Ni uno de papel puede ser un avión donde montarte.
Ni una casa parte de un pista polideportiva.
A cambio, una acción sinvergüenza, puede formar parte de una canallada.
Existen silencios culpables, escritos injustificados y hechos de opresión.
En una democracia, a quien se le otorga el poder, no es un tirano, ni puede salir a suspender una obra de teatro con la que no esté de acuerdo, ni empezar a actuar cuando se le pone ante el espejo de sus actos de violencia ante quien no admite que está provocando una situación injusta.
Vivir en la paz de una sociedad que humilla a Nevenka, o cambia quienes fueron los ejecutores de una asesinato, no es el mejor tejido que soporta una convivencia.
Pretender aleccionar con un bando cuando el espacio que se señala no cumple los requisitos mínimos de respeto a la convivencia, por vejar aunque sea a uno solo de sus habitantes, es parte de sentirse impune, tomando las herramientas que le ha prestado la sociedad para violentar a quien no admite que aquel primer acto de solidaridad pueda ser la semilla de una violencia acústica sobre sus sucesores.
Creer que con esos departamentos dentro de la institución puede silenciar a quien demanda respeto, es no darse cuenta lo mucho que esa persona agradece a quienes le han hecho tan imperfecto como luchador, respetuoso pero jamás arrodillado.
Puede haber pruebas, similares a las del algodón:
-Una la podrían cumplir fácil, sólo tienen que venir al lugar que lleva siendo objeto de la reclamación de un respeto desde que tuvo conciencia de la tiranía de unos golpes injustificados y la dolorosa percepción de quienes toman prestados los votos para sus subjetividades
- Y la segunda, esperar a quienes ejecutan esa tiranía pueden meter a un ser querido y que viviera en ese estado de cosas, no sólo las 12 horas que conceden como Herodes o Pilatos, sino unos minutos, de la siesta de un hijo recién nacido.
Existe la suerte de amar todo lo que rodea a ese emplazamiento y el abrigo de quienes, de forma silenciosa pero continúa, escriben para avisar de los tiempos difíciles que nunca serán señalados ni estabulados porque la belleza y su búsqueda como decía aquel Ramón, tan seco, en Lorient, crean caminos en los que no puede entrar la brutalidad.
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