miércoles, enero 21, 2026

En otros lugares

 Murakami escuchaba jazz en lugares tan dispares como los mundos en los que se exploraba. 

  Había un combo que soñaba con la música de Paul Desmond. Su saxofonista solía estar perdido, pero este autor le centraba hasta iniciar exploraciones en los que perdía noción de su otra vida. 

   En aquella, tenía que lidiar con el seguidismo de una tropa de sumisos que lamían la atención que prestaban a un vendedor de violencias, escondidas en un sentido de estrategias comerciales. 

   Nada era verdad, sólo el éxito inmediato del amo y quienes querían ser ya dueños de sus territorios, por medio habían roto consenso, pero para ello tenían la docilidad de aquellos personajes de "las uvas de la Ira" de John Steinbeck, que habiendo llegado unos días antes, de los que estaban llegando, eran investidos por el poder para que ejercieran de policias a su favor. 

    La semana anterior, no eran menos miserables que aquellos a los que ahora golpeaban, pero se habían colocado en el lado del poderoso, que sólo les miraban y azuzaban por la violencia con las que ejecutaban sus órdenes. 

    Era el signo de aquellos tiempos, después de la Gran Depresión y de estos, la Gran Grieta del Capitalismo que empezaba a sentir que le pisaban los talones en todos los lugares de los que habían extraído sus enormes ganancias, generando gran desequilibrio a la población, hundida en muchas miserias.

   Correr, era volver al mismo sitio, pero entremedias tu mente se había imaginado libre de las cadenas de su espacio y el recorrido, ahora pequeño,  dejaba siempre la impronta de pinceladas que dibujaban un cuadro de un mundo que volvía a tener orden y una chimenea por donde se expulsaban los mas variados humores y nacía la exploración sin las ataduras de la quietud, donde se anclan los miedos.

 Al correr, la música viene de la vista y se recorren sendas que evita la ponzoña de los bocazas, anclados a sillones desde donde eejecutan sentencias, impunes a la responsabilidad. 

  Muchos seguían sus nuevos profetas, estos siempre seguros y con sus tablas de la ley, escritas en tintas pasajeras

    

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