Si fuera un ser humano le veríamos ir ocupando la autopista por la que viene hacía nosotros.
Si fuera un animal, pensaríamos que ya ha caído otro en un espacio tan salvaje como la sábana africana; no le habrá dado un bocado otro depredador, sea hiena, sea leona; habrá sido una bala barriobajera, traicionera, ventajista asestada por algún millonario que ha ejecutado en esa bestia lo que ha hecho con sus trabajadores o víctimas de especulación que le sufren.
Si fuera un autobús habría perdido los frenos y como Sandra Bullock veríamos que la desgracia puede estar en el siguiente metro, sea a un lado u otro de la carretera.
Por desgracia es la Educación en la Comunidad de Valencia (¿está vencida en Madrid?) la que va siendo golpeada para que su deterioro, justifique que: "le tengo que llevar a la privada, que me la paga mi vecino y a la vez, me lo aleja de su hijo".
Tumbos también son los jóvenes que son golpeados por la policía en la manifestación por la educación que ha habido allí.
¿Dónde llevan a sus hijos?. Pudiera ser que algunos se crean que en realidad fueron puestos ahí, como nos decía el cómic del que se escribió no hace mucho, por los ricos para que les protejan de los pobres. Aunque las diferentes experiencias nos digan que fueron los primeros quienes se han ido apropiando de os recursos que debieran tener los segundos.
Otra cosa es cuando en vez de dar tumbos, te pones a dar notas y te ilusionas porque conectas varias, pero y eso es lo que nos puede meter en un bucle, que es otra forma de viajar, es que las tengas que dar con una banda.
Ahí empieza la llamada de la música.
¡Ey tú que te quejas tanto!
El metrónomo suena como hace dos meses y las pilas, si se hubiera usado ese medidor lo que se necesita, ¡siempre! se hubieran agotado hace tiempo.
- Bueno, le dices a Narciso, es que, es que, a veces, lo pongo en el móvil.
Muy bien, muy bien, ¿siempre?
Es que tengo que oír a La Base
A la medida se le da el espacio que necesita todo; allí no oyes un tic y, a continuación, la reflexión de Laura Arroyo ¡geniales todas, por cierto!. Como te lo voy a aclarar: si estás a setas, estás a setas.
Lo intento, pero
Escuchar cuando la música te envuelves, no sólo es a tu partitura, es a quien te marcar el ritmo con bombos, es mirar a quien te dirige y es, lo viste ayer, después de escardar, haberte leído las partituras mil, no, no dos; no, no, las veces necesarias para que te sean familiares y si, haber practicado las escalas, otras cientos de veces. Ahí están lo que luego harás junto con tubas, tenores, clarinetes, flauta, y más.
Si a las escalas
¡ No me hables, por favor, no me hables!, la mayor, la menor, la pentatónica, también menores mayores, igual que los blues, la mixolidia. Me vienen por las noches y merodean por mi cama.
La Mixolidia quiere desarroparme. El blues, para mí que quiere hacer el amor. La mayor se pone dulce y la menor, me dice que salga de esa vaguería y nos vayamos a descubrir mundos, muchas veces tristes. Al oído me susurra
¡Que raro que se enfaden quienes se jactan de asesinar niños porque Lamine haya cogido la bandera del pueblo que sufre ese exterminio. Y va y la escala menor también me suelta, porque si estamos a Rolex, pues ya está a Rolex. Las cosas tal y como son, como diría Tarzán, a pecho descubierto.
A Sinner, le coge de la mano Sofía, una niña en tratamiento oncológico y ella se pone a botar por fuera y por dentro, seguro que repara tristezas y miedos. A Hijam le podría pasar lo mismo, pero esa pareja que anda de vacaciones por Vietnam, no sabemos que les habrán metido en la cabeza, a parte de miedo al diferente pero prefirieron ser parte de los que disparan, aunque estos no son millonarios, sólo una parte de un sistema de terror.
Se van a miles de kilómetros para salir de esa opresión que se han impuesto ellos mismos. A Ahmed también le gustaría estar tocando un instrumento y Kevir que le arrancarán el sueño de estar en "la luna" la mayoría de los días, fue cuestión del disparo, ciego de humanidad, de quien luego la busca en la Patagonia.
A tumbos, el que gana ahora, en cuanto a las cosas intrascendentes de la vida, es el Real Madrid, un equipo femenino, sin corazón, ni "alma", que se ha puesto ahí, como adorno, porque "eh niña, ¡¡¡¡tu que vas a saber de fútbol!!!!. Cuando todo es mentira, pasa que a Marta Corredera se la hiciera la vida imposible por querer ser madre. Vas dando puntada, sin hilo porque cogen, luego los del palco, las ferias de los horrores, tienes ovillo y te hacen un traje de fuerza y los periodistas, bueno, los abducidos te hacen creer que es un traje de luces. Así que terminas en jugadores, que son todo lo opuesto a lo que ves en los Gavi, Pedri, Cubarsi, Marc Bernal y cientos más, aquí entre letreros luminosos de un cielo de cartón piedra, ves a soberbios que se han creído que el mundo es el que les ofrecen esa televisión a la deriva que se pone morcillona con ella misma, mirándose en un espejo transvestido. Y al mando un capitán, que se ama a si mismo.
Nos desprendemos de la tecla y nos narramos en las escalas y de ahí, a sentir, primero el metrónomo, luego tus compañeras y todo transmitirlo a quienes nos escucharán para revivir aquella noche donde bailó con quien fue su compañero y otros, sentirán
¡qué arte tiene mi pequeñas! Y entre medias, tomar el volante para recorrer inspiraciones
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