Ver proyectos de vida en ebullición es lo más bello que se puede ver en una explanada. Haber pérdido sus referencias es lo más lógico cuando también se aleja uno de sus progenitores.
No existe nada más cruel ni triste que ver sus caras, cuando el de uno de ellos es quebrado. Hablar de ello no está permitido a alguien que no les aportó nada hace ya mucho tiempo.
Son sus padres que les dieron esa vida, de la que están gozando y en la que están involucrados hasta en los instantes más mínimos de lo que ahora, en estos momentos, son sus vidas interminables. Son esas madres que les arropan, que se reunen, que les dan actos con besos, quienes les abrazarán con sus miradas, con los detalles que ellos-as empezarán a considerar que no es lo normal, sino la entrega de una vida a sus idas y venidas, sin un átomo de cansancio, ni de ellas, ni por supuesto de la ebullición de los sueños.
Existe un despertar a la conciencia cuando la noche ha ido cruzando por todos los estados de océano que tiene hambre de tí y, esos momentos de soledad paseando por una pasarela movediza, nos gustaría que tengas las anclas de las personas que esa familia ha amado y que tantos, en estos días les ha devuelto.
Ser un guante para que al agarrarse a la cruel frialdad de la barandilla que ya no se deja coger o te repele por el fuego que te abrasa por la ausencia; es la facultad que tienen tantos compañeros-as de tan variados lugares por donde han ido pasando por su formas de vida.
Para quienes vivieron vidas, que estos días reviven al contarlas y que son poso de los actos de ahora; puede ser un consuelo el largo tiempo compartido con quienes fueron compañeros de fatigas. Vienen también, con lejanía, la memoria de aquellos que también se fueron, cuando nos creíamos eternos.
Nos vestimos con las anécdotas compartimos y nos empuja para celebrar lo vivido con aquellos.
Para aquel joven, para los de ahora, la partida de alguien que estaba en tantos actos de la vida, el agarre son los anteriores, los padres, madres y esos compañeros-as que ahora serán su atadura hasta que los estudios, trabajos y tantas circunstancias les vaya alejando.
Amar la naturaleza es la mayor de los legados que pueden recibir los hijos-as, pero ni en todo su esplendor la podemos culpar.
Años después de aquella pérdida, alguien escuchó el reproche de un directivo hacía aquel amigo que había compartido coche con gente con vidas ajenas. Dolió oírlo y quizás más no haberle defendido con la contundencia necesaria.
Dar parte de lo que puedes ser al descubrirte en tus aprendizajes para homenajear seres que tanto significan para tí, es el camino que vamos recorriendo.
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