lunes, octubre 18, 2021

Esos ojos verdes

 Llena una página con esos ojos verdes, de forma subsidiaría cuando adorna su aspecto salvaje con unos pelos que parecen abandonados.

 Es Paula, una jugadora de tenis que se ha acercado a la élite. Se nos hace visible con su juego, cada vez más sólido, y no sabes la consistencia que tendrá en su futuro, que es sólo suyo.

 Los años, sin embargo, te hacen parlanchin, que no sabío y te aproximan al recuerdo de otras vidas con éxitos que fueron fugaces en su duración, arrastradas o tranformadas por muchos fuegos que no tienen porque ser malos 

  La humaniza su recorrido por los caminos  que mas se rebelan a ser reconocidos en nosotros mismos o en nuestros héroes, la depresión. El reconocimiento de esa lesión, no visible es el comienzo de empezar a curarla, igual que en una fractura, empezar por entablillar la zona afectada. 

  Nadie puede disimular esa fractura, pero, hasta ahora, ha habido una estigmatización  de esas enfermedades mentales que también son curables y superables. Ha habido bestias que han jugado a banalizar o degradar ese problema, quizás por hacer méritos para seguir siendo un parásito. Alguna vez, de entre los suyos, habla salido una voz dolorida, angustiada, quebrada que haya dicho: ¿Por qué no te callas?, pero esta vez con la legitimidad de una herida imposible de cerrar, si de convivir con ella.

  Su belleza exterior es incuestionable, pero ser capaz de dar un equilibrio en su vida, es una tarea aún más abrumadora y bella, que empezó a tallar desde la conciencia de su propio yo y con el apoyo de tantas personas que le rodean.

  En tu yo, tener conciencia de su lucha, la humaniza para que no sea un capricho de tu adoración por el ęxito exterior.

  Ser, encontrándose desde las más gélidas profundidades, donde se tallan los reconocimientos

 

Paddie

 Paddie Moloney, Chieftain; la música de un tiempo. Las notas de vida. El abrigo que al oírlo siempre te acaricia para calmar el frio helador que amenaza tus paseos por Dublin.

 Primero, fue su música; unos días, el campeonato de Europa de Kayak Polo y luego una precedente primera semana que con la magía de Sweeny's Chemist, se prolongó por otras tres navidades.

 Eran las palabras las que envolvían, hoy, 5 horas podando una viña. El dolor lumbar y rodeado del  paisaje, que dibujaba Paddie, de su amada Ireland con una gaita que nos envuelve en nuestros sitios amados.

  Buscar cada sarmiento con el afán de prepararlo para el año que viene. Cepas que ya habían empezado a secarse y que algunas parecen querer agarrarse a la vida, como para dibujarte una nueva oportunidad.

  No levantar la cabeza, porque cuando llegabas andando, cansado de la labranza del día anterior, te has quedado la belleza de este pequeño valle, lleno de significados, lleno de sudores, de cansancios aún más profundos y de miedos de no poder llegar a alimentar a tu familia o de ser acosado por mensajeros del terror.

  En ese espacio me sumerjo, para salir horas después, con la sensación de haber estado protegido por la tierra que amo y por haber oído un "avivir" que este fin de semana ha estado lleno de descubrimientos. El libro de Rodrigo Terrasa, el de David Trueba que parece tiene que ser comprado, por la inteligencia con la que lo ha expuesto ante Oscar y Javier. También hubo entrevistas, como dijo Gloria Steinem, llenas de preguntas para buscar, como en los pulgares de la cepa, el momento justo para que la fuerza emane para otra primavera asombrosa.

  Paddie Moloney, Chieftains y el sentimiento a una raiz

sábado, octubre 16, 2021

No me busques entre matorrales

 A la cabras, la veo estabuladas, en mil horizontes cerrados. No se lo quiero decir al bajista. Él ha ido quitando cuerdas, por los lugares por donde he ido pasando.

  El sonido de aquel espacio sigue siendo especial pero las sucesivas ausencias limitaron los cielos en los que se iban bañando las tierras engendradas.

  En la continuación del descenso por sus vibraciones escuchas aquellas casi imperceptibles que narra Rodrigo Terrasa,  en su libro: "la Fira de la Euforia, una hipotesis de la mafía". Periodista de Valencia, que en la tertulia de Cómicos del "avivir" habla de su libro y da detalles de todos los tiempos y todos los espacios donde se suceden las corrupciones.

  Te encuentras sorprendido cuando recoges la afirmación de algun interlocutor, al que intentas respetar en su opinión, que habla de su interés por la política.

  Miras, remiras, y ante las escasas cuerdas, vestidas con triquini y montadas en los "autos locos" que corrían en nuestra niñez para ser siempre vencidas. Las noticias que se escurrían entre el plomo de las exhibiciones impúdicas en exhibiciones deportivas, en edificios funerarios para la dignidad, te sajan el entendimiento los pormenores de las presiones que debieron recibir los que quisieron ser dignos como funcionarios, periodistas o en cualquier otro cargo que era golpeado con una maza inmisirecorde por la contundencia de un poder otorgado por esos votantes de ideales limpidos, en ruedas cuadradas. 

  El delirio se había instalado en la sociedad como una montaña que era de oro. De ella, sus reyes magos les iban robando, un poco, el futuro de aquel pueblo obnubilado y sobre todo el dinero y los recursos para terminar disuelta una pista de automovilismo en un lugar para asentamiento de chabolas. Hoy, volvía a ser público, un hospital de la provincia de Alicante, que habían entregado a alguna de las magníficas empresas, que sólo intentan mamar del Estado, mientras van poniendo trajes a los que exhiben en tik toks de bailables segundos

  Rodrigo y Miguel Ángel Campos, cronista de juzgados para la Cadenaser, insisten que aquello pasaba y con mucha perspicacia y trabajo hicieron un buen periodismo, que siempre existirá. Las presiones subterráneas a las personas, algunas afirman que no se volverían a exponer, a los medios para los que trabajaban y a las empresas que debían pagar esa publicidad eran demoníacas y criminales. Algunos periodistas, porque era el pan y el pago de su hipoteca, callaron y siguieron zombies en sus trabajos; muchos funcionarios sufrieron depresiones, postergamientos y amenazas. 

  Duele siempre esa equidistancia entre los infiernos y las basuras arrojada, por un lado y las informaciones que se pueden contrastar, pero son obtenidas desde un cumplimiento de la ética periodística. 

  Existe Philippe Lanchon, superviviente de los atentados a los Charlie Hebdo para desbrozar los matorrales que nos protegen de los miedos. Lo afirmo con Gemma Nierga, años antes, quizás en la presentación de su libro "el colgajo", y lo vuelve a defender con Javier del Pino, pese al cielo que le cayó, sin santos que les abriera la puerta, por agarrarse a los golpes de una vida a la que se aferró.

viernes, octubre 15, 2021

el café irlandes

 Parafraseando a un cronista de la ciudad que empezaba sus crónicas, con "estando en el bar para esas familias de antiguo abolengo "; empiezo la crónica de aquel día, durante las fiestas de la ciudad, en que nos hallábamos en aquel primo número que apellidaba al nombre medieval. Mis compañeros de fatiga ya trabajaban; yo, ahora me lo recuerda el tiempo necesario para la jubilación, andaba por esos estudios que tanto se me atragantaban y que me hacía agarrarme al botellin de tantas y tantas noches.

 Mientras las dos personas a las que acompañaba pedían el famoso "café irlandes", era necesario "ponerse a tono" para entrar en ambiente de las fiestas. Nada pasaba, conversaciones de esos días. De la intranscendencia de una no amistad, sin que por ello reconozcamos trascendencia incluso en la amistad.

 A la segunda petición de una repetición de una cara bebida como para mí podía ser "ese café irlandes", percibí algo en mi interior que no se si había vivido hasta entonces en mi nube  de cierta confortabilidad. El camarero, con el que tiempo después viviría la misería de un trabajador sometido, miro al dueño como dudando que tuvieramos la capacidad de pagar aquellos alcohólicos manjares. Mis compis, andaban en sus historias, pero yo en algunos momentos he tenido las antenas desplegadas para oír lo que pasaba por los alrededores. 

  El dueño me lanzó con una fuerza descomunal a la realidad y al saber donde estaba mi lugar. Le confirmo a su servidor que les diera lo pedido que los pobres tienen también derecho a tomar, algunas veces, esos cafés tan exóticos para mí.

  Qué se lo dijera a un sirviente y este, siempre desmostrará esa sumisión, supera mi capacidad de comprensión de los medios por los que reciben la información quienes luego soportan a esos patrones que apoyan a políticas que, haciendo populismo bajando impuesto, sobre todo a los ricos, después defienden que 

    La educación no es derecho para todas. Y entonces, comprendes porque tantas fuerzas de la sociedad que salen beneficiadas, gastan tanto dinero para mantener a esos yonkis de la desinformación con sus publicidades que antes hemos pagado en los sobrecostes de tanta obra pública.

jueves, octubre 14, 2021

La entrevista

 Debido a mi cargo importante he sido entrevistado en la hora de máxima de allí en mi bar de referencia. Quieren que hable en alemán para la audiencia que va a celebrar el cumpleaños de aquella edificación.

 El aviso me lo ha dado, Chanqueto, el primo de aquel adelantado que metió la "e" en su nombre, Chanquete, insigne navegante de aquel enorme río Henares, en algunos momentos de desbordamiento. Menos mal que ahora, con tanta fábrica, lo mismo decide, el río, hacerse subterráneo, y ya actuamos en modo "debajo de la alfombra". 

 El caso que aquí me hallo, con mi enésimo cuaderno, solución final siempre me digo, en el que resumo todo lo leido en los comics.

  Uyyy! perdón comics. Deben llevar razón, yo, de cultura, porque digo que conozco a Bob Dylan, si, a óscuras lo leo, pero por lo demás nada. 

   Me preguntan cuántos museos has visitado en Berlín, como si yo tuviera que saber que existen muchos allí.

  Así que yo me refugié en los comics donde fue profundizando en el desconocimiento de lo que soy. Fue ardúa la tarea y muchas las vueltas dadas para sentir el cariño que siento por aquel espacio. Sin que por ello los comprendiera y ellos supieran lo que bullía en el caos. 

  En los comics encontré tantas historias que me iba a diferentes bibliotecas para ver si podía encontrar a los personajes que borbotean rebuznos desde los abismos donde son exhibidos como seres finales, de luz. 

Renuncié allí; todo era más normal y tras unos minutos de titubeos, que fueron zozobra en naves que nunca serán guiados por faros, empecé a trastabillearme con el alemán y cada vez que soltaba una palabra crecía un desierto por el que vagar. Tras aquella oscuridad, vino la entrevista

 Dijeron que la harían en castellano pero que había que tener cuajo, para llevar una hora hablando, pero sin sentido, como si eso fuera difícil, cuando no se tiene vergüenza y te sientes protegido.

 

   

martes, octubre 12, 2021

Berraco

 Lo estoy, no lo puedo negar; estoy más que berraco. Durante tres días he estado en la montaña. Esa que nos acoge en nuestros sueños de superar todas las dificultades a la que me debo enfrentar como ser humano. 

 Me he refugiado en el silencio e inspirado el aire, que había destilado el sabor de las hojas del arce. Cada poro lo ha poseido en un mutúo encuentro. Me llegaban, también, el olor de animal abatido, el de la tierra humeda. En algunos, me recreaba, en otros expelía mis odios, por entrenarlos.

 El día ha llegado, he tomado el tren, no el de las 3 y 10 porque me hacía sospechar que quien lo cantaba lo hacía porque llegará tarde. Allí me he encontrado con un despistado compañero. Me afirma que iba a comprar libros. Me lo creo, no tiene pinta de tener dentro todo lo que yo tengo. Tiene pinta de escuchar la poesía de Lou Reed, no quiero pensar que la pueda cantar; lo mismo tiene más pulmones que yo. 

 En fín, que hemos llegado a nuestro destino; si, mi mujer y yo. Que quiere que les diga, somos un matrimonio tradicional. Ella, a veces, tiene miedo que el telepredicador pudiera ser mi amante; por como le escucho arrebatado. Es que es para quererlo. Lo claro, lo desinbido que se lanza sobre los problemas más peliagudos.

  Muchas veces pienso que es mejor que mis compañeros no sepan como nos ponemos, ella y yo. Este de hecho se ha bajado en la estación anterior, para comprar libros. ¡Quien quiere libros, si los que los leen los explican de maravilla

   Así que allí estaban todos nuestros compañeros y compañeras. A la primera arenga, he respondido con un exabrupto aireado con los vientos guardados de estos días.

   Todos me han mirado, como para mostrar su aquiescencia con mis actos; en sus ojos había una sana envidía y alguna lagrimilla que otra por la belleza con la que salió el insulto de mi cerebro.

    El tiempo se ha parado, me he conmovido en lo más profundo de mi corazón; la neurona ha notado como si la colada de su hirviente patriotismo fuera a inundar todo aquel espacio sobre el que nadariamos los elegidos y ebullirian los descreidos.

    Entonces he mirado al cielo, como para buscar su aprobación, como entrar en comunión con nuestro Dios, que sólo nosotros sabemos interpretar. Le he invocado una señal.

    Dibujada en el cielo:

       La bandera republicana

¿Por que Harry pidió su circumcision de nosotros dos?

   


 



lunes, octubre 11, 2021

La palabra que bala

 En el paisaje se encuentran nogales. Un día alguien me enseñó fotos de aquel mismo espacio, pero hecha, 80 años antes. No había nada, es como si aquella tierra tuviera el hambre de Miguel Hernández. Llovieron piedras, igual que árboles; durante años crecieron pero con la arbitrariedad de los vientos gélidos de la sierra, que casi siempre les castigaba y muy de vez en cuando les concedía que las ubres de las ramas amamantará a las nueces, hasta darles la consistencia con la que luego, por ejemplo, cubría el alajú.

 Al arar la tierra, todo mi ser se envuelve en un halo de gasolina. La mente intenta escapar de esas cadenas y contempla el lugar donde las patatas y las cebollas pugnaron por guardar las esencias que ahora agradecen algunas de las que ya las ha comido. 

 Cuando un día, con un despertador metódico que no está al tanto de las fiestas humanas, te despiertas en una hora anterior a lo que la mente y el cuerpo te reclamaba, tú, por apagar esa luz que te golpea la oscuridad que te enriquece, te ves investido de otro sol, el de los instagram de segundos que raptan tu mente. En la prisión del Tánger de las imágenes, el cerebro y las manos se desconectan, el ventanuco no muestra la luna y sus barrotes se desprenden para ser los bastones que te anclan a lo extraño. Sientes que esos cuarenta minutos ha sido el camastro sobre el que te acomodarás y admitirás tu supervivencia en los alimentos que te van proyectando por el agujero de la puerta por donde te lo introducen, ya cocinados.

  No muy lejos, cuando ya has admitido ese fracaso, contemplas cuatro libros que son la llave para abrir esa cárcel: el de "la revuelta de las putas" de Amelia Tiganus es un golpe a tantas estampas comunes que vemos en nuestras rutas, sin pararnos a escuchar a quienes ponen sus agujeros para un sueño de masculinidad. Es tan duro, con muchas y largas disgresiones, como la lucha que debió emprender para comunicar su cuerpo con su mente y sentimientos.

   "España" de Santiago Alba Rico y "los Taliban" de Ahmed Rashid requerirá asistir a las plazas, campos y ríos de donde saquemos cervezas de divergencias, pinos sin maleza que les prenda y aguas que sofoquen tanta sed, pero "El infinito en un junco", al desprender su precinto, ya en su primera página me anima con los pulsos de las letras que cobran sentido en las palabras y de ahí, como en un aeropuerto promete integrarme unas alas sobre las que sobrevolar tantas tierras. Sólo que parece ponerme una condición.

   No serás parte de esos vuelos superfluos que te dieron el placer ansioso de un instante; pasarás a tener la condena de tu humanización para ser parte de la comprensión del otro.

  No muy lejos, ella, alumna ávida de desentrañar el porque del poder de las lianas que pugnan por extraer los zumos de su necesidad de exploración, reclama una historia escrita entre las brumas de un día invernal que escondió una pepita de la que años después, brotó la necesidad de volver a adentrarte en lo que de pequeño, en esos vuelos sin dueño, te ofrecían sólo dulzuras fugadas.

Siameses y mercader

Siameses y mercader
Zaida, Fernando y