Artículo de Juan Bordera y Antonio Turiel en CTXT
Un poquito de agua, salir tarde y vagar entre notas puede ser un remedio para otro verano, el más cálido de los anteriores.
Algunos recurren al consabido "hubo veranos que hicieron mucho calor", pero ni fueron continuos, y como detalle el agua regaba diferentes vegas, en las que ahora, apenas se intuye rasgos de alguna humedad, incluso primaveral.
Existe una llamada élite que quiere dominar en este estado de cosas.
No quieren que se tomen medidas urgentes en las que todos compartiéramos un objetivo común de supervivencia, sólo estar ellos arriba y que mueran los de abajo.
La última salvajada de preocuparse de las pajas de de cada uno, es el culmen de considerar con diferentes taras mentales a sus seguidores.
Admitir, incluso con la frase "iban a morir igual" la muerte de los nacidos y manejar las manos y las mentes en sus momentos íntimos.
Toman a un dios para lanzarlo con violencia contra el otro que le cuestiona mientras fabulan y conspiran contra el significado que pretenden dar a ese ídolo fabricado.
Escuchando a Inna reflexiona Aspaviento sobre su permanentes escritos contra los que cree personas bestias, ejecutando sus animaladas.
A cambio, parece que correr entre pinos, viendo una belleza impactante parece no tener importancia, ni ese gigante arbóreo que ha diseñado unos brazos para acunarte.
Describirlo llevaría veinte hojas y 200 gotas de lágrimas porque su belleza te sería indescriptible ponerla en esos mínimos containers de pasta.
Es liviano este adjetivo y la nueva frase da demasiadas vueltas para ser precisa, cuando podrías haber escrito "tenía tantos brazos que atendía sus miedos, sus hambres, les daba alegría, cubrían sus miedos y aún tenían tiempo, las hojas más bajas de hacerles cosquillas para crear una comunión de un cuidado mutuo".
Está bien que le pusiera el nombre técnico latino, que datara su nacimiento, que intuyeran los años y como habían sido de secos o lluviosos, pero dar un valor humano a sus servicios había sido muy preciso, debiera reconocer.
Atino te señala por no ser capaz de dar valor a aquel castro o en una recuperación atinada de una puerta. Podrías describir su inicio; el origen de aquel pueblo, el servicio que hacía, a quien se lo hacía, porque se tuvieron que dividir.
Se podría utilizar la historia, la geografía, la física y darle un envoltorio con una literatura profunda, tamizada por el tiempo.
A cambio
Volvía, una y otra vez a describir la bajeza moral de quienes hablaban desde el trono del sillón de Moralidad, que nunca tendrían en sus actos. Esos aznares que sólo tenían la desvergüenza y de sentirse impunes porque sabían servían a los más salvajes.
Señalaba, por no apuntarse a si mismo, a quienes provocaban muertes y las volvían a generar sobre otros, porque en una democracia algunos que los votos que sustentan a los mismos que ejecutan esos actos, vienen de su indiferencia y del "yo sólo introduzco el sobre", para tratar de eludir sus responsabilidad, por supuesto, como decía ayer ese joven desnortado argentino, es que todos son iguales.
Sin darse cuenta que él también es igual a quien le da la administración de sus indiferencias.
Escriben Juan y Antonio sobre la profundidad de los problemas. A cambio cuatro embozados nos hablan de un grave problema de la "prioridad nacional" que no es su propia estupidez sino un nuevo intento de distraer la atención y seguir generando ganancias a partir de las muertes de, a veces, algunos de sus crédulos, otras de "esos", nada importante si se les elimina.
Un hola a descubrirse entre notas y olas, a las que surfear y a las que nos deja que te ahoguen
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