martes, abril 09, 2024

Cuando tu entraste yo partí

 El saxo de Jake Clemons entra con la estrella que me guía en mitad de conducir por toda la desierta noche en la que te había perdido entre estrellas fugaces

  Fluye una imagen sin pasos por los que transitar sus pixeles; descubrimos el agua cuando nos deshacemos. 

  Lo empezamos a hacer, lo de desintegrarnos, en vida; se nos borran las carcajadas en una comisión de investigación sobre el 11M, porque es más importante defender una patria en peligro, una bandera que ondea, un himno con su toritoriro. 

  Unos de aquellos carcajeados, vuelve a pasar por un tribunal; se van descubriendo millones de euros que recibieron por comisiones, ¡ay Vicente! ¡Vicente!, por tareas realizadas para su partido, para la grandes empresas que están ¡más a gusto! con ellos y ellas que hablan de la ¡Virgen! para explicar una sociedad, y quizás tengan razón, cuando nos sometemos a las imágenes.

  Ella, seguro que la investigará algun pobrecillo empleado, por dinero, le manda a la cola. Lo que no han hecho los que les votaron durante años y siguen teniendo excusas, ¡lo dice Vallés!, recrecido por decir la verdad, la de ellos; decía lo que no han hilado durante este tiempo es como pueden dar prioridad a seres que se hacen millonarios estando en política. 

   Un médico, casi firma un acta de defunción y por ahí, sigue su profesionalidad, como la de aquel en Colmenar Viejo, hecha una porquería y el disputado voto, donado por gente que se pone un trapo delante de los ojos para que no ver el desfile de vejaciones que ha sufrido su dignidad, entregando su voto, que es su vida, que es la asistencia que dan a su padre en la sanidad publica, a quien la quieren mercantilizar, sin engañar, otra cosa es que no la nombren, porque está puesto en su programa electoral. Ven chalets en el ojo ajeno y mientras les van haciendo una operación en el propio para que el imperio de casas que van formando a quienes votan, les parezca un jardín de infancia al que no podrán ir ellos, sumisos, porque no saben cantar con tanta fuerza, con tamaña impudicia las loas a la exclusividad. Alaban la violencia de los propios, aunque en estos intuyan que el recrecimiento es artificial. 

  Como la patria que dicen amar las grandes riquezas que patrocinan a unos desalmados voceros por un lado; a sus lamebotas con casullas de trajes exclusivos, por el otro, que taladrean simplezas que caen en un cenegal de apriorismos en los que muchos creen encontrar sus horizontes, siendo poster de donde no saben salir, sabemos porque parecemos vencidos.

   Caídos, por no haber defendido ante las Angels, ante los burdos que si unos ultras, con intereses en la sanidad privada, imponen un relato en el cual después de años, primero el juez no encuentra, lo que no había ni ahora, ni entonces; debemos concluir que con el último está en peligro la justicia de la que habla el profesor que expulsa en el primer momento del primer día de clase en una facultad de Derecho, a Nelson. La consecuencia de los actos de este, la sufrió Mónica Oltra y debemos concluir que en cualquier momento cualquier otro. Las consecuencias de las falsas acusaciones, nos podrán golpear porque los Vicentitos harán alegaciones, no como periodista, sino como portavoces, de la indecencia de esa que se pone corbata para detrás del televisión, alguien crea que es falo de la verdad, ante el que postrarse.

   Animan a Oltra a echarse en manos del cianuro, como aquellos montoneros, que tenían su capsula. Date un tiempo, toma tu camino, pero si se acerca el mundo yolander, teme que te lo pongan en la boca, para un final rápido. Muchos, que tenemos grabados la desesperación de una de tus últimas intervenciones porque no era por ti, era por nosotros y nuestra conversión en nada, lo que suponía la inacción, deseamos que no te asuste el ruido, como no te paso nunca, pero que esta vez, sepamos acompañarnos.

   

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