lunes, febrero 16, 2026

Penas que arrastran

  Alguien amenaza enfundado en la nada. Deja maderos o cristales como lenguaje. 

  En Madrid, te colocan una cabeza de Casado o un asesor te envía una carta de advertencia, seguro que habrá una fiscal que fue tomada por la equidistancia y yace en la impudicia de ser todo lo que no debería ser la justicia. 

   No es fácil la vida, cuando sólo eres una mercader de tu dignidad.

   La tele entroniza a quien sueña con la relevancia y le prepara para ponerle la corona de espina que llevará con la botella de cicuta preparada por su hacedor, a tomar cuando ya llegue a ser otra Yolanda consumida.

   Oyes libertad y pronunciamientos y te lanzas como un loco a proclamar tus verdades; al momento, te das cuenta que estás en un gran océano; que nadie te escucha y que un gran barco te ha tomado por la popa y eres arrastrado a las tierras de Hades. 

   Inconsciente te giras a la proa y, a la vez que no tienes control de tu nave y vas hacia atrás, declamas grandes palabras que se arremolinan hasta ser parte de un sifón que te lleva al desagüe donde habitan los nadie que se creyeron los bostezos, hechos proclamas, que tararean con la melodía de los villanos quienes son inmunes a sus actos de avaricia, que han vuelto a engordar sus crédulos seguidores que como humanos repiten, una y otra vez, el mismo error.

   Francesca se ha interpuesto a las enormes cabalgatas de olas de los poderosos dirigidos por empresas de armas, creadoras de relatos de odio, vestidos de satén. 

   Albanese mira a los ojos muertos de todos los políticos, albaceas de las grandes empresas inversoras, que te invitan a manejar la cuerda de la guillotina, sin darte cuenta que la caída que tu provocas moverá otra que amenazara tu actos entregados a la codicia

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Siameses y mercader

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