a abuelas, que no pagar impuestos puede ser la mejor de los opciones en una sociedad con tantísimas desigualdades y que hacer un vuelo de placer puede ser el origen de un descubrimiento que nos acerque a otro continente, ahora en el espacio.

   Se resurge como persona, como sociedad cuando se reconocen y se perciben todas las ruinas que existen a nuestro alrededor.

   La segunda es muy difícil de recomponer; existen carroñeros que comerían de lo muy rico, de lo muy duro, de lo muy pobre. Sus alas extendidas siempre serán majestuosas y en ellas nos acurrucaremos con frecuencia para buscar la calma contra el abismo. Sólo tendremos que cuidar de no quedarnos dormidos porque esas especies siempre podrían alegar que te creyeron muerto para haber empezado a despiezarte.

  De la primera situación, la de la persona individual, se ha empezado a visualizar ahora el gran problema. Sigue habiendo bocazas, esos profesionales del vilipendio que decíamos con anterioridad, que por ser siempre fieles y sumisos para desquiciar al otro, esperarán recibir su recompensa, en forma de caricia y hueso que le sirva para su supervivencia. Alguna pasa, que incluso dentro del mundo de quienes hacen exhibición de fortaleza y seguridad, se producen quebrantos, de seres próximos, de personas de tu círculo de amistades. En esos momentos, lo mejor, en el caso de esos cafres, y además lo hacen muy bien, es alejarse a un rincón, recogerse, lamer algunas de las patas y esperar que esos malos tiempos se alejen. Él, siempre estará dispuesto, aunque sea a demostrarse lo despreciable que puede llegar a ser.

  No debieran venir las seguridades de quienes destrozan una raqueta un día que no le es propicio.

 Ni sería conveniente que quienes tienen colegios para, si pueden segregar, y si no, crear condiciones de educación en la que haya una parte de la sociedad perjudicada. ¿Se está a tiempo de parar esa proliferación de universidades privadas que parecen que como única meta tienen dar una titulación a un determinado tipo de alumnado que no podría adquirir en cada uno de los cuatrimestres, que si se le hace un mundo a quien lo tiene que pagar si falla?

  Tampoco la justicia parece ser ese espacio de búsqueda de equilibrio sobre el que se asiente una sociedad, si parte de una élite, sabedora de los acuerdos políticos; se mantiene, de forma pretendida inocente, para provocar aptos próximos a la prevaricación; por lo menos, en su moral, la cual dicen tener.

  Como también la dice tener, quien se siente ofendido por ser señalado por un cargo político de un ayuntamiento y este, verse obligado a tener que recordarle que esa “ buena moral invocada” está en visualizar al menor no acompañado como un ser humano al que proteger. Como también reconocer en una democracia por hacer, la parte que asalta sus cimientos, en nombre de una pretendida defensa de una ideal sociedad, que sin embargo, en sus actos son la consolidación del pillaje de siglos y el mantenimiento de privilegios de unas élites, a la que pretenden defender para obtener su parte, cercenada a todo un pueblo. Quizás, ese cargo ofendido necesite leer Franquismo S.A. o ver Coup 53, para saber cómo las traiciones de entonces engendraron las miserias de hoy

La ensaladilla y la paellera

 A algunos les hace gracia que para parecer neutrales dicen que las noticias sobre nuestro país las escuchan en los medios rusos. 

 A mi, sin embargo, me produce desazón. Por las apariencias, mato, como diría el viento. Así que he cogido una paellera y hay me tienes, haciendo una ensaladilla. Siempre la había hecho más fácil; pero claro, no vaya a coger un hervor especial. 

  De todas las maneras, las patatas las he hecho aparte.

  Sabía decisión. Me he vuelto, para ver quién me había sacado de mi caos. No he visto a nadie y me he levantado para mirar a mi alrededor. Nada, ni nadie. Cuando volvía al fuego; he reparado en mi paellera. Un escalofrío ha recorrido mi gemelo. He entendido, no quería ni correr, ni darla una patada.

   Y si, me he preguntado, estuviéramos en el horario de cocina de la programación rusa 

 De repente, me he puesto a freír los pimientos y los guisantes. Los huevos, los he perdido; ¡joder que no es una antena!, me he tenido que decir a mi, mientras cogí el asa y lo trataba de girar, para cambiar de frecuencia y no poder ser espiado. Todo se me ha caído. Tan a tiempo, mi mujer, desde la otra habitación, me ha preguntado si no me apetecía una paella.

 No sé si la objetividad de los medios rusos es tan grande. Yo, he cambiado de opinión y le he dicho:

 Sí cariño, pero la tomamos fuera

viernes, julio 30, 2021

Los días especiales

  Cuando acudo a echar agua en cada uno de los surcos de un demasiado huerto, tengo la suerte que este elemento no falta y que después de un mes, puedo coger las caderas de las gomas y trasladarlas al punto exacto donde el equilibrio es el ideal y la inclinación, lo suficiente. Esos días pueden ser laboriosos y llevarte a momentos de zozobra y hundimiento, pero, al contrario que al Titanic, tendrás la suerte de que el agua no te sumerja más allá de la punta de la nariz, si encima te has dado un tropezón.

  Pero existen los días húmedos, esos que te hacen recordar las bellas imágenes de las aguas recorriendo cada una de las tomateras, o de la planta del pimiento, que es la primera generosa planta que ha empezado a brotar y a crecer con una generosidad inusitada.  Todo fluyendo, acudiendo en borbotones a tus sienes, te da una placidez de la que corre el peligro que te hagas adicto.

  Dos días después, y cuando el Sol, es un martillo que te va modelando como en una figura de latón, hasta dejarte dolorido, extenuado y deseando que hubiera muchos otros que le distrajeran, aunque tiene para todos, contemplas que con esas aguas, se alimentaron unas hierbas que tú no deseabas. ¡Cuántas veces pasa que se aprovechen de tu esfuerzo!.

 El surco, aún no te permite que campes encima de él, porque el espacio elegido, tiene noches húmedas, que no son las tuyas. Aún buscas la manera de aproximarte, arrodillarte, no por pedir, no por dar, para ir quitando algunas de las nacientes plantas trepadoras, succionadoras o invasoras que prometen quitar parte de los nutrientes que necesita tu segura servidora; de ti, su seguro servidor.  Si no lo has hecho en demasía, pobres patatas que fueron abandonadas en los momentos cruciales y que, por ello, permanecen colonizadas, pero recordándote que estaba en tus manos haberlas ofrecido otra vida, otras oportunidades. Casi te sientes satisfecho de ese día.

 El día anterior, a otro riego, ves que la naturaleza, dadivosa, ha seguido dando a la luz, desde sus raíces, nuevos tallos que vuelven a buscar caminos que, ahora si, con alguna herramienta que en su momento te hizo sentir más vergüenza  que ser poseedor de la máquina exacta que te soluciona la limpieza que veías sería incompleta. Cuando cumples esa tarea, te sientes un poco pintor porque preparas un lienzo para que se plasme toda la plenitud de lo que está por venir.  Si, te pareció, en algún momento que aquello no tenía la mayor importancia cuando la paleta empieza a pintar los verdes de los pimientos, los negros de unos pimientos pequeñitos pero sabrosos; los blancos de los que intuyes, saldrán un rojo sabroso y desconocido durante los otros 11 meses del año, pero que sin embargo, hasta que llega su explosión te pareciera que tiene más poder esa pastosa celosía que ha enclaustrado a los corazones que explosionan en las bocas sedientas de sabores.

 Mañana te esperan

Quienes te mostraron

 Unos días estás corriendo como si fuera una tierra la que mueven tus piernas y otros días, sientes que en el agua podrías establecer tu oficina de relaciones intersociales. 

En este segunda espacio, buscas que el nivel de agua no sea el de estas navidades, ni meterte detrás de una presa que suele tener el cauce sucio y haber restos de árboles caídos, o cualquier otra trampa en la que pudieras quedar atrapado. 

 En las carreras, casi eternas de los últimos treinta años, a veces recuerdas que hubo un tiempo donde los pasos parecían fluir entre un suelo al que no te sentías atado. Porque existió aquellos momentos, ahora sabes que puedes soportar esas durezas en los gemelos para conseguir el grato placer de seguir corriendo, que siempre fue lo que la mente te pedía. Por aquellos tiempos, vinieron estos pero no en el sentido negativo de lo que pudiera parecer una pérdida de la plenitud, sino de seguir amando esa libertad, efímera, que te da el correr, antes de volver a tantas actos que te atrapan.

  "Gone, but not forgotten", pone en uno de los graffitis de Banksy. Seguir el camino, seguir la búsqueda, con la sabiduría que te dio todo lo recorrido y con la inconformidad de no creer que ya tienes un acerbo de conocimientos que te permite limitar tus riesgos porque, en algún momento, alguien te pudo decir que eso marchaba.

  Descubrir que desde tu acción, dentro de lo ofrecido por los demás, puedes enriquecerte, descubrirte, corregirte, aportar ideas y animar a los demás a conocer como han cambiado desde su idea original.

  Desde la improvisación, pero con los días de la exploración a través de los que te ofrecían sus conocimientos, quienes escuchaban lo que decías e incluso desde la comprensión años después de algunas de las propuestas que te hacían que en aquellos tiempos te habían producido indiferencia, desprecio o incluso, burla; pero que ahora, cuando lo has tratado de llevar tú, has descubierto la imbecibilidad a la que te lleva la ignorancia.

  Y tras todo esto, intuyes que esos mundos por explorar son bellos y quisieras encontrar un tiempo para que el abismo que se te abre, por donde puedan entrar los conocimientos es cada vez, más amplio, en anchura, y más profundo, en la caída que te anuncia que no parará, pero sin embargo, el cable que has preparado para poder caminar sobre ese Gran Cañón, no del Colorado, sino de tus búsquedas, te parece que quisiera convertirse en una senda, por la que puede aparecer algo que te asuste pero que te habrá dado la suficiente base para que pares, respiras y sigas, mirando a la otra orilla, en la que no aciertas a ver más que algunos episodios de algunos dioses, como los Sergei Polunin que como en tus años de carreras, no te paralizan por encontrarlos ideales, sino que te impulsan para querer ser tu mismo y quitar las barras que un día te dieron seguridad pero que ahora te piden, que las recuerdes pero arriesgues.

jueves, julio 29, 2021

Año cero

 Me escribe mi mamá para explicar una cosita; a mi, ¿que cosas?, será ¡Qué cosas!

 Me pone una amiga que haremos cositas; a mí, ¿Ya nos ponemos?, podría ser, ¡Andando!

  No sé si ha salido el Sol. Tendrá sus dudas, yo, al menos, escondo la cabeza, por si la mosca.

  Suena una alegría. ¿Irá el zapateado por la calle o estará en un tablao? Le pongo una sonrisa, ella, una quietud.

 Me asombra verla montada en una mirada. Por si acaso, le devuelvo mi yo; por si busca copiloto.

 Nació cuando la luna era ya brasas. Aviva rescoldos, busco leña porque vea un fuego.

 Te acostumbras a crear soledades y descubres que puede modelarte una atención.

  Podrías averiguar cuando volver a regar un huerto. Dejas señalada la reguera; se abre, con sus palabras.

  Aspirar un entorno, mojarte en un río, bañarte cuando todo su aroma fluye en una corriente.

  Tocar la tierra para palpar si late a un por los pies que no la tocaron porque parecía levitar 

  Un segundo de un despertar, te habrá quebrado, pero, tantos ríos te dirán, es un manantial 

  Caminas, no solo al frente, sabiendo que un tiempo real, te acompaña y los que pudieron ser, se perdieron

martes, julio 27, 2021

Aquellos días en Pamplona; una aproximación a Maialen Chourraut

 Pudiera ser que estuviera Maialen Chourraut o Xabi Etxaniz. Nos invitaba Antxon Arza, nuestro hombre en los ríos, nuestra llave en Pamplona

  Durante dos años fuimos al club que pertenecía, el Amara creo recordar. Gran tradición de clubes sociales que tienen un poco de todo para que la familia pueda pasar un fin de semana completo, con comidas, deportes y otros actos sociales.

   Uno de esos años, competimos al kayak polo, adulterado por tener porterias de waterpolo, en vez de las propias de nuestro deporte, contra el Atlético San Sebastian, creo que es una de las veces que más me he divertido jugando.

   Una palada de cualquier palista de ellos, era una orientación del barco que a nosotros nos costaba, al menos cinco, para conseguir el mismo resultado. Aún así, no era un deporte al que jugarán con el cual tuvimos la suerte de meterles un gol.

   Hoy viendo a Maialen y pensando en el espíritu competidor que tiene que tener una persona para orientar su vida a ese sacrificio tan grande que es deporte de élite, me acuerdo que aquellas chicas y chicos, ¿estabas?, que nos encerraron ya no sólo en nuestro aréa, sino también dentro de nuestra portería literalmente; hubiera sido físicamente imposible meter un gol por estar los cinco dentro; no lo consiguieron, pese a que sus gritos de ánimo fuera de los más variopintos y aguerridos. Nuestra victoria fue, más divertida por el afán que habían puesto aquella maravillosa gente, con algunos de los cuales luego coincidiamos en el descenso del Piqueras, ellos para ganar una "topolino", que no "gattino", verdad Berni, nosotros para disfrutar de un río difícil, y en particular para mí, de poca decisión y mucho despiste, para casi sobrevivir por la intensidad del río en velocidad de agua y piedras. Sólo el hecho de ir bien arropado por mis compañeros me daban una gran seguridad, exterior.

  Siempre admiramos su técnica de conducción del kayak. Habíamos empezado con Antón en un curso en el río Tajo y tras lanzarnos, cual descerebrados por este mismo río crecido y en pleno Diciembre, y luego subir a Pirineos; por fín, hicimos algo sensato, subir a Seu d'Urgell y estar practicando cuatro días de noviembre, durante tres años seguidos. La mejora fue instántanea. Imagino que en aquella época los palistas de competición estaban descansando; nunca coincidimos con ellos. Sólo recuerdo al joven Carles, el sufrido Carles que mencionaba hace poco en otra entrada, y su agotamiento del primer año, por las carencias técnicas que teníamos y el esfuerzo que a él y a sus compañeros le suponían, el estar sacando las embarcaciones de las más diversas situaciones a las que habíamos abandonado al albur de contras, olas, piedras y otros elementos propios de un canal de slalom.

   En Seu d'Urgell, leo que durante años 15 años fueron la casa y el lugar de entreno de Maialen, conocimos que incluso se puede aprender en la parte de la entrada de un canal, por la intensidad de la entrada, que al estrechar acelera la velocidad del fluido, sin que haya descenso. Era bonito conseguir que el barco, con tus maniobras fuera hacía un lugar u otro para pasar una puerta de bajada o de remonte, con una fuerte corriente, pero sin más.

   Cuando hoy la veía bajar, me emocionaba, nada difícil por otro lado. A la técnica que tiene, tenía que añadir el arrojo y la maravillosa lecturas de las fuerzas que existen en un canal desbocado, como podía ser este de Japón de tu, donde en las puertas de bajada tenías que reorientar el kayak para que la fuerza de la corriente no te alejara de la puerta que debías pasar y luego en las de remonte, colocar el barco en la posición correcta, recién movido por un torberllino para que pueda salir de él y entrar en la contracorriente por el punto justo que te permita pasar entre los dos palos de la puerta. Y de ahí, de forma extenuante, hasta completar las 25 puertas, de cuyo paso en cada uno de ellas, se podría escribir un viaje.

   Recuerdo que en Granada, hice algo profesional, bajamos revisando cada uno de los caminos que había por el canal de esta ciudad, que por diferentes vicisitude, duro muy poco tiempo allí. Cuando ese día, después, con un kayak de plástico, lo hice en una competición semioficial, creo que tengo uno de los bellos recuerdos. Consegui uno de los mejores tiempos, no recuerdo cuál con exactitud, y tuve la sensación haber bajado un río, no de que este me hubiera bajado.

   Ayer, en mi tramito del Tajo, disfrute del agua porque una presa estaba soltándola cuando llegué. Nada que ver, en todo, ni fuerza, ni contras, ni pendiente con lo que acabo de narrar. 

   Agradezco a los maestros que allí tuvimos, todo lo que nos enseñaron y a Maialen Chourraut, que en los cientoseis segundos con sesenta y tres décimas me haya hecho sentir que todo lo que veía de rebufos, contras, piedras, puertas, lo estaban pasando yo. 

  Disfruta, os lo merecéis todos los que habéis participado en ese pequeño instante, que es un eterno tiempo de esfuerzo. 

      Me has hecho recordar que el kayak fue  parte de mí. Como Antxon y su familia que nos acogió parte de un tiempo de emociones y descubrimientos, en aquella bella ciudad Pamplona que por breves instantes unió muy diferentes destinos kayakistas

El tronao

 El trono, llegado el momento, puedo ser yo. Voy por el campo, le digo, eh, creyendo haberle reconocido, y por respuesta, recibo un repentino movimiento de cabeza, con una especie de rebuzno y, me digo, le digo: ya me muevo. No está uno para embestidas, reflexiono. 

 Pero el tronao, tronao es el que se me ha subido al barco. Llevaba un tiempo, diciendo: popa, borda, babor, estribor y claro, la navegación a vela, en solitario, es lo que tiene; pues eso, sus momentos de flaqueza. El caso que cuando me abordo, casi, añadiría, me empitonó, yo, en forma de capotazo, me aparte y me eche a un lado. La pandemia nos ha enseñado ese arte, cuando alguien parece que al hablar quisiera topar contigo, tú buscas meterte en el callejón, aunque sea saltando.

 Mira que estoy avisado, pero le he subido a bordo, poniéndole las cosas claras, un saludo Jesús Cintora; él, el tronao, asintió pero claro a los dos minutos, es lo que tiene su condición. El catavientos indicaba que estábamos en un "través", con mis años de experiencia, creía yo, pues he empezado a abrir vela, hasta el punto que he sentido que la vela daba lo mejor de sí. Eso ha sido por mi parte, porque mi, vamos a llamar "grumete" ha empezado su caída, primero en mi estima. Hablaba, lo hacía de una forma que yo creo haber coincidido con él, ensayada de la "commedia dell'arte", me hubiera hecho gracia porque su forma de hablar, torrencial, impostada, ha pasado a ser demencial cuando se me ha ocurrido comentarle que íbamos en el "través" antes dicho.

  Ha dicho: ya, y eso hubiera valudo para tener mi cierto aprecio aunque no hubiera aportado nada a lo dicho por mi. Pero entonces, añadiéndome otra cara a su repertorio ha empezado a soltar, claro vamos a través del mar, con un oleaje encrespado, en un atardecer donde parece que el sol ya busca su descanso.

  Me he quedado mirándole, por suerte, no me busqué el agua para contemplar mi efigie, eso era en lo que me había convertido, lo soltado por "el tronao". Por suerte durante un buen rato he debido realizar una serie de maniobras que me ha tenido entretenido y me ha hecho sentir que iba sólo, aunque veía que el polizonte que me había montado en la embarcación, no paraba de hablar, cambiando su cara, como si fueran sus opiniones, como un carrusel. Ha habido un momento que, para conectar, con. El interfecto, por si eso aún se podía conseguir, le he dicho que "la ceñida" que llevábamos nos llevaría directos al puerto. Hostias, y perdón por este lenguaje, verle oír esa palabra y ponerse a coger su camiseta y hacerle nudos por diferentes puntos para que estuviera más ajustada. Todo eso razonándolo, verborreico, como ensayado delante de un espejo. Cuando se ha asomado por la borda, para ver si iba lo suficientemente ceñida, ha tenido la mala suerte que su culo topara con mi empeine. Por ahí ha caído. Seguro que "el tronao", ya está en otra nave. Es el signo de los tiempos, aguantar a mamarrachos que triunfan por persistencia, agotamiento de su interlocutor y porque a su dignidad, la ataron a un ancla



domingo, julio 25, 2021

Ahogarse ante cartas marcadas

  Dejé de envíarlas, ahora las juego. Disfruto del reparto, aunque menos en un día tan aciago como hoy, también ayer, descubres la efímera firmeza del azar, ya sea el victorioso o el derrotista.

  Antes de salir al huerto de mis entretelas y pesadillas, oía una carta, que ya no se leen, si, que llaman podcast: deesonosehabla.com.; de esa escucha, una pregunta y como el asteroide que se acerca a la tierra a 29.000 km. por hora, la milésima que comprendes la respuesta; muros de papel que creen mundos.

  Dos doctoras de atención primaria en Madrid que cuentan su día a día, contemplando la destrucción de la sanidad pública madrileña. ¿Después de 25 años no preguntes si no comprendes ese deterioro a alguien que ha votado a quien en su carnet de identidad pone: privatizo porque es más eficaz?

  Repiten. una y mil veces, el tener el huerto limpio. Regarlo es una necesidad en nuestra España continental, de veranos abrasadores. Cumplir con eso, no debiera tener un ciclo de más de 3 días. 

No tantas veces, porque ya hiciste lo esencial, que te llevó más tiempo del que te habías planteado; ves plantas que se enredan, otras que se ponen en nuestro "hombro con hombro", succionador, y te dices esto necesita una limpieza de todas esas hojas, cuasi parasitarias. 

  Hoy, lo he hecho, he escuchado hasta el final el podcast. Tantas medidas como añadirte pacientes, que se enroscan sobre tu ánimo para sentir que no les estás dando lo que necesitan. Cruel, además, que te enfrenten con ellas, porque tu eres el que de forma directa les atiendes, mientras desde una cristalera, podría ser de un rascacielos de 80 pisos, alguien trata de crear la enésima, monísima publicidad de una sanidad privada pulcra, indoloro y cercana. ¿Que hierbas treparon sobre las voluntades de las personas para que estas, cíclicamente pauperizadas o robadas sigan entregándose ante esos mecanismos perversos de reducción de plantillas y recursos?

  Al llegar al huerto, su amplitud ha succionado enseguida mi atención y alrededor de los productos plantados y su precaria valla, surge detrás del muro, en su parte final, un bosque de cuatro, como mucho cinco árboles que a lo sumo podrían desarrollarse de una forma adecuada, junto con otros 100 tallos, ya crecidos, convertidos en troncos con ramas vencidas por todas haberse sometido ante la acción de alguno de los más crecidos en su momento. 

Se les fue dando recursos públicos, al principio a lo que parecían muchas empresas, luego, ya de forma descarada a unas cuantas menos, que eran generosas en sus donaciones, hablando de una mejor optimización de los recursos y una mayor atención al cliente. Dejó de llamarse paciente. 

  Fue así, muchas familias afortunadas, sólo miraron la resolución de sus inmediatos problemas; se echaron en manos de esos conglomerados privados, para vuelos cortos, y fue la señal, en forma de datos, que necesitaban para no tener límites en su apoyo de las ganancias empresariales, su reducción de recursos para lo público y su publicidad, siempre sus impacables publireportajes que anulaban la irracionalidad de apoyar a quien te encarece la factura del médico, como podría ser de la luz o cualquier otro recurso natural.

  Cuando creía que casí se había secado un antiguo cauce, ya sin su uso primigenio pero si con muchas filtraciones que le hacen un manantial de posibles infecciones. Vuelves a mirar y contemplas como incluso en los sitios donde creías que había conseguido sellar el paso de la poderosa agua. Esas empresas tienen capacidad de penetración. Puedes aducir, en un instituto, oye no es lógico que una empresa privada haga parte de nuestro trabajo y además haya penetrado en ese espacio. Lo puedes proclamar y aseverar. Puedes defenderlo mil veces, pero como esa pequeña humedad que rezuma victoriosa por haber encontrado ese pequeño paso.  La empresa, esos liberales emprendedores, que necesita chupar de lo público. volverá a sonreir, porque siempre puede haber un pequeño agujerito que ellos se encargarán de agrandar.

  Dos doctoras, poniéndonos de frente a nuestras pequeñas derrotas.


Siameses y mercader

Siameses y mercader
Zaida, Fernando y