Llega Ignatius, tu mente no permanecerá igual. Te conformas en la vida con que te devuelvan para arropar las palabras de tus creencias y con esos ropajes no te queda más remedio que justificar tus pasos y votos, porque
¿Qué sería verte desnudo habiendo entregado tu voto a la niña "apariencias" que poco a poco, pese a que se rodeaa de quienes la alaban, vas comprendiendo que su afán es ser una corrupta porque acepta que grandes empresas vayan deteriorando la Sanidad Pública?
Tienes mil excusas para atacar al otro, al diferente; e Ignatius te dice "eh, yo ataco a los católicos, que han cometido delito, porque le doy "prioridad nacional" a lo nuestro" y te lanza un espejo de sátira y compruebas las estupideces en las que languidecen todas las vestiduras en las que te envuelven.
No existe margen para el enfado, sino para la reconsideración cuando, al final, meter chocolate en un pulso y en el siguiente, café o tomate.
Sólo es darse cuenta que las certezas están para ser escuchadas en la big band que acompañaba a Susana Ruiz o en los ritmos cubanos de Roman. Se deshacen como azucarillos en agua todas las mediocres actuaciones con las que te has justificado que el metrónomo estaba funcionando pero con la cabeza en otras medidas.
Que Millán, Resines e Ignatius vistan un fin de un programa es lo más real que te puedes encontrar una mañana.
Le llaman humorismo surrealista cuando cada uno lanza palabras trepanadoras a los edificios bienpensantes.
Nada es tan promiscuo como esa relación incestuosa entre personajes de la judicatura y partidos políticos que les han puesto mirando a Roma, como diría Salcedo.
De las exageraciones de este último se vuelve; de una persona que perdona las mentiras y falsedades que se lanzan contra una mujer, por mucho que lo sea del presidente del gobierno y, a la vez, esta juez termina siendo burlada por la perdonada, no se recupera la decencia con facilidad.
Son los que tienen las burlas haciendo quien debieras respetar porque no están en tu mundo; que un día terminas siendo el hazmerreir de tertulias deportivas, porque en estas, los límites son las ventas del producto, sacándose, si se puede, hasta los higadillos.
Ni hubo comedimienta, de todas radios y televisiones con intereses en audiencias para productos a vender, con Luis Enrique; ni a Iñigo Pérez, le pedirá perdón un comediante futbolero que defendió a quien el mismo sabía que era indefendible porque era más que un simulacro de jugador, un vividor, en medio de la formación de un equipo de fútbol, con valores y respeto por cada uno de sus miembros, que si que trabajaban.
Recorrer el humor, para comprender la humillación de quien se vuelve con la soberbia entre las piernas y sus bufones, eso sí, bien pagados, tienen que salir a mentir todavía más con sus bufonadas, llenas de cabriolas a la realidad y panderetas sin afinar.
Un día, hasta sus crédulos se darán cuenta de las crueles sátiras que han ido siguiendo, votar a quienes les roban sus dineros, la Sanidad Pública y la dignidad por creer que con las banderas, se puede caminar a ciegas, hasta la caída final, Banksy, dixit
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