jueves, octubre 22, 2026

Pegaso de realidades

 Iba a volar. Convertirme en caballo, me llevó a sacar otras conclusiones.

   Antes había leído, ahora, nada, imposible. Pero de lo leído, lo de Pegaso, el caballo alado, se me había quedado grabado.

   Cuando aquella mañana, amanecí como un corcel, enseguida se me vino a la cabeza. poder llegar a aquel pico, al que ya, ni me acercaba. Era pura vaguería, sabía que el recorrido era duro, pero una sensación de bienestar me abrigaba tanta en la cima como en los tiempos venideros.

   Dulce que se había marchado con Benito a la selva amazónica, había sido mi compañera en tantas y variadas aproximaciones y llegadas.

   Cuando conoció a Benito, ella pasaba por un momento de crisis absoluta. Aunque hacía gala de tener idealistas anarquistas se había echado en brazos de la especulación más salvaje e inhumana. Había llegado a la conclusión que el sistema implosionaría si se ponía a invertir en bolsa, tanto en tecnológicas de guerra como en las grandes empresas de combustible. 

   Ella se haría rica y ahí, es donde su relato no conseguía tener un nudo para desarrollar. 

    Achacaba a los relatos de Rufi, su antigua compañera de pupitre de al lado, su esperanza en que ese mundo se mantendría y para nada debiera ser soliviantado porque quienes en esos instantes eran golpeados o arrojados a las más profundas de las cloacas.

    Había calculado que en diez años, sería rica y podría empezar su labor de romper el sistema. 

No se porque se me ocurrió preguntar que pasaba con quienes en eso momentos sufrían los embates de esas subidas descontroladas del precio de los carburantes,

     Bueno, mala suerte, ellos estaban en disposición de ganar por las fuentes solventes de información económica a las que podían llegar y por otro lado, argumentaban que, también, les afectaba la subida; reconocían que menos o nada por las ganancias que obtenían de aquel estado de cosas. 

     Repetía, para eso todo debía estar tranquilo y claro la anarquía la tomaban como una no existencia del estado para que no disminuyera las consecuencias de aquella especulación de la que ellos formaban parte, junto con grandes fortunas, a las cuales defendían.

      Un día llegó por allí Benito y la hizo ver que la promesa de bienestares futuros, había matado el presente de mucha gente. 

       Dulce se desperezó, agarró la mochila y tiró de Benito para el Amazonas, querían vivir cada instante; no dibujar sueños en el air.

      A mí, antes de volverme Pegaso, aquello me supuso un palo. Sin darme cuenta, estaba enamorado de Dulce, pero no había dado el paso, en todas aquellas subidas de expresarle mi amor. 

      Creía tener la tierra firme de compartir aquellos maravillosos instantes. De sus abrazos al coronar la cima, en la que su cabeza caía sobre mis hombros y besaba mi cuello que tiritaba. Quise ser prudente especulando con el valor de nuestros encuentros futuros y las acciones en las que nos mezclaríamos para ser uno.

  Cuando anunció su partida, caí en un océano de nadas, y la volatibilidad de los valores a futuro.

      Sólo, empezar a relinchar con mi saxofón, consiguió darme alas, para convertirme en el cuadrupedo que soy y ahora soñar con mis propios pasos.

       Dulce Carmen es un recuerdo y como tantos otros, nos habitan en nuestros descubrimientos.

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