jueves, enero 22, 2026

El no retorno tras la verborrea

 Salimos y cuando cometes esa imprudencia, ya no sabes si volverás a entrar. Con el tiempo te das cuenta que fue otro mometno en la vida. No es saludable que lo cierres pero tampoco que te arrepientas de lo que se acabó. 

  El miedo es el enclaustamiento y que una actividad como la del Archivo Histórico en Guadalajara, cnteelebrada ayer, haya sido desconocida en grado superlativo. 

  Existe gente abriendo puertas y siempre, deberás asomarte por lo que descubres y porque en el exterior todas las cosas se enseñan sin profundizar. Puedes llegar a creer a gente como "El Txokas" por su verborrea y no darte cuenta que detrás de su discurso existen banalidades sin la más mínima profundización. 

   Se ha perdido la desvergüenza, incluso para declarar que un lugar donde se ha asesinado a cientos de miles de personas, delante de nuestros ojos, se convierta un resort. 

   Ante esto, como una personaje, investido del traje de lo rompedor con un sistema, no se va a atrever a soltar barbaridades sin un filtro y una responsabilidad. Al día siguiente, serán otras y así, lo importante son las formas, que seas contundente.

   Ya se lo decía Feíjoo a uno de sus monaguillos, lo esencial es el relato. El que te pongan un micrófono y quien te va a creer, que te vea seguro de lo que dices en ese momento; y cuando en lo siguiente, digas lo contrario, también te vean seguro.

    Un día, no lejano se darán cuenta o que no les suben la pensión, o que los medicamentos necesarios, los deben pagar por encima de sus posibilidades o que sus nietos, viven en precario porque aquel colchón, se fue reduciendo. 

    No importa, diles que crees en Dios, ¿Cuál?, el que se deja ceremoniar por unos muertos ajenos y no acude a proteger a los propios. 

    Anuncíales que el acuerdo con Mercosur no es necesario. Aunque 48 horas antes, tu grupo parlamentario, en nombre de libre comercio, de las grandes ganancias de las grandes empresas, haya votado a favor. 

     Dílo con convicción, te van a creer; la desvergüenza de tus actos de apoyo al acuerdo del Mercosur lo tapa tu seguridad en afirmar lo contrario. Ellos no ven, ni escuchan lo que tú no quieres que escuchen. 

     Tienen tu dios, tu patria y tu historia en sus procesiones a las que sigues descalzo y penitente. 

     No sabes el daño que te haces. La pena es que no es a tí, ni a los tuyos quienes lo sufren. 

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