jueves, enero 29, 2026

El abismo y la pasarela

 No se puede consolar a alguien que pierde un hijo joven. Ahora que somos mayores, nos agarramos al "estar alegre por el tiempo que hemos compartido juntos".

   Ahora no es caso, existe mucho desconsuelo. Está tan reciente cada uno de los cuidados que se le ha tenido que dedicar desde pequeños. 

   Están tan presentes los besos, las ilusiones, los quebrantamientos. Todos forman parte de nuestro horizonte que está tocando la ventana de nuestro balcón que abrímos al mundo con él.

   Con los años se estaba aflojando la dependencia de vuestros cuidados; empezaba a labrarse un futuro; el deporte había sido el sostén sobre el que había construido las bases de su futuro. 

    Pero esta noche, aún huele a limpia la habitación que está preparada para su vuelta de estos días de relajación después de una entrega total a la oposición que le abriera un futuro.

   No volverá; la amiga que no sonríe cuando te ve, que es como te abraza las pocas veces que nos vemos, te pone sobreaviso. Te cuenta lo que pasa

   Llega ese ser de luz, que ves tan poco y que corre por los campos como abriendo un futuro al que agradece que le ayudarán a despejar. Está avisado, tiene su edad, abrán compartido carreras y también encuentros, como durante años lo han hecho los padres.

   Ya, esta tarde, las cosas parece se empiezan a quebrar. Hay esperanzas e ilusión. Es tan joven, como aquel amigo, aún más joven, que murió en la carretera, con 20 años.

    A aquella madre, con el paso de los años tienes el debe de no haberla acompañado, en un dolor que abrió una brecha en la que en los últimos años se metió su mente. 

   Es otro tiempo, existe un grupo forjado en viajes, en travesias, en encuentros, sabes que la madre, ahora desgarrada, como el padre, amante de una naturaleza que le ha arrebatado un hijo, tendrán una pasarela por donde transitar este bamboleo que les amenaza con desequilibrarles.

   Ahora, por viejo, más que por sabio, sabes que lo poquito que has convivido con ellos, se los tienes que volver en mostrarles un respeto y quitarte las ausencias para que los pequeños dedos les traspase unos pequeños pulsos, que serán inmensos por todo el grupo que habían formdo para sustentarles. 

    Cariño, mucho amor y silencio y estancia para que sepan que en tí sembraron un respeto con el que les envías uno de los pequeños alientos que necesitan.

    Es el abismo

  

No hay comentarios:

Siameses y mercader

Siameses y mercader
Zaida, Fernando y