lunes, mayo 25, 2026

Mi doctora y el amante

   Cuando se ha metido por direccion prohibida, Eli no pensaba que estaríamos aparcados cerca del auditorio.

  Se toman decisiones muy "a la ligera"; Philippe se lanzó por la cuesta abajo y le conducía a ese maldito parking. Escuchaba a Stan Getz y el sonido calmaba una naturaleza rendida a su equilibrio y sonoridad.

    No sería en Corcovado pero sobre la mesa desplegaba tonalidades;  en una Eli decide mostrar las joyas que la he ido regalando a lo largo de los años que hemos convivido

    De mi abuela Domínga,  muestra la anilla con la que la mosca tse tse ganó su primera medalla olímpica.  

     La digo, ¡Hostias tampoco hacía falta! 

 Ya dejo escrito la abuela, habrá algun baboso que quiera poner en ridículo a la mosca. 

   No me importa, dejó escrito en trazos moscos; he dado cientos de giros y miles cambios de ritmo.

   Fíjate lo torpe que debe ser, poner el mundo al revés para poder obtener éxito el tal Feijoo y no haberlo logrado pese al sinsentido de mostrarnos las olímpicas moscas

 Te mandan que te calles y c ucos y u defsios se convierten en equilibristas en un circo, pero como no consiguen el éxito que creen merecer, se pasan a Magos y allí,  con tintas, con luces y sobre todo enanos escondidos, cambian la percepción del inmenso seguidor, pues ni aun así termina de creérselo y eso que es tan crédulo que siempre ha pensado tener una amante en su mujer y no una cuartada para creer en el zafio perseguidor.

   Yo hago caso, a mi doctora, a Penélope, llegué con un globo para volar, pero un pinchazo a tiempo, joder como duele

.

No hay comentarios:

Siameses y mercader

Siameses y mercader
Zaida, Fernando y