lunes, febrero 23, 2026

Un apasionado despecho

  La escribí con toda la fuerza de mis dedos y una dejación en mi corazón. Nada hubiera ocurrido si aquella madrugada, yo no hubiera salido huyendo de su lecho. 

  A cambio, un ruido y las palabras repetidas de un alienígena me hicieron perder la compostura. Ella mientras soltaba mi pie y dejaba que mi salida, cortara mi oreja, pero sin ninguna celebración. Es ahora cuando hago público mi desazón, cuando ella muestra la oreja girándose hacía los tendidos.

  Pepe cree cumplir una misión bíblica y lo más que hace es ser miserable. Un barco navega por un océano donde los horizontes se contemplan en las fosas abisales. Golpean las ausencias y poco a poco van desgastando los caminos por los que te vas encontrando. Meces tu desazón e Igor parece no encontrar un futuro por entre las palabras que salen expelidas desde el plasma.

   A Pepe le vuelven a la memoria esos mundos en los que estaban encerrados sus interlocutores. 

  Igual que la periodista española a la que  disfrazan con un burka con la IA, pero aún asi proclama: ¡qué pasa en nuestro país!, aquellos creían que el mundo estaba encerrado como él lo veía antes del 15M. Le pareció tan revelador de los porqués se aguanta todas las mentiras que se expulsan en las televisiones. 

   No hay futuro, diría el equidistante para justificar el vencimiento en su voto y esconder su repetido alineamiento con los mismos: "los menos malos"

   A Gregorio Morán no lo he leído, que es una de las miles de carencias con las que ando para entenderme en el mundo, se dice Sara.

   Hoy te recuerdan, Gregorio, porque fuiste invisibilizado por todas esas televisiones que enmarcan conversaciones como las descritas.

   Si queremos futuro dice Pepe, debemos embarcarnos en alguno de sus libros y ver que en estos momentos, Alejandra, Laura, Inna, los Pablos, Manu y tantos otros invisibilizados, nos ofrecen subirnos a la nave, que no tiene el misterio de los fantasmas subvencionados, sino los actos de implicación.

   Gregorio, también se lo hemos escuchado a Wyoming, Miguel Monzón, decía que no era cierto que en la muerte del dictador todo el mundo saliera a las calles a celebrarlo. La realidad es que había muchas colas para ver el cadaver y mucho miedo que era el terror que habían ido sembrando por los diferentes pueblos de España.

   Y de aquellos miedos, tantas y tantos conformismos por el que fueron creciendo las semillas de quienes se apropiaron de la sociedad a golpes y sablazos de violencia y de robo.

   Pepe llama y espera, de los errores se vuelve; no sabe si tan cambiado para que le reconozcan

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