miércoles, marzo 25, 2026

Ni el flaco perdón de Dios

Caminamos ocupados entre las indiferencias de quienes fueron arrojados de los aviones, arrancados de los brazos de sus madres y padres. 

  Los héroes de fútbol piensan: Tenemos grandes cosas que ofrecer a nuestra gente, un mundial y callamos porque las victorias siempre se quedará en el imaginario, en el pabellón de las grandes victorias.

  Podemos reconocer que en las entrañas quedan las ausencias; dicen que fueron 30.000,

    ¿qué es eso, comparado si les hacemos creerse elegidos de dios?

   No ve ese ser mítico a esa niña arrancada a los tres meses de los brazos de su madre; hoy en día, además ella, quizás pueda conocer cómo las grandes empresas vuelven a hacerse millonarias con la guerra.

   Impusieron un sistema económico que fracasó y el Estado tuvo que asumir sus deudas; quienes llegaron en democracia no se atrevieron a recaudar de quienes se habían enriquecido de forma impúdica y les pasaron las deudas a cada familia. Aquí, en esta época de guerra, las grandes empresas ganan cientos de miles de millones que se lo pagan los ciudadanos. Los Estados vuelven a colaborar con los privilegiados.

   Cuando no te atreves con las insaciables grandes empresas, a las que un Estado da sustento y equilibrio, estos grandes emporios vuelven a alimentar a los monstruos y sus bufones y la gente ocupadas en sobrevivir, se echan en mano de la indiferencia que es el océano de donde resurgen los pulpos de mil brazos: corrupción, violencia, codicia, represión, creación de falsos imaginarios.

   Escribió Juan Gelman, que aquellos degeneradores no podrían alegar ignorancia "no tendrían ni el flaco perdón de Dios". 

   No les importan, no creen ni en la palabra, ni en paraísos futuros, sólo quieren la riqueza del hoy y para ellos colonizan los medios de comunicación; te arrojan ideas elaboradas por engordados  think thanks, como decía Susan George y te crees que estás en el equilibrio porque desde el otro lado, alguien te diga que todo lo que has buscado y te ha ayudado a la formación de un criterio es violencia, porque ellos han tomado, no dicen prostituido, las palabras dios, justicia, orden que te las arrojan en la violencia de las porras, ciegas, que dicen proteger un orden, y resulta ser el del poderoso, ajeno a los golpes que expanden sus esbirros; con los jueces que sobreviven por encima de la justicia y un dios que calla porque sus ministros creen evangelizar desde sus colegios privilegiados.

    En la Base America Latina, Inna Afinogenova, Estefanía Veloz y, hoy, un más dolido, argentino Marco Teruggi recuerdan aquel golpe militar de hace 50 años. 

    Nunca ningún pistolero vocal podrá hechizar con sus palabras desbocadas e histéricas aquella miserable traición de una parte criminal y egoísta de seres ópacos, ahítos de dinero y carentes de dignidad; incluso cuando tuvieron que ser auxiliados por un Estado, compuesto por todos las ciudadanas que asumieron las carencias provocadas y las deudas contraídas con ese voraz FMI, buitres que merodean cuando muere la humanidad

     Justicia, Memoria y reparación.

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