jueves, octubre 29, 2026

Tórtolas en el valle

  Si fuera sin "s" podríamos decir Tórtola y, quizás, pero no, ya te lo digo, podríamos encontrar a Aynara; ella tenía el gancho del que nunca entenderás porque no buscastes un poco más allá de aquella tarde compartida en Alcalá. 

   Era sólo verbalizar lo que ellas, siempre saben pero no van caer. si antes no existen esas palabras mágicas

   El no, siempre hubiera sido, bueno ya sabes que me encanta lo tuyo. 

   Aquella entrega se hizo en las carreras y en el kayak, esos miedos los superaste y te enfrentastes a ellos y si, hay están las cientos de horas que arropan recuerdos y sobre todo, cuando emprendes un camino, sabes que serán cientos de horas, pero irán saliendo sonidos en los que imaginar besos para otra Aynara o para aquellas compañeras que despejan los arbustos que tapan su enorme trabajo en la educación

  Hablamos de Tórtolas que no me las admiten cerca de galgos, que no, que no, que no, no son podencos. 

  Fíjate si en plena carrera rectilínea, potente y segura tienen que hacer una quiebro porque una bandada de tórtolas se ofrecen como apetitosas. 

   Ellas, con su timón tan dúctil van a girar a uno y otro lado, cosa que desde luego podría suponer una violencia extrema en el cuerpo y patas de si, los galgos.

   Le pasan lo mismo a las compañeras de enseñanza, son versátiles; se ofrecen a un lado y otro de los imprevisibles alumnos que voltean sus mundos hasta tener que poner unos límites  porque las mentes no dan para tanto y mira que alumnas envueltas en mil circunstancias exigen versatilidad a profes; son las guías y apoyo que ofrecen para sentir el calor y seguridad en medio de marejadas.

    Otra cosa es que las aten las alas, a las tórtolas. A los disfraces de estos días no, vuelan con las costumbres, aunque sean venidas de fuera en un viaje de ida y vuelta.

     A las compis de enseñanza, una de las formas de intentar atar sus luchas, es inflarlas a palos. Da miedo a quienes reciben.

    A quienes no dan palos es a quien tratan de sacar provecho de las desgracias comunes.

     Siempre, ¡qué leches, a veces! te preguntas los porqués de estas situaciones tan radicales: unos proyectan proteger los derechos de su alumnado. Los otros sólo odian a quien el opuesto a sus ideas; si les pones un micrófono puedes hasta perder las alas; te los imaginas con alguna razón y les han llenado la vida de medias verdades, que son mentiras, en su destino.

     John Coltrane ahí dispuesto a apaciguar los fuegos; una de las respuestas a lo anterior sería que aprendieron muy bien, cuando compañeros de los que pegan, por parar una agresión nada menos que a un ministro español, por muy "bocachancla populista" que fuera, tuvieron que declarar como imputados frente a los agresores.

       Existen lecciones sutiles, para nada ingrávidas y gentiles, como también la dada sobre Garzón, expulsado de la judicatura por investigar a abogados defensores de ladrones de políticos de la derecha, que quedan grabadas a fuego en el imaginario de los que soñarían guardar un orden real o impartir una justicia ciega, igual para todas


No hay comentarios:

Siameses y mercader

Siameses y mercader
Zaida, Fernando y