miércoles, mayo 06, 2026

Francesca, Candy, Luis Enrique...

 Ahora que habitas la indiferencia, nombras a Francesca.

   De ti, ella está muy por encima,

Como no te vas a abrigar con todas las cosas que nombran sobre Luis Enrique. Incluso necesitarás que entre Candy Dulfer para dar un poco equilibrio a tantas palabras de halago y nos deleiten con el resultado de sus esfuerzos y atenciones a las cosas importantes, en las facetas que eligieron para desarrollar sus trabajadores a los que dedican la pasión de los enamorados, con detalles para mantenerla viva

   Existen mundos tomados por la soberbia, incluso de los que podemos creer que llegaremos a entender la música por encima de los que llevan años, primero, mamándola y luego alimentándola con su esfuerzo diario

   Unos cuantos nos encontramos sobrados de nosotros mismos y, te tienen que nombrar otra vez, pan, café, queso, salta, pan frito, plátano, tomate, chocolate, para de una manera suave, decirte que no llegas porque no comprendes que alrededor de tí, existe seres humanos que te están diciendo que la humanidad es lo primero. no los mundos imaginarios en los que crees vivir.

     Francesca Albanese ha llegado a Palestina y se ha quitado de encima todos los ropajes que nos da ser de "la civilización" y como dice Pepe Colubi, se ha enfrentado, desnuda a ver la miseria moral de la sociedad que asesina o deja mutilada a toda una generación de palestinas.

    No ha dejado que la soberbia de verse elevada a los cielos por los medios controlados por esa multinacional del genocidio, la volviera ciega con oropeles, primero y con amenazas y vejaciones, cuando ha mostrado su solidaridad con los que sufren, después

  Sólo ha necesitado escuchar al director de la diligencia, el batería de Candy Dulfer para hacernos sentir los pulsos de sentirnos vivos. Ellas tres nos transmiten la comunicación entre quienes les rodean para saber que podemos hacer un mundo mejor.

   A los soberbios, que con 3 años y medio creemos que podemos prescindir del chocolate metido en un pulso para generar transmisión emociones, Luis Enrique nos saca del campo, porque llevamos demasiado tiempo sin sentir el trabajo que nos aportan los demás para aprender. 

   Sentados en el banquillo, tenemos varias opciones; arengar a las bestias que se excitan cuando damos golpes en el techo o hacemos gestos ostensibles de desaprobación para crear monstruos que nos terminarán engullendo.

   O callar, acordarnos de Francesca, y la dignidad con la que se mueve con el mundo, con el reconocimiento de la gente buena que no especula con armas y muerte. 

    Ahí sentados, escuchar la música que es capaz de generar Candy Dulfer, porque si, ella escucha a su orquesta, porque existen Luis Enrique que sabe que el bajo dará pulsos, la guitarra creara abrazos y el batería la dará confianza para que conduzca sin miedo el saxofón hacía los cielos donde reposa y se derrama la belleza.

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