viernes, julio 24, 2026

Un regalo

 No tienes conversaciones, apenas. 

   Eso sí, cuando surgen las disfrutas y sobre todo te da la oportunidad a comprobar como hilas. Bien, gracias.

   Brota dolor de una persona trabajadora. 

  A su alrededor, de sus entrañas, crece el caos.

  Ella, que después de más de 30 años, ha sido la gestora que ha dado confianza a cientos de persona. 

   En su momento no estudio, pero cuando llegó el momento lo hizo para ofrecer a quienes confiaban en ella, productos conocidos y de garantías.

    Se remueven sus cimientos. Surgió la oportunidad que tampoco se formará quien le nació. 

    Pasó lo siguiente, a este no le surgió la necesidad de estudiar para comprender todo lo que estaba pasando. 

    Este paso se lo dio a ellos, esos seres que les hablan de grandeza de patriotas, de gente que se lleva el dinero, porque cree en una Sanidad Pública, en un Educación Pública que forme a todos. 

    Le dan certezas para que odien a quienes se llevan el dinero que han ido generando, para recibirlo en su jubilación.

    Se lesionan y no comprenden que les está protegiendo un estado, ese al que llamar Patria y al que quieren libre. 

    Esa libertad pertenece sólo a quienes les adoctrinan. Ellos cubren el hueco que les piden, que es fidelidad y que los "otros", los famosos "otros" son los malos. Aunque luchen para que su lesión no le aparte de su trabajo.

    Ella ha luchado cada milímetro de terreno que tiene y cada espacio en la sociedad en el que ha dado seguridad a sus clientes. 

    Duele que crezca un futuro, con las perspectivas del odio que dan las certezas teledirigidas por quienes luego no se hacen responsables de nada. 

    Crear marionetas interpuestas para que mientras las grandes fortunas se sigan haciendo más ricas, no por los riesgos tomados, ni por su denodado trabajo, sino porque una sociedad estable le ha dado la oportunidad de enriquecerse. Hablan como profetas, reclaman ser tratados como dioses mientras, a su alrededor el trabajador mueve el tren, el funcionario gestiona un papel, el operario enciende a su hora lo que le va a dar seguridad al soberbio.

     No muy lejos, los patriotas que no aseguran la naturaleza, que dan la patria a las grandes empresas de fuera, que venden los pisos donde vivirían los "españoles"; y compran armas porque creen que la seguridad sólo se impone con violencia y no con crear condiciones dignas de convivencia. Esos patriotas se forran y buscan ejércitos formados por sus consignas que tienen la raíz de la nada.

     Y ella, ella, con su trabajo, su pericia, su formación es parte de los cimientos donde en el que ocurren las cosas bellas.

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