No era la habitual; había elegido cabalgar en las aguas. Caminaba solitario, tal vez en apariencia entristecido, parecía que vencido. Era consciente que sus pasos flotaban sobre las huellas dejadas por las ironías de gente querida con la que había coincidido.
No podía dejar de sonreír cuando recordaba las brutalidades que le decían: "das pena, corres como si tuvieras 90 años", "no te da vergüenza ir tan despacio, no dejas pasar a la gente". Cuando en días como este, al lado del agua que tanto había significado en otra época de su vida, recordaba la melodía de sus asperezas, no podía dejar de sentir el abrazo de Raúl o Manolo.
Le habían dicho lo mismo el día anterior y no, que iba a ser lo mismo. Dos personajes, habían entrado con el juego de menosprecio.
Andaba embarcado en seguir otro curso del río con una luna llena de nuevos signos que convergerían como las estrellas en el cielo, en armonías. Esta cabalgada sobre nuevas aguas, ya llevaba una época larga dando a entender que no lo pondría fácil superar ese nuevo recorrido. Tenía los vericuetos y caídas del Cinqueta y el volumen de la Durance.
Le podían entrar dudas, si también volvía a ser tarde, como cuando había empezado a preparar carreras o estar con el kayak polo.
No pasaba nada, porque en aquellos tiempos, había agachado la cabeza; realizado un entrenamiento tras otro y llegar a sentir vértigos de lo trazado.
Ahora, en esto veía que era la especialidad era la más difícil de las escogidas.
Si, en las carreras, había valorado su capacidad de sacrificio, por encima de su habilidad con un balón y las primeras le habían hecho obtener marcas grabadas en su interior para decirse: "si se puede".
En la segunda, el kayak, fue arropado por compañeros para disfrutar de aguas caudalosas y paisajes únicos, dibujados por todas las corrientes pictóricas.
En su actual viaje con la luna, esta recogía notas, con sus intervalos, sus acordes, que daban armonías y todas encajadas en un saxofón del que tenía que obtener un sonido que no fuera ruido, de enfrentamiento con el instrumento; muchos días, nada fácil de sentir
El paso siguiente, angosto y con cascadas con bocas que te desgarran para encuentros, era respetar las más mínimas de las ritmos que contenía una canción.
Por supuesto, era por la pieza musical en sí, pero ese respeto, tenía una consecuencia aún más grande, universal, diría el poeta, le uniría con un combo, una banda o un homenaje a Patti Smith.
Reproducir música era bello, ser capaz de describir ese paso por el río Ourika, en Marruecos, no sólo el hecho físico, sino el miedo que puedes sentir ante una gruta gigante babeando espumarajos; sentirse en aquellos momentos y en esta aventura, dentro de comunidad en sintonía, podría ser único.
No sabía si estaba más o menos lejos de ese instante maravilloso; lo que sabía era que aquellos dos personajes que le habían tratado con desdén, carecían de nombre.
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