Delicio se traslada a las tierras con fuego. Es un peligro, afirma su padre con el corazón oprimido; soñó con flores amarillas, que le retuvieran
No ha tenido ningún remilgo, Felicio, su hermano, porque intuye que él se quedará con la moto, permanece inerte, puede que gozando. Cuando la tierra se incendia la esperanza de la vuelta es muy remota.
Marga, la joven Marga, ya le está escribiendo una carta, que si prestas atención a lo que pone, es un obituario. Ella es así, empezó como grunge y ha terminado como Madame la Siniestra, no por lo de izquierdas, sino por funesta y decadente.
El caso es que Delicio está buscando sus pertenencias en los lugares más recónditos de la casa familiar. Reconoce, a su pesar, que es consciente que no volverá.
De repente
¡Buaff! ¡sorpresón! los juegos reunidos de Gaypor!; con el que jugaba toda la familia, cuando los domingos era intentar completar un parchis o algún reto,
¡No existía la televisión que les volcó al aislamiento!
La caja está llena de polvo; como una arqueologa al uso, empieza a pasar la mano por la tapa.
Poco a poco va descubriendo que las palabras se han corrompido. Deletrea y se da cuenta que ha formado la frase con otro título
Justicia, por juego ¡Qué extraña transformación!
Dispersa, por reunidos ¡vaya! No lo veía venir!
Spañolisto por Gaypor, !uff, ¿apelación? lo primero
Justicia Dispersa de spañolisto. Nunca había oído que estoy sucediera, ni en los jeroglíficos egipcios.
Con gran dificultad busca los límites de la caja, todo en ella parece haberse fundido. No encuentra esos bordes y pese a que el tiempo de la partida le apremia
Ha decidido entregarse a la paciencia y el descubrimiento, como una palabra clave que explicará lo pasado. Su Rosebud
¡Oh, después de limpiar por su lado derecho y presionar sobre lo que parece un botón, consigue que algo se mueva. Agita un poco, a partir de ese punto.
Rosa le dice, mueve, mueve, contemplando notas de polvo que remolonean en el ambiente. Van Morrison le mece y le calma
Ya están marcados los dos polos, los agita y si las dos partes se separan
Uno de los dados, cae, rueda y mirarle le produce un extaño efecto. Lo intenta seguir por si es verdad, su impresión; cuando para y lo puede coger, se confirman sus sospechas:
¡Está trucado!, todas las caras tienen el mismo número
Eloisa, ¡bella como ella sola!. Amor impregnado en la mente, que a veces necesita destilarlo. Sonrie y suelta lo que parece una burrada o una certeza
Esos que han trucado la ley, la escupen, la ejecutan contra la lógica, contra un ex presidente de gobierno que no se ha dedicado más que a buscar soluciones en esta distopia; editan escarnios y mentiras, en su medios que financian sin justicia, sólo a los propagadores fieles; y con esa basura están seguros que algunos Pachines tirarán adelante, como tiran su decencia y años de estudio por la dignidad. Si se sienten impunes; como ese tramposo dado, regalando su número, siempre, para ganar
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