Días sin paragón prometen en los cárteles más luminosos y lascivos que se ofrecen por las calles de la ciudad que nunca duerme.
Ya no es New York, puede ser cualquier lugar donde, poco a poco, van poniendo los mismos escenarios, con sus mismos cafés, hamburguesas o recuerdos, ahora de Tokio.
Las fotocopiadoras de costumbre se han hecho globales, como el capitalismo; sus víctimas no, ellos producen pero son encadenados a sus miserias, si puediera ser, para siempre, es su meritocracia, haber nacido y obligados a permanecer pobres. No se atreven los gobiernos, que saben fueron votados para una mayor justicia social a dar valor a esos seres.
Nada es más barato y digno, que guardar la vida desde una sanidad pública con los medios suficientes para la subsistencia.
Nada más terrible que el ir encontrando excusas esparcidas entre las dificultades para poder justificar el descenso en la financiación, menos médicos, menos hospitales Vall d'Hebron que puedan implementar medios más eficaces para atender a los personas. Es que pensábamos que estamos hablando de eso y no de la comercialización de la vida, con la ganancias repartidas a los más desvergonzados de nuestros políticos que salen por allí, o por cualquier otro lado.
Los amos tienen a su dios, también maniatado, que les justifica. No, aún mejor, que les entroniza en sus palcos de especulaciones y sangre obtenida de las muertes de esos humanos a los que tratan de colonizar desde los vientres de sus madres; no por humanidad, sino por poseer esas zonas también. Y porque no, lavarse un poco de las costras de la indiferencia.
En este mundo, en equilibrio, por finos cables, siempre a punto de romperse, atender a los ciudadanos no es tener impecables datos macroeconómicos.
Fíjate, ¡tú, político, que no te atreves a legislar por un derecho Constitucional esencial!:
- Delante tienes a Carmelo y Dulce, con un niño y viendo como su vivienda alquilada está entrando, poco a poco, en una de las "famosas zonas tensionadas" que se crean hoy en día.
- A tú, tu primo José, feliz, huraño, desgreñado te anuncia que va a invertir, con unas ganancias extras, en un fondo de inversión, ¡buitre!, que leches, que va a comprar el bloque de Dulce e Iván, el niño. Ya les han subido un 20%, el precio y el primo José, que en su vejez, se dedica al chalaneo, va a tener una bonificación de no pagar el IRPF de lo que gana en esa inversión.
¡Joder!, el primo José te toca la Marsellesa y el gobierno, con su tiquis miquis atrapa en un laberinto a quienes crean tejido social.
A Carmelo, lo macro, ¡en fin!, le toca las narices.
Y tu, político, por cobarde les dejas abandonado y es triste, mucho e injustificable la actitud
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