viernes, enero 09, 2026

Simplicius, por los viejos tiempos

  Si un solo segundo estuviera en el viaje por la música de Simplicius, le gustaría que fuera abrazado por Nina Simone. 

  Encontrar alguno de los acordes por los que nos entregaba su pasión y ver en aquel que preparó David Bowie un atisbo de la belleza en la que se exploraban.

  Simplicius llega con su instrumento, desorientado, viendo todos los abismos que le rodean y porque ofrece trabajo, le manan manos que le tienden desde el lenguaje, desde una atalaya que fue un faro, o desde un Simbad que atraviesa experiencias, que a veces, te dejan dudas si perteneces a alguna por las que pasa.

  A cambio con este último, los océanos se atraviesan entre olas de mareos y preparaciones para ser un Robinson que mezcle con quienes habitan en la isla en la que se ha posado.

  A Simplicius, por lo que sea, siempre le recuerdan la sencillez como el lago interno en el que debería bañarse y empieza la técnica de sus brazadas. 

  Ya lleva tiempo, pero cuando llueve, Simplicius se flipa, vamos a decirlo así, y como desde ese lago se crea una corriente que termina en el Océano Atlántico, pues coge esa lengua seguro que ya ha llegado el tiempo para introducirse en nuevas y "más grandes y gloriosas" aventuras.

   La escena es grandiosa Simplicius con sus pobres ropajes, llega enfervorizado a la orilla del lago, allí está ella, Laura de Pochi, la lanza una mirada para darla su corazón y envolverla en los besos exploratorios de la noche; pero ¡¡el agua!! se introduce y busca ese lugar de escape a sus primeros pasos y bracea, con una técnica, bueno, vamos a dejarlo ahí. Es marea baja y todo le ayuda, el mar está lleno de clarinetes, trompetas y bombos y amaría juntarse en ese océano y de repente, y.....de repente nota que aquel conjunto de sonidos se le alejan y sus brazadas le introducen en el mar interior y allí, allí, Simplicius, con una cierta bajona, no para, empieza a girar alrededor de ese espacio que nunca será mínimo; aquel ultimo acompañante le anima a que no pierda la perspectiva y coge un corcho y mejora por aquí; ahora por el otro lado, ¡¡¡¡ah!!!! encuentra ese defecto y despues de decir

    ¡¡¡¡¡¡Eureka!!!!!

   empieza a mejorar un poco por aquí; otro poco, con 

    ¿pero es bueno ir tan despacio? ¿se aprende?

    y una vez más  le dicen que sí, que confié y ahora, en este día en el que veía la línea del océano más cerca, se confirma que sí, que le sirve y no quiere dejar de explorarse.

     Nina, David, el pequeño Simplicius escuchara otra vez esos minutos en los que os han enlazado Rafa Panadero y desde la zozobra en las que se baña tantas veces, encontrará la paciencia en las que edificar su mundo sonoro

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