jueves, febrero 12, 2026

Un balcón y la liga de debates

   Desde mi balcón veo mil vidas, unas cuantas penalidades y un esfuerzo en cada una de las personas que pasan por delante por estar dentro de una sociedad para crearse un futuro, que es lo que hacemos.

   Existe un señor con una cartera que se dedica a responder como si fuera un hombre de hace 100 años o uno actual, pero que considera que puede tener esclavizados a los trabajadores que le crean su riqueza.     Cuando aparecen estos últimos, la sociedad no se asusta; prefiere estar dos horas delante de una televisión para ver si una voz vuelve a eyacular otra expresión de desprecio hacía otra mujer. 

   Ahora que el sexo no está tan valorado, bueno si; en los que una voz pueda estimular a unos hombretones con la imagen de unas tetas portadas por una "tonta", es un ejercicio de voyerismo en el que mirar como salivan esos bestias y como la voz mueve la cola alegre por haber hecho la gracia. En esta época es cuando nos vamos abandonando a nuestros miedos, que serán manejados por quienes han conseguido manejar nuestras certezas, que tienen la consistencia de las aguas movedizas

   No sabemos en que posición social estará ese hombre de la cartera que marcha por Argentina, agradeciendo a su presidente el poder trabajar 12 horas; a disposición de sus jefes; que hayan legislado incluso, no sólo penalizar las manifestaciones de adolescentes de 13 años, es lo menos grave, sino cuando apoyan que las horas extras las pague en especie su, ahora, amo. 

   Es más que probable que entre otras gracietas y varías filípicas de sus totems, exista una mayoría en España que piense que Pedro Sánchez es un dictador, y que para dictador, una migrante ecuatoriana, prefiera a Franco y a toda su familia enriquecida. Si buscaba hacer méritos para entrar de interna, puede que tenga esa oportunidad y si además su capataz es un émulo del de arriba, quizás no tenga derecho, pero si un techo y ya sabemos lo importante que es un techo y si no que se lo pregunten a aquel peregrino en Puente de la Reina que creyó estar en una noche de las que narraba Gustavo Adolfo Bécquer.

  Desde tu balcón tengo la facultad de no ver otros mundos y pudiera ser muy parcial, diría aquel que es adoctrinado por envíados que reiterpretan la idea de dios.

  Es Alejandra, es Laura, es Sara; son las mujeres que rompen los marcos quienes son acosadas por escuadristas que harían todo eso y más, disparar, para que callen. Son esos partidos pusilánimes, siempre pulcros, de chaqueta, corbata, misa y asesinados en las cunetas donde no se le da memoria y reparación a sus crímenes. 

   Esos partidos que señalan, con sus Jaimes, sus Rafael, sus copas nocturnas y que financian chiringuitos para que los "más echados para adelante" ejecuten sus deseos de acallar los razonamientos de Sara, de Laura. 

    Razonamientos que en muchos casos serían una bella introducción a la liga de debates de cualquier comunidad. Y donde las alumnas podrían discutir si "personalizadas" y no "cosificadas" sus razonamietos ayudarían a crear una sociedad mejor. 

    A cambio, entramos entre nuestros muros y santificamos los sermones financiados por grandes empresas privadas que sustentant esas cadenas de televisión, pensando que están pensando en nosotros y no en sus beneficios.

   Beatificas imágenes hasta que estas se transforman en escudos y hostias, para defender como estamos viviendo ahora. 

    Como si nos fuera ajeno que las pensiones y las horas de trabajo se hubieran conseguido por la grandeza de espíritu de aquellos que hacen 100 años y ahora, sueñan con tener esclavos a los que alimentar y dar cama para que sigan trabajando

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