Por graciosetes tengo a los vídeos de gatos adorables, zumbados, estramboticos; los perros en parecidos niveles y no digamos a Anatoly y los cariacontecidos y musculados seguidores de la nueva religión del culto al cuerpo.
De todos ellos, algunos días, me veo enganchado, hasta tal punto que el algoritmo me tantea con la violencia.
Leer ayer, a Belen Gopegui, a través de una abridora de cielos interpuestos, fue un alivio y un si se puede.
Pero cuesta.
Descubrir otro lenguaje tan rico, tan sibilino, tan integrante por mucho que le dediques horas, no siempre buenas y productivas, cuestan. El musical más; sus apóstoles me dicen que años, que a mi edad, parecen siglos.
A cambios visitar el saxo de Candy, Charles, Dani son los abrazos que se necesitan para no desfallecer.
Con el inglés el lugar mágico fue Sweny Chemist y el PJ que abrió el lugar para ver algunas noches el Liffey como la noche brumosa del 16 de Junio. A Bloom tocará releerlo; las horas de lectura en aquella pharmacie, se clavaron en la memoria para dar paz y el calor de quienes te recibieron aún con un inglés que podría haber zaherido a Paul, John o al mismísimo William.
Con los graciosetes y dicharacheros pasa que te hacen caminar por el abismo, con la promesa cierta, que te niegas a tí mismo que te empujarán a la más absoluta irrelevancia.
En estos amaneceres en los que se abren puertas a cielos verdes, llegan entrevistas a argentinas. La primera, a la puerta de un autobús, una joven reniega de esa bestiacización en la que se hayan metidos los mismos que votaron a un desacomplejado que es lo que necesita ahora el capital.
Bufones que parezcan rompen el orden para que los dueños, impongan sus cetros.
El segundo es más triste
Un joven entregado a tener dos trabajos y si puede tres, y abandonado al más absoluto desamparo. El mamarracho de ahora lo trata de comparar con el anterior.
Vuelve al anterior, una y otra vez, para justificar este. Aquel Alberto Fernández, irrelevante que dejó pasar la oportunidad en un país de una enorme riqueza que se reparten los mismos. Los amos que pusieron el cascabel al bufón.
Al primero le ponen las amenazas, el sentido de una prudencia cuando antes, durante años han existido desmanes.
El saber que existen jueces, que juegan partidas con los Macri y que luego serán capaces de acusar, sin llegar ellos a perder sus puestos.
Y llegamos a España
Esos Max Pradera, esos Luis Arroyo que anuncian la llegada del Argamenón, el fin del mundo; y que esa llegada justifica todo sometimiento a un socialismo que repite las mismas carencias que en la Argentina de Alberto, que en el Chile de Gabriel Boric.
Quedarse respetando y salvaguardando parte de una estructura social que destruye todo lo que no puede dominar.
No le importan las vidas ni en Gaza, ni en Albania, ni en las calles llenas de cadáveres andantes por el fentanilo de Detroit, Washington. Quieren el poder, las personas, son intercambiables. Lo serían ellos también, pero tienen a los que disparan y a los que se hacen fantasmas para que no sean ellos los asesinados.
Ante ello, ante ese conformismo que alimenta a esos jóvenes nihilistas del que todos son iguales, se tiene que mostrar la valentía antes de
AMLO, ahora de Claudia Sheinbaum
Si ibamos a morir igual, tenemos que realizar acciones y si, muchos seguirán escuchando a los Vallés, Jiménez,
pero otros muchos, pretendemos que millones
Empezarán a oír que a la vivienda se le da solución, que a la sanida pública se le presta cuidado que las pensiones no son un pozo sin fondo, como si son los millones escondidos entre ganancias desmesurados y ingeniería financiera que siempre tienen los mismos bolsillos. Habría jueces que tendrían que dar cuenta de sus actos en desequilibradas balanzas.
Su impunidad tendría un límite, ante sus actos injustos.
Puede ser que aún así, sigan ensimismados en la búsqueda de sus límites físicos y sus cuerpos tallados para panteones efímeros; pero ya será cosa de muchas influencias.
Pero dejarlo todo, a como dice un Max, por muchas lecciones de música que necesitemos recibir, y Luis, aunque abra el Ateneo a un trompetista admirable, a un conformismo de dejar las cosas a medías, no dejará a todos un Argamenón gestionado por mediocres, desacomplejados con instintos asesinos, a veces, ya satisfechos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario