jueves, mayo 21, 2026

Escrutar en un cuadro y una firma

 Me pasa que paro muchos días para mirar el propio cuadro de mi vida

  ¡Joder!, lo tengo que soltar, estoy orgulloso. Hay dias que me entrego minutos a su contemplación, que en estos tiempos son horas y en otras, segundos, fijándome en detalles  muy nimios pero que se reviven y me remueven en lo más profundo.

   Uno fue aquel en el que mi padre tuvo que salvar a un desaprensivo que no sabía utilizar la máquina mas elemental del mundo. Ese día, en la familia tomamos conciencia de lo jodio que puede llegar a estar alguien.

   Si vengo de comprar, en el cuadro renace algunas de las carencias por las que pasamos y alguna humillación si quisimos comer algo que en aquel momento no pudimos costearnos.

   Cuando estoy cansado, me balanceo sobre las cientos de horas anclado a una silla, un potro de tortura en el que se clavaban ilusiones y normas. Un dia, igual a miles. Sin perder la esperanza pero duro, a más no poder. Temía convertirme en una bestia o una máquina sin sentimientos.

   También,  estaban ellas ahí, sensaciones de no ser valorada o incluso que me sometiera en demasia a quien pudiera abrirme aquella pesada puerta que queria atravesar con orgullo de servyo. 

  Veo en la esquina superior izquierda, la excelencia que me otorgan.  Incluso ilustrisima

   Buau, lloraba mi familia al ver el grado de reconocimiento hacia mi, ellas.

    Lo firmaba la más alta autoridad del Estado. De puño y letras. Me imagino que no le templaria el pulso. Acostumbrado a disparar a todo bicho viviente, sin excepción. 

      Mira, ¡Mira aquellos dias! Ya había aprobado y una estancia de meses,  compartiendo vida con Cruyff. Un tio que cambio el fútbol en Barcelona.

     Nosotros éramos también la élite. 

     Aquí me tienes, viendo en ese cuadro, ahora el espejo de mi impotencia para cambiar una inercia de seguir gobernando los corruptos. 

     Cualquiera se atreve a aplicarles la justicia para la que tanto me prepare.

    La corrupción de jueces y magistrados es la ruina del Estado. Cicerón

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