miércoles, enero 14, 2026

Libertad para los pigmeos

 Que me dan aunque yo no los veo

 Te quedas viendo a los otros, a los gigantes y te atrapan y ya no sabes como salir a campo abierto. Pepino, un gran hombre y mediocre jugador, creyó haber llegado al cénit de su carrera, cuando le nombraron, con infinita admiración, cuatro mercenarios.

  Tu, su compañero de correrías de niñez, sabías todas las inseguridades en las que se había criado y unas cuantas decepciones con las que se había alimentado. Un día, por lo que se ha le vieron subiendo a una cable y haciendo cuatro malabarismo. 

  Desde un mirador, allá lejos, en la montaña de los dioses, alguien, ya de provecta edad, necesitó un catalejo para contemplar aquella acciones. El aparato, por lo que sea, porque había, quizás, visto una hendidura, en los picos, aún más altos, de la espalda, sintió que toda la sangre de la concuspicencia subía a su cristal. 

  Se excitaba y en ello estaba, apuntando al medio, cuando le giraron de forma abrupta y esos meneos, cuando estás en esas condiciones, no ayudan a lo tántrico, así que aquel hombre, soberbio, manejándole con una cierta disciplencia, provocó en el aparato tal eyaculación que el llamado presidente, pudo contemplar a través de la mira, algunas estrellas, fluídas acciones de malabaristas y, por lo que sea, intuyó unos gritos de inmenso placer de aquel mago, por un día, del balón. 

  Hemos de confesar que nosotros, sin comprender nada en el momento, vimos a aquel conductor de un "cohete", como diría mi hijo, se contorsionó, creemos de una gran excitación que también le vino y compartió con el catalejo. Este, para desgracia del humano, desenfundó primero y disparo y ahí, ya no pudimos contener la carcaja, pero eso sí, a aquel ser pedido el trono, manchado de la lascivía vivida desde aquel lugar, prendado, se acercó a aquel embaucador, le contrató, con tan mala fortuna que aquel circunspecto y engreído arribista, buscó su propio trono.

  Ahora que miro bien, a mis pigmeos, tapados por tanta hojarasca, los busco, rebusco y le concedes mi reino de nadies para que nos abriguemos como humanos

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