lunes, diciembre 15, 2025

Casas y casos para una destrucción

 Tere no se puede imaginar la suerte que ha tenido. Le ha tocado un tambor y podrá gobernar al descoordinador sonoro con el que convive.

  Aparece ella, indefinida, antes muerta que sencilla y se va a la casa del Dulce, allí donde lo local fábrica empedrados de calorías, para saciar la ansias de calor de una Sierra que matiza con hielo el color intenso de un bosque continúo.

  Todo va bien, pero las viandas y el vino engendran palabras y el punk se calla.

  ¿Tendrá razón ese pistolero de los fabuladores mediáticos, no por nada, sólo por dinero, que ellos son ahora los heavis, los inconformistas?

  Con la dulzura de una miel mezclada habla de la ciudad de Entur, aquel amor siempre étereo. Él con su pareja te invitaba para ver un fracaso, pero ahora, sabes que aquello fue, sólo, un tiempo.

  Lo suelta, si, aquel lugar ancla tiene una victoria de la famosa reina de las Ranas, Espe, construyó un metro destruyendo vidas y ahora el intelocutor de Tere tiene claro que la culpa fue de quienes lo pidieron.    

   Ella se queda pensando; gente que se arroja en manos de quienes defiende a dictadores, que robaron para ellos, sus familias y las grandes empresas que consideran animales a quienes le sirven.

   La bondadosa pareja, habla con suavidad, mucha, incluso, se coge un puño con la otra mano, como símbolo de contención. Predican un dios que han tomado preso, gente como Espe. Esta lo sabe, si tomas un símbolo y lo haces tuyo, conseguirás que mienta hasta el beato. 

  Además de destrozar las viviendas y las emociones de sus habitantes, siempre pocos en una gran urbe, en mitad de la placidez de ese abnegado trabajador que a su esfuerzo, añade tres horas de traslados y cree cumplir con su parte de la sociedad, echando la culpa no al que construye sino al que pide un posible derecho, que lo podría pedir el de la conchinchina. Aparte de esto, las empresas constructoras, tamayazizadoras, cumplen donando mordidas y pagando intoxicadores mediáticas; pulcros siempre.

  Nada ven, piensa Tere, consiguieron que su vástago tenga una magnífica carrera y un prometedor trabajo y añadirán al éxito que su hijo pueda ejercer en lo público. 

  Como la pareja, él será bueno y dejará que privaticen ese hospital donde ahora ejerce y un día le pedirán que optimice las camas y que otro dulce padre, como el suyo, cumplidor sea arrojado de alguna habitación porque alquien pague por la eternidad y el otro sólo tenga el amor de su madre. 

   La pareja dará la victoria a un Kast, a un Abascal porque sólo ven un magnífico caballo volteando ¿el qué? la nada. Pero eso si, con prestancia

   Dice, el periodista de El Bulo que ellos son ahora los heavies, los Robe; imágenes de un teléfono con la pantalla adherida a la irracionalidad. 

  Ponen en marcha la motosierra porque el ser justo, ese que se asusta de Tere, porque en una conversación privada pueda decir "hijo puta" al que miente, al que destroza lo público; incluso al que ponga un inicuo "belén" en un instituto como símbolo de libertad, mientras en su vida privada, favorece a la privada, toma recursos de lo público y como una pilatos de mierda, se ponga equidistante ante una acusación falsa, ante quien no es aún consciente de su mezquindad, que luego hará que Tere, eterna aprendiz. narré una canción en fallos, en un primario punk sin aprendizaje, pero suelte verdades para que los migrantes no se sientan dañados en ese centro tomado por la falacía de un monstrenco sin criterio.

    Y si, cuando oye una victoria más de esos personajes, envueltos como regalo, por los millones que les lavan y recuerda a esos heavies de la bondad soltando sus mentiras para que lleguen quienes siempre salen impunes, a base del dinero o para una universidad privada, o para concesiones desquiciadas en recursos y dineros para clinicas brutalizadas que dan mordidas de casas en la Florida. 

   Cuando todo eso sucede, y aún estando en una celda, decide que ya vale; Tere no quiere escuchar que un Vallés es un buen periodista y haberle oído ser un falsario ideológizado y, en exceso, repagado. 

   Sabe ella, que Javier de Ilegales mandaría a tomar por culo a quien mezcla construcción irresponsable con inocencia. ¡Qué leches es eso de tener poder y echarle la culpa a quienes utilizaste de coartada!

   A Tere ese culito que mira, mejor que las malas pulgas de una cara, no le va a cegar ver personas con las que cruzarse y callarse. 

    No, ella no se mesará los cabellos, atribulada por la basura de equidistancia entre los asesinos de la razón con sus pueriles comparaciones para desquiciados crédulos donde mezclan actos como en la coctelera le meten bombas etílicas para el alcoholizado marrano con las sobredimensionadas apariciones provocadas por togados sin balanza o uniformados serviles a amos religiosos sin dios.

   Tere sabe que la mesura para que en esa mesa reine la paz, es la cuerda de la horca a la que acude, porque su nudo corredizo, es la impuesta por la bota de esos heavies, que patean su propia conciencia, atada a creencias, estas sometidas a dueños de sus cielos, pero las de estos, en la tierra.

   Nuestra heroina, se pregunta en que momento se abrió el abismo para que un trabajador, rompa su puente con una realidad que le ha entregado sanidad y educación pública y prefiera que golfos, de cartón piedra, con pasado de fracasos y fundaciones subvencionadas con dinero público, sin responsabilidad ni en sus resultados ni en sus latrocinios, sean los que te llevan a unas pensiones que pagarás a lo privado, con tendencias a juegos en la ruleta de casinos y a la toma de unos servicios  públicos donde siempre habrá un especulador, con plácidas vistas a una playa de, pongamos, Miami.

    ¿Es tan poderosa la sumisión a los símbolos y a las frases sin responsabilidad que la diosa Destrucción vestida de glamour, seduce desde la derecha?

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