Cálido, blando y vivo en suave movimiento, constante. Así encontramos todas las abejas de una colmena cuando el frío ataca.
Josy sabe que deberá protegerlas, por seres vivos, porque mama se dio cuenta que el abuelo tenía un pedazo de su tierra entre aquellos cuadros y porque, ¡qué leches! la miel estaba buenísima.
Cuando vuelven "en bucle", las imágenes de Ignatius Farray con sus dos últimas intervenciones en el "avivir", en su entrada gloriosa al teatro donde hacen la ultima hora de los sábados, no puedes, por menos que hacer como Antonio Resines, este sábado pasado, esconder la cabeza o en un momento determinado, trata hasta de esconderse debajo de la mesa.
Ignatius, un humorista desmedido, es un ser humano con un corazón más grande que su ironía.
Su apariencia exterior es la excusa suficiente, para las mentes bienpensantes para denostarlo y en el caso de estas, decir "que horror", por su vestimenta, no por la denuncia que hace del abandono que sufrieron las personas sin seguro privado que estaban en las residencias de Madrid, ni los acosos que sufren políticos y periodistas, por parte del PP que financian a la marioneta Vito Quiles, un día y otro, algunos otros émulos, amancebados al dinero que les suministran, hasta de Calvia, que asustaba a alguna concejal, lo suficiente lejana para no poder creer esos dispendios para ejercer violencia.
Millan, desatado, Antonio, irónico y los jóvenes humoristas siguen el ritmo infernal de racionalidad que les pone Ignatius, demasiado sensible para una sociedad que aceptar que les mientan para consolidar sus creencias.
En nuestro Rincón, también nos refugiamos y nos hacemos un ovillo para sentirnos protegidos; unas desde el silencio nos crean corazones sobre los que caer cuando el cansancio nos aprieta; otras, las vemos, no con las agujas, ni con sus lanas, pero las tienen y con ellas van tejiendo prendas en las que se van acomodando personas mayores y jóvenes que se escapan de la pantalla, aunque luego les ponga una Sumup para volverse tarumba. Resulta que se han vendido 90 libros en la feria de Guadalajara y si piensas en la cantidad de hojas, pues podría ser como el operario que a las 8 de la mañana puso en marcha la sopladora y las podrías ir acumulando para luego hacer un compost y si, alimentar la vida de la Huerta.
Pero las hojas de los libros vendidos, contienen, abuelos, consejos, dibujos, versos, sueños, un niño expulsado del suelo por globos que le mostrarán los bosques, mujeres que escriben para que sus pueblos, palestinos echen agua por sus fuentes y caminen por los jardines que se merecen y que las "bestias" que dejamos crecer van devorando como el peor de los hongos.
En esos 90 recipientes, existen joyas, lágrimas, terrores, abusos, derrotas y partidas desde una Silesia que se tuvo que abandonar porque el sueño de, todavía, más grandeza de los fortunas alemanas que habían creado el monstruo nazi, tras su derrota, les apartó de unas tierras con entrañas enraizadas por siglos.
Sigue pasando ahora; poderosos insaciables, ponen a crápulas sin alma a ensalzarnos con prioridades nacionales, menos mal que, aún no se ha ido, tenemos ahí a Ignatius, que afirma que su humor corrosivo sobre una iglesia silente, que no con garras para acaparar dineros, es por "prioridad nacional"; de un plumazo borraría la estupidez de la consigna, pero para eso tendría que haber seres que se removieran de su zona de confort nacional y buscarán rehacerse como seres humanos, malos tiempos cuando se ha entregado al móvil nuestra capacidad de destrozar los apriorismos en los que vivimos.
Quienes lo logran, actúan con el corazón que bombea sangre a la reflexión de sus cerebros; y al frío del egoísmo que devora perspectivas, se le desnuda primero, y luego abriga, con las ropas de segunda, los libros ya leídos y los por leer; se les da olores y sabores con los productos de cercanía, se dan perspectivas con la artesanía y los dibujos nos congregan para en el Rincón, y ahí, nos hacernos ovillos, para cuidar también nuestro cuerpo en seres batientes y exploradores
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