Conduciendo para la huerta del Rincón me salen conejos.
Se cruzan y, sólo, Delfín se queda a hablar conmigo.
La primera vez fue muy curioso, cuando me dijo su nombre, ¡¡Delfin!!, volví a repetir el nombre cuatro veces, sorprendido.
Él abrió los ojos y me reprochó por la sorpresa. ¿Cómo te llamas tú?
Al responderle, me dijo: tú tampoco llevas una pistola al parlamento y te llamas como él.
Pensé para mí, está fino el jodío; le conmine para que tome las palabras en otros foros.
Me miró, con pena; chicos no es nada fácil meter mi voz, ante que hayáis disparado.
Sé de alguno de los míos qué se os quedó mirando, pensando si prestaros atención o no, a los humanos; fue Pepe, de él aprendimos todos, al entrarle el disparo soltó un "me cagó en dios", que fue lo último que dijo al caer si, con mucha aparatosidad y una cierta dignidad
Luego están los conejos listos, dejan que los humanos digan las tonterías y ellos se salvan. Bueno, se salvaban.
Ahora existe tanto desequilibrio que unos setenta y siete millones de personas pueden celebrar que se haga vudú sobre el conejito por si les salva de su propia estupidez al darle la presidencia de un país, a un psicópata con envoltorio de vendedor desacomplejado
No te queda nada, pensé, cuando le vi al lado del susodicho, jodio conejito sin suerte.
El momento antes de ponerle al lado de la pareja Crimetdh, meditaba sobre la suerte de Pepe. El único consuelo al que podiamos agarrarnos era que la pareja cambiaba el tiro como el canuto de sitio
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