martes, mayo 19, 2026

Embarcados a tierras raras

  Unas veces, Félix,  subía a un barco y pensaba que daría la vuelta a su mundo y viendo un grumete intuía que este no debería arar una piedra, pero si aguantar la afilada guadaña de quien le despreciaba, incluso, en su forma de poner el cuerpo violentándole. También nuestro héroe tuvo la oportunidad de ver al acosador arrodillado a quien amenazaba con tirarle por la borda por "no cuidar las apariencias"

   Otras, Dori, después de recibir un beso en su paladar, intuía que se había embarcado en un mercante que siempre temía tomar. Tenía nombre de partido o de sucedaneo para calmar ansias que siempre surgen cuando te das cuenta que no todo lo prometido es deuda.

 Le habían puesto upd como podían haberle puesto ciudadanos es el partido aparente tomado por quienes tienen el control del relato. Señores que te hablan de centro y se ponen cachondos cuando dan hostias a quienes educan a sus hijos, si han conseguido que en un instituto publico entren los que expulsan o arrinconan a los diferentes.

    Abordo empiezas a ver pelota fáciles y Dori, pues estaremos peloteando. Cuando ve que se suman los puntos, se plantea llegar no sea que en la nave haya zona de fumadores y te dejen ahumándote sin ser salmón, muy rico, por cierto.

    Félix, que no le hemos olvidado, cuando miraba por estribor veía el pasado. Su barco no se alejaba de la costa más que lo suficiente para saber que no debía volver. Luego porque vio a una tal ¿Dori?, creyó entender se fue a babor y allí el cielo parecía beberse todas las aguas e intuyo que sus habitantes. 

  Así que empezaron a hablar de sus zozobras, que es lo propio en los mares.

   Imagínate que le han quitado el nombre, que homejaneaba, a un almirante que anduvo bombeando a los precarizados de la desbandá. Es historia, ni para el mismo Rajoy, al que un juez le niega importancia histórica, porque impide oír las grabaciones de su traición a la democracia, que es espiar a otro partido, sabía quien era. 

   En esos momentos el berrido de la sirena del mercante soltó un "all right" con un posterior grito sordo de Ignatius, tío,  Ignatius como sirena, ¿que será lo próximo?, ¿Ferreras sin collar, diciendo Visca el Barça?.

   La verdad que la imagen del querido Farray como sirena te lleva a intuir otra Odisea que está por empezar.

    Parada, la isla de los Ciclopes. Por cierto, mil abrazos al Juan que nos abrió su traducción exquisita de este pasaje. El Ciclope, con su ojo, señala una estrella, se ha hecho de noche, aunque paramos a las 17, pero sin té. Es la primera que se han impuesto sobre la tenue luz que teme irse de ese lugar.  Es Garzón, no no el que se rescató de la isla de Elba, sino el aprendiz de comisionista del sistema. Se le liberó de la irrelevancia a través de botellines y si endioso como Dionisos, servidor de trompas de los poderosos, Mamut a los que se entregó.  La estrella es Garzón, juez urdidor de instrucciones alabado cuando señalaba el portal de los otros, gal, eguin, y otros procesos. Pero, al que se le ocurrió apuntar con el dedo, como el admirado protagonista de Regreso al desastre futuro, de los recalciteantes ganadores sin ética. Ahí, Baltasar empezó su descenso a los infiernos, que es que, lo que valía contra unos, contra "mis delicuentes", no vale que es una repetición bíblica de aquel sentencia de un político norteamericano "es un hijo puta pero es nuestro hijodeputa ". Así que ni tocarlo.

    Es lo que tienen los Ciclopes, un ansia descomunal y de la cueva se sale a duras penas.

  Fijate, añade, Félix como caricia, que te empiezan a sobetear a eta, como si una violencia justificara la otra.

  Como si el mantra de la partitocracia no llevara asociada la democracia imperfecta. 

   A no ser, a no ser, se repite Dori que quien reniega de los partidos quisiera el anarquismo como modo, no de gobierno, ¡no, pepe, no! sino de gestión de la sociedad. 

   Aquí Félix, saciado, se desprende del sexo de Dori y busca la piscina para nada entendemos sus búsquedas. 

    Nada que ver con los oleaje terrestres a los que nos aborcan los corderos que se meten en las cuevas, sección,  carencias; nada que ver, por cierto, con la sección Ali Baba, exuberante con lo expoliado en el poblado de Félix y adquirido en las sumisiones de las confiadas gentes, cercanas a Dory

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