Antes que suenen las chicharras de la noche, queríamos escuchar el órgano de la catedral de Sigüenza y a cambio se desata una lluvia escondida por meses, precedida de las trompetas de algun Miles instalado, hoy, en la pena de una pérdida que derrama historias de entonces y las que luego sembraron aquella pareja entre la laboriosidad y honestidad para sacar adelante una familia que dio origen a otras tres más, con sus recorridos por fatigas y encuentros
A nosotros, descubriendo sonoridades cada día, que el viento sea capaz de crear tan diferentes emociones, sólo nos lo han traspasado instantes de fútbol en Messi.
Siempre, más reales, quienes nos hicieron más fáciles reencuentros y nuevos conocimientos en el aterrizaje a un espacio que se abandono para la convivencia diaria y ahora volvía trayendo el bagaje de mundos metidos en mente, cuerpo y años.
Picar duro, incluso en tardes que se llevan pelucas, se caen ramas y aún así, ves posible que los pasillos llenos de caimanes a los lados sean avenidas aunque ahora las fauces sean las estrellas y el horizonte una oscura cueva, en la que víboras silban y te dan uno, del que no sabes si te quitara el tonel de tus vestiduras
Se acogotan los sonidos, preguntándose si andará por ahí la Concostrina, mas os vale salir humanos y no defenestrados por sumisiones.
Existen los órganos de quienes saben brotar de sus dedos bellezas, a la vez que inconformismos y tierras donde Tom Joab, no esperaba la llegada de promesas, las taladraba con actos
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