domingo, febrero 15, 2026

Francesca, los castros de hoy

  Si Francesca Albanese hubiera estado ayer en Luzaga hubiera estado en una de las mesetas que servía para comunicarse con los otros dos promontorios con los que triangula,hubiera visto, a menos de un kilómetro, las personas que estaban contra ella. Ahora desde las redes se puede ver a quienes les ha puesto unas teclas para creerse dios, el banalizado dios que todos utilizan para darles la razón y que él atiende con una solicitud que agradecen sus, cada uno, amo.

   Francesca, apoyada en la casa que mira al poniente, hubiera dicho, al mandamás o hechicero, que no siempre eran los mismos, pero si tenían una simbiosis de protección muy exagerada, que era un cobarde, pero de la pradera de abajo, como diría Chiquito, sino con su propio pueblo, al exponerle al enfrentamiento con los pobladores de la colina de enfrente. 

   Francesca que no se callaba y se las sabías bastante, no todas, le recriminaba al hechicero, o alcalde, que no siempre eran los mismos pero si se protegían como los del pp de Móstoles con los nacionales, más que estatales, que sus deseos sexuales propios de machos en celo, le hubiera llevado a atacar al Dionisio y Atenea que habían intercambiado fluidos y estaban a esas esfuerzos más que a los de defensa.

    Fredo tenía en los días de viento, mirando esa meseta donde estaba Francesca, a la que nunca se debe dejar de hablar y apoyar por ser quienes se enfrentan a los huracanes humanos. Decíamos que Fredo mandaba construir una muralla para que aquellos belicosos guerreros tuvieran ellos mismos que dar la cara. A Albanese, ya la había protegido en su casa, que tenía dos virtudes, repelía o le resbalaban todas esas miserias que veían de las "tierras de hielo en el corazón" y a la vez, podía ver las bajezas de quienes la enviaban, primero improperios y como aquellos tiempos no daban para esconderse; obligaban a voceros, chamanes y jefes a dar la cara, pues ese triángulo por muchas bajadas y subidas que tuviera, no permitían lo que ahora, seres puestas por industrias de las armas que cogen a pregoneros, o e negre cidos, o a quiles tados y les pagan para que sin vergüenza ninguna, además d sinvergüenzas proclamen que quieren la paz, fabricando armas.

    Ahora que ya te asomas a los promontorios físicos, desde los de la pantalla, tomas bando y en tu casa, con las palomitas químicas, te pintas la cara; con los azúcares de las bebidas, haces espiritismo contra tus enemigos y cuando te cansas, cambias de canal y contemplas, no sabes, si es verdad, que la caída de Vinicius fue provocada por el hundimiento del imperio romano y o es que en el anuncio anterior se había caído agua y el hombre se empotró en un charco. 

     Esas son nuestras guerras de ahora, luego un día, ves que la televisión se apaga sola, que la realidad te lleva al promontorio de "El Doncel" en Luzaga y te ves que la cabra que había llegado hasta allí, la ponen un sayo y vuelve a ponerte una ley por la que puedes volver a trabajar 12 horas y entonces, proclamas

     "Tenemos que salir a la calle", para ya todas las voces se han perdido, diluida en el maremoto de la violencia que te imponen y parece como que de aquel Neolítico, pasaste al feudalismo y te ves entrando por la puerta del castillo, para venderte por unos centavos y ya ni recuerdas, de tu soberbia de cambiar de canal para sumergirte en mundos que al desaparecer golpeado por el muro de las bellaquería de esos chamanes desacomplejados, guiados por simbiosis con los alcaldes, te sacan a los vientos que arrastran los derechos y los sueños a la bocana de los diablos, que aparecen en el carnaval y que va tragando a los seres que no tienen cara porque sólo son nadas, sirvientes.

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