Camino entre aquellas carrascas en la indolencia de una mañana más y el desconocimiento de los muchos días que se suceden sin nombre.
Enfundado en una casaca de guerra, desembuchó las tijeras más ligeras y exhibió las mas grandes y poderosas para comedimiento de aquellas bestias que habían empezado a merodear por estos lares. Nada iba a suceder pero creía que hacer obstentación de sus defensas, quitaria cualquier idea enrevesada a las que les pudiera llevar la sangre derramada por aquel inoportuno tropiezo.
Subían escalones y una mota de miel paralizaba el siguiente paso, podría ser dulce o pringoso; la gota empezaba a deslizarse y el hotel California sonaba a lo lejos. Alfonso, como buen energúmeno, se lanzó a chaparral, confiado que un puerco con echuras de objetivo le daba bola.
Siempre un escalón por encima alguien le deslizaba razones. Ante las cuales, con angustia y asco proclamaba a voz en grito
Que hostias es eso. Yo tengo el poder, no tengo necesidad de datos. Los hunos me votan y es suficiente
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