sábado, mayo 23, 2026

Once, ascensiòn en democracia

  Se acaban momentos ficticios parar corroborar los suelos que te sustentan entre rupturas.

  En aquel bar, vuelvo y ya no encuentro ni a José Marti,  ni al fiscal Mena. Alguien observa con igual desprecio, por su superioridad digamos que pecuaria.

   Antes de irse, amaga con vomitar como buen Manolo; un grande el entrenador del Espanyol. Este, ser superior cuando va a potar, le meto en el libro de Kae y le minimizar. 

  Dulce le recuerda que sus compañeros, hoy, permiten que en ladrón,  primero, evasor y mentiroso se manifieste por las calles de Madrid, como un chulapo.

   ¿No le incómoda que su percepción de la democracia se la enmierde tal personaje? Le pregunta agria, Dulce.

  A mi no me incumbe, no le contesta mas que con su mirada de odio.

   Ni eso, ni que las esclavas, maestras, eduquen a sus hijas, ya las colocará él.

   Un pedante le da la razón, ¡joder!  peor es la partitocracia. Mejor los individuos y si es rico pues mejor. 

Algo habrá hecho y se queda mirando a Víctor de Aldama.

   Oh nooooooo!

 ¡Es un juez tio! Proclama el trono del otro

  Existen algunos Moro, éstos traicionan trabajan para ellos y su provecho; otros que saben de los campos de exterminio, para los justos que es salir por peteneras

    ¿A ellos?

    Con uno, vale. Los demás callaran para siempre.

     ¿Subirán a los cielos, a los que dicen creer y querer llegar?

     Antes un camello, José,  atravesara los ojos del Guadiana y Penélope no se quedará esperando, y por lo tanto el traje lo terminará Agustín. 

    Bueno, no del todo, pero, al menos, satisfecha, la persona infame que proclama libertades a los desheredaros. 

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