Ando entre desesperanzado y babieca y a este último no siempre es fácil de entender.
Un día cogió las de villadiego y tardó días y barruntos en confirmar que no saldría con Tico tico; un pequeño desastre, para su amante que le creía dueño de una empresa de torreznos y otras variedades cosméticas.
Es lo que pasa cuando piensas que el mundo está entre una aparición entre sábanas y estas, a su vez, se hallan puestas para aguantar un viento que siempre tendrá la capacidad de romper las normas.
Nadie dice que se pueda poner puertas al viento y si encima no les has puesto ni tan siquiera el marco o los goznes entonces, puede ves venir a tu amada sobre esa madera voladora, ya que las sábanas que no nos enrollaron se habrán utilizado para escribir la última reivindicación y ella ya no te hablará de patitos, porque estos ya no saben donde ir, si a los juncos que pueden albergar a un enemigo o a esa caverna en la que sueña decir cua y ella, hasta dentro.
Tratamos de averiguar si aquella mujer no anclo semejante mundo de tela preparada para tormentas, porque el patio se le quedaba pequeño y añoraba que los acordes de la tonalidad de Ab la habrían dado un capitán con horizontes a lo infinito.
A cambio cuando el viento que trae la naturaleza, nada de ángeles acompañados en sus agitadas alas, se postró por los bajos de aquel velador, todo se agitó-
Los pesados hierros a los que habían condenado a solazarse pero sin recibir nunca ningún rayo, por un instante se sintieron plumas y animaron, solidos, a esa vela a no rasgarse, a no entretenerse con las bombillas que esconden, de sus sombras, las estrellas que les lloran besos.
En ese instante, único, increíble, universal aquel conjunto salió de su mediocridad habitual y se elevó. Se prometió el cielo, pero cuando ya volaba, 2, 3, 4 metros; vio que desde la garita cercana, un desaprensivo la izaba de un lado y fue por allí, por donde la catástrofe llegó. El viento sintió la libertad de no ser aplastada por esas tela, inmunda, y entonces el velador; su vuelo se convirtió en hundimiento y tuvo el designio de ir a morir su libertad entre plantas que la dieron oxígeno y los últimos colores de su frustrado designio que era escapar a la cárcel cercana, por si podía consolar a aquel joven que había ido uniendo celdas de una ciudad a otra; como el rico recorre libertades de las que se suelta ante cualquier señalamiento
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